Inicio Ganadería Entrar al negocio de la ganadería hoy: desafíos financieros y expectativas inmejorables

Entrar al negocio de la ganadería hoy: desafíos financieros y expectativas inmejorables

La ganadería en argentina está viviendo uno de los mejores momentos de las últimas décadas, provocadas por la sobredemanda internacional, la caída de stock de los principales países productores y en cuanto a Argentina, un gobierno que, en principio, está demostrando reglas de juego claras para la sustentabilidad y proyección a mediano plazo del negocio.

Esto genera que productores agrícolas que fueron -o no- ganaderos y outsiders se vean tentados a invertir hoy a un negocio que es y se proyecta prometedor.

La delgada línea entre limitaciones estructurales y oportunidades concretas
Para aquel productor ganadero que está consolidado en esta actividad hace años, y que sufrió los vaivenes de precios y restricciones que se vivieron en Argentina durante décadas, solo le queda disfrutar y aprovechar de este momento. Para los criadores, una forma para poder crecer es con una mayor retención de hembras, superior a la reposición, que permita crecer en cantidad. Para quien hace ciclo completo, aumentar la productividad de cada animal logrando mayores pesos de faena. Para los que no, existen algunos puntos a considerar a la hora de adentrarse a este negocio.


Independientemente del negocio ganadero donde se elija invertir, las principales dificultades para entrar en el negocio hoy son principalmente dos: falta de crédito para la compra de hacienda y falta de infraestructura o infraestructura pobre en los campos (manga, corrales, alambres, aguadas molinos, etc.) por inactividad, ya sea en campo propio o arrendado.

La restricción financiera al acceso a créditos es hoy uno de los principales obstáculos para entrar al negocio. Quien este acostumbrado a la financiación de insumos para la producción de cereales se va a encontrar con plazos mucho más acotados que implican un desembolso mayor y más corto, lo que provoca una limitante: aunque existen oferentes que otorguen más, hoy un plazo de pago habitual para la compra de vaca de cría es 30 y 60 días. De todas maneras, la tendencia se está revirtiendo y la estabilidad está generando mayor plazo para la venta y más y mejores créditos, sobre todo con bancos y tarjetas rurales.

 La cuanto a infraestructura implica una inversión importante, y dependiendo la superficie, puede ser condicionante para poder entrar al negocio o no, puesto que son necesarios y se necesita un mínimo de instalaciones independientemente de la cantidad; en un negocio de cría, 10 vacas o 100 vacas, en ambos casos se necesita un molino con aguadas, lo que genera que el costo de esas inversiones se diluya en cantidad y el retorno de la inversión es mayor cuando se aprovecha al 100% de capacidad.

A diferencia de los ciclos agrícolas, la ganadería tiene plazos productivos más largos: estamos hablando de 3 años desde que se logra preñar una vaca hasta se logra un novillo para faena. El inversionista tiene que tener en cuenta esto porque el retorno de la inversión es más lento y se debe tener la espalda financiera para bancar el descalce. Al tratarse de plazos productivos más largos, el retorno de la inversión también lo es. Por supuesto existen negocios más cortos, por ejemplo, la invernada de vacas de compra o negocios de recría sobre terneros de compra. Mi análisis hace referencia cualquier negocio posible, pero sobre una base de vientres propios

Otro punto muy importante a considerar para garantizar la rentabilidad, sobre todo para productores de cereal es el costo de oportunidad. Hoy con los costos de arrendamiento agrícola, darle lugar a la ganadería te obliga a ser extremadamente eficiente y producir más y de la mejor manera posible. No puede haber recursos ociosos y la carga y producción debe ser al 100% de la capacidad. En campo propio el razonamiento sigue la misma suerte, porque el dueño del campo que decide trabajarlo compite con el costo del arrendamiento que percibiría si lo alquilara.

Dicho esto, la oportunidad es firme y las tendencias de precios y sobre todo de la demanda parecen consolidadas lo que genera que este negocio, tan castigado por políticas y precios durante décadas, hoy sea promisorio.

Considero que la ganadería es una buena inversión como parte de una diversificación de riesgos en el agro, y sin dudas una reserva de valor. Además del beneficio económico y productivo que busca cada uno de los inversionistas que quieran apostar a la ganadería, siempre es virtuoso que aparezcan nuevos jugadores para impulsar la producción nacional y aumentar la competitividad, para ser un país que produzca más y mejor.

Por Alfonso Ferrari
Abogado, productor y miembro de la firma Consignataria Ferrari y Cía. SA.