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Crece la contratación de seguros agrícolas ante márgenes ajustados y tormentas cada vez más frecuentes

El Ing. Agr. Mgter. Gabriel Nafissi, referente de Agricultores Federados Argentinos (AFA), analizó la evolución del uso de estos servicios en San Luis y advirtió que, en un escenario de alta variabilidad climática y costos crecientes, la cobertura contra granizo dejó de ser opcional para muchos productores

El uso de seguros agrícolas en la provincia de San Luis muestra una tendencia creciente en los últimos años, impulsada principalmente por el aumento del riesgo climático y la reducción de los márgenes productivos. Según explicó el ingeniero agrónomo y magíster Gabriel Nafissi, de Agricultores Federados Argentinos (AFA), los productores locales han comenzado a considerar el seguro como una herramienta indispensable para sostener la actividad agrícola.

“Hoy por hoy, el productor cada vez adquiere más seguros agrícolas a pesar de sus altos costos en la provincia, ya que el riesgo es muy alto y los márgenes brutos son cada vez más ajustados”, señaló el profesional. La recurrencia de tormentas con granizo representa el principal factor que explica el incremento en la contratación.


La experiencia a campo indica que prácticamente cada frente de tormenta deja algún daño en la región. “Con cada tormenta, en alguna zona siempre tenemos un evento de granizo. A veces es leve y otras veces más agresivo, pero el riesgo está presente en toda la campaña”, afirmó.

A pesar del aumento en la contratación, el nivel de adopción de seguros en San Luis continúa siendo menor que en otras provincias agrícolas del país. Este comportamiento responde, en gran medida, a la estructura productiva local.

Muchos establecimientos combinan agricultura y ganadería o desarrollan cultivos de doble propósito. En esos casos, algunos productores optan por asumir el riesgo agrícola, confiando en la rentabilidad ganadera como respaldo financiero frente a un eventual siniestro.

“Muchos productores que tienen actividad agrícola y ganadera consideran que, ante un daño, pueden cubrir los costos con parte de la ganancia ganadera, por eso en algunos casos deciden no asegurar”, explicó Nafissi.

El granizo continúa siendo el riesgo climático más relevante en la provincia y el principal motivo para contratar seguros. Las coberturas habituales incluyen granizo e incendios, mientras que otros riesgos como heladas, sequías o exceso hídrico son poco utilizados debido a sus elevados costos.

Entre los cultivos más afectados se destacan la soja y el girasol, que presentan alta vulnerabilidad frente a eventos de granizo, especialmente en etapas avanzadas de desarrollo.

“En soja y girasol, si el granizo ocurre en estados fenológicos avanzados, el daño muchas veces es irreversible”, indicó el especialista. En contraste, el maíz presenta una mayor capacidad de recuperación, lo que explica su menor nivel de aseguramiento relativo.

El ápice de crecimiento del maíz, ubicado en etapas tempranas por debajo del suelo, permite la regeneración del cultivo tras daños iniciales. Sin embargo, los riesgos se incrementan si el evento ocurre antes de la floración, cuando puede afectarse la formación de la espiga.

De acuerdo con Nafissi, asegurar un rendimiento equivalente a 2.000 kilos de soja implica un costo cercano al 10% del capital asegurado, es decir, unos 200 kilos adicionales en concepto de prima e impuestos. En comparación, en zonas de menor riesgo como el sur de Santa Fe, el costo puede ubicarse por debajo del 4%.

Además, las pólizas suelen incluir deducibles que oscilan entre el 15% y el 18% del capital asegurado, lo que implica que el productor absorbe una parte inicial del daño antes de que intervenga la cobertura.

El valor del seguro también varía según la ubicación geográfica dentro de la provincia. Departamentos con mayor incidencia histórica de granizo presentan primas más elevadas, reflejando el nivel de riesgo climático.

Modalidades de pago

Una característica distintiva del sistema de seguros agrícolas es la posibilidad de contratar y pagar las pólizas en kilos de producción. Bajo esta modalidad, el productor asegura un determinado rendimiento y el pago se realiza en la misma unidad productiva.

En caso de siniestro, el valor correspondiente a la póliza se descuenta del monto indemnizado, que posteriormente se liquida en pesos al valor actualizado del quintal.

El proceso de evaluación de daños se inicia con la denuncia del siniestro por parte del productor. Posteriormente, un perito, generalmente un ingeniero agrónomo, realiza inspecciones en distintos puntos georreferenciados del lote para determinar el nivel de daño.

Entre los parámetros evaluados se incluyen porcentaje de defoliación, daños en entrenudos, pérdida de estructuras reproductivas y estado fenológico del cultivo.

Los resultados se comparan con tablas técnicas preestablecidas por las aseguradoras, lo que permite calcular el porcentaje final de daño indemnizable.

Otro factor que impulsa la contratación de seguros es el nuevo contexto económico caracterizado por menor inflación relativa. Según Nafissi, en períodos inflacionarios, muchos costos se diluyen o se refinancian indirectamente, lo que reduce la percepción del riesgo.

Sin embargo, en escenarios de estabilidad económica, los costos reales quedan expuestos con mayor claridad.

“Hoy el productor ve los números reales. Cuando el margen no es muy grande, se hace necesario tomar cobertura, porque si hay un siniestro, se hace muy difícil volver a arrancar el año siguiente”, explicó.

El acceso a los seguros agrícolas no depende del tamaño del establecimiento ni del nivel tecnológico del productor. Tanto pequeños como medianos y grandes productores pueden contratar pólizas por superficies variables.

El proceso de contratación se ha simplificado mediante herramientas digitales que permiten georreferenciar lotes con precisión. Esta tecnología reduce errores y evita conflictos al momento de determinar las áreas afectadas.

Además, el uso de imágenes satelitales y sistemas digitales facilita tanto la contratación como la evaluación de daños, aumentando la transparencia del sistema.

Las cooperativas y organizaciones técnicas cumplen un rol fundamental en la difusión del uso de seguros agrícolas, especialmente entre productores con menor nivel de información sobre la herramienta.

Desde Agricultores Federados Argentinos, el asesoramiento técnico busca concientizar sobre la importancia de proteger la inversión productiva.

“El productor que se asegura no sale fundido después de un siniestro. Puede cosechar menos, pero tiene un ingreso que le permite cubrir sus compromisos y seguir produciendo”, destacó Nafissi.

Una de las recomendaciones más frecuentes es asegurar al menos el equivalente a los costos de producción, lo que permite reiniciar la campaña siguiente aun después de un evento climático severo.

En el caso de la soja, se sugiere asegurar alrededor de 2.000 kilos por hectárea. Si ocurre un siniestro total, el productor puede recuperar una parte significativa de su inversión y mantener la continuidad productiva.

“Si un productor no tiene espalda financiera, el seguro deja de ser opcional y pasa a ser obligatorio dentro del esquema productivo”, sostuvo el especialista.

Políticas públicas y subsidios

Aunque en algunas regiones del país existen esquemas de apoyo estatal para seguros agrícolas, Nafissi indicó que desconoce iniciativas similares aplicadas en San Luis.

Sin embargo, consideró que un eventual subsidio estatal a las primas podría incrementar notablemente la superficie asegurada.

“Si el Estado pudiera subsidiar parte de la tasa, aumentaría la cantidad de hectáreas aseguradas y el productor quedaría menos expuesto”, señaló.

Esta necesidad cobra mayor relevancia en un contexto de incremento de costos logísticos, especialmente por el aumento del precio de los combustibles, que impacta directamente en el costo de los fletes.

La tendencia hacia una mayor variabilidad climática anticipa un crecimiento sostenido en la adopción de seguros agrícolas en los próximos años.

Según Nafissi, los eventos extremos se han vuelto más frecuentes y abarcan superficies cada vez más extensas, generando pérdidas totales en numerosos casos.

Recordó, por ejemplo, un episodio reciente en la localidad de Liborio Luna, donde un productor perdió cerca de 700 hectáreas de soja a solo dos días de la cosecha debido a un evento severo de granizo.

“Hoy vemos tormentas que arrasan campos completos. Levantarse de un golpe así sin seguro es muy difícil”, advirtió.

El mensaje final para los productores es claro: el seguro agrícola debe ser considerado una inversión estratégica dentro del esquema productivo y no un gasto adicional.

“Es como tener un auto sin seguro. Mientras no pasa nada parece barato, pero cuando ocurre un siniestro, el costo es enorme”, graficó Nafissi.

Desde su perspectiva, la incorporación del seguro dentro del margen bruto debería convertirse en una práctica habitual, especialmente en regiones con alta incidencia de eventos climáticos severos.

“Dormir tranquilo durante el ciclo del cultivo también tiene valor. Y si ocurre un siniestro, el productor tiene la posibilidad de seguir adelante sin endeudarse”, concluyó.