Una investigación liderada por el INTA Concarán revela el valor del romero criollo por su rusticidad, alto rendimiento en aceites esenciales y capacidad bioprotectora. Con ensayos regionales y articulación con universidades, el cultivo se perfila como una opción sustentable para diversificar la producción agrícola en San Luis y otras provincias.
La falta de información sobre el cultivo de romero en Argentina fue el punto de partida para una investigación pionera liderada por la ingeniera agrónoma Carolina Galli, especialista del INTA Concarán, San Luis. Galli explicó que, a partir de la creación de una cartera programática de aromáticas, surgió la necesidad de conocer en profundidad las variedades, clones y comportamientos del romero en distintas regiones del país. “Había muy poca información sobre cómo se cultivaba el romero, qué variedades había o qué clones existían en Argentina, y cuál se prestaba mejor para cada sitio”, señaló la investigadora.
Frente a este vacío de conocimiento, el INTA impulsó un ensayo en red junto a equipos de Río Negro, Mendoza, Córdoba, San Luis y Salta. El objetivo: evaluar y comparar clones de romero de tipo francés, criollo y rastrero, para identificar cuáles se adaptan mejor a cada región y uso productivo.
Según Galli, los clones criollos demostraron ser mucho más rústicos y productivos en aceites esenciales. “Tienen entrenudos más largos, hojas más pequeñas y de color verde oscuro. Son plantas que se adaptan bien a suelos pobres y condiciones de riego limitadas”, explicó. Por el contrario, los clones franceses se muestran más compactos, con hojas grandes, brillantes y carnosas, y aunque producen más materia seca, su rendimiento en aceites esenciales es menor. Estos últimos, junto al clon rastrero, son valorados principalmente por su uso ornamental.
En el ensayo realizado en San Luis se evaluaron dos materiales criollos (uno de Mendoza, ya inscripto en el INASE, y otro de Salta), tres franceses (dos de Córdoba y uno de Río Negro) y un clon rastrero. El diseño experimental fue aleatorio, con tres repeticiones, y se midieron tanto el rendimiento en materia seca como en aceites esenciales.

Resultados productivos y adaptación local
El romero es un cultivo longevo, con plantas que pueden superar los 10 años de vida. Sin embargo, los rendimientos se estabilizan recién a partir del segundo o tercer año. En el primer año de ensayo en Concarán, el clon criollo de Salta se destacó por duplicar la productividad respecto a otros materiales, alcanzando aproximadamente 2.000 kilos de materia seca por hectárea, frente a los 1.100 kilos promedio. “El criollo de Salta es el que más nos gusta por su rusticidad y rendimiento, especialmente en suelos pobres y con dificultades de riego”, subrayó Galli.
En contraste, los clones franceses mostraron una productividad mucho menor, con rendimientos inferiores a la mitad de los criollos y mayor susceptibilidad a enfermedades, como la presencia de hongos. “Son plantas que requieren mayor fertilidad y cuidados, y aunque pueden tener interés en gastronomía por su suavidad, no se adaptan tan bien a las condiciones locales”, explicó la especialista.
Galli estimó que, bajo condiciones óptimas y con el cultivo estabilizado, los rendimientos de romero en San Luis podrían oscilar entre 4.500 y 6.000 kilos de materia seca por hectárea al año.
Potencial bioprotector y aplicaciones industriales
Uno de los aspectos más innovadores del trabajo es la articulación con la Universidad Nacional de Rosario para el estudio de los compuestos no volátiles del romero. Todo el material recolectado en San Luis fue enviado a Rosario, donde se analizaron los metabolitos secundarios responsables de la actividad biológica de la planta. “La Universidad de Rosario constató una alta intensidad de actividad biológica en el romero cultivado en Concarán, con capacidad para controlar virus, bacterias y hongos”, destacó Galli.
Este hallazgo abre la puerta a la utilización del romero como bioprotector en cultivos extensivos, sustituyendo agroquímicos sintéticos y conservantes en la industria alimentaria. Los terpenos alfa-pineno y eucaliptón, presentes en el aceite esencial, aportan propiedades antioxidantes y biocidas, de gran interés para el desarrollo de industrias más amigables con el ambiente.
La investigadora remarcó que la actividad biológica del romero depende también de las condiciones climáticas y edáficas del sitio de cultivo, por lo que se prevé continuar los estudios en otras regiones y avanzar hacia pruebas piloto en sistemas productivos reales, como la soja.

Diversificación productiva y oportunidades para San Luis
El romero aún tiene un consumo bajo como especia en la región, especialmente si se lo compara con el orégano. Sin embargo, la posibilidad de utilizarlo como bioprotector amplía su espectro de uso y lo posiciona como una alternativa productiva de alto potencial para San Luis y Córdoba, donde actualmente existen alrededor de 50 hectáreas cultivadas.
“En San Luis tenemos zonas muy bondadosas para el cultivo de aromáticas. El romero es un cultivo muy noble, rústico, que no requiere altos niveles de fertilidad ni de riego, y puede diversificar la matriz productiva provincial”, alentó Galli. Invitó a los productores a acercarse a los ensayos, visitar la Facultad de Turismo y Urbanismo, y conectarse con otras experiencias en Mendoza, Río Negro, Salta y Córdoba, donde también se evalúan clones con características interesantes, especialmente en cuanto a su contenido de ácido rosmarínico.
El trabajo del INTA Concarán y la articulación con universidades y otras provincias sienta las bases para el desarrollo de una cadena de valor del romero en la región, con impacto en la diversificación productiva, la sustentabilidad y la generación de alternativas a los insumos sintéticos en la agricultura y la industria alimentaria. “El desafío es seguir investigando cómo las condiciones locales afectan la bioactividad del romero y avanzar en la validación de su uso como bioprotector en escala real”, concluyó Galli.
La apuesta por el romero criollo, con su rusticidad, rendimiento y potencial biológico, se perfila como una oportunidad concreta para los productores de San Luis y la región, en un contexto de búsqueda de alternativas productivas y mayor sustentabilidad.











