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El desafío de producir más kilos de carne y hacer rentable cada decisión

El médico veterinario Horacio De La Mota encabezó una jornada técnica para productores y profesionales, donde planteó una mirada sobre los cambios que atraviesa la ganadería, el nuevo escenario de precios, el impacto del costo financiero y la necesidad de revisar los modelos de cría, recría y feedlot.

La ganadería atraviesa un escenario en el que producir más ya no alcanza, porque también es necesario saber cuánto cuesta cada kilo, cuánto capital se inmoviliza y qué resultado deja cada operación. Ese fue uno de los ejes de la jornada técnica encabezada por el médico veterinario Horacio De La Mota, titular de Cuatro Hermanos Agronegocios, ante productores y profesionales en Lembo Maquinarias, en una actividad impulsada por Marcelo Lembo bajo el lema “Conocimiento que transforma resultados”.

“Hoy la ganadería tiene más preguntas que respuestas”, planteó De La Mota, especialista en nutrición bovina, al analizar los cambios que atraviesa la actividad. Su exposición apuntó a revisar los modelos de cría, recría y feedlot a partir de una nueva realidad de precios, costos financieros, logística y demanda internacional.


Antes de abordar los números de cada sistema, De La Mota puso el foco en el contexto mundial. Según los datos presentados, el consumo global de carne bovina creció 6,7% en los últimos diez años, aunque en el período más reciente la expansión se desaceleró a alrededor del 2,3%.

Al mismo tiempo, la evolución del stock de vientres muestra comportamientos diferentes entre los principales productores. En los últimos 25 años, Brasil incrementó 5,2% su stock de madres, mientras que Estados Unidos lo redujo 7,9%. Argentina también registró una caída, mientras Australia mostró un crecimiento. En el período más reciente analizado, el aumento global de las existencias de madres fue prácticamente nulo, de apenas 0,2%.

Para el especialista, esa combinación de demanda creciente y escasa expansión del rodeo otorga un valor estratégico a la vaca. “Para mí, el que tiene la vaca por ahora va a ser el jefe”, sostuvo.

El desafío de San Luis

La realidad provincial también ocupó un lugar central. De La Mota señaló que mientras el porcentaje de destete argentino ronda el 62%, en el oeste de San Luis se ubica cerca del 46%.

El dato representa uno de los principales desafíos productivos para la provincia, ya que no se trata solamente de incrementar la cantidad de animales, sino de obtener más kilos por hectárea, por vientre y por animal.

A esto se suma una desventaja logística. En los sistemas analizados, el maíz tiene una participación importante en la alimentación y San Luis se encuentra aproximadamente a 600 kilómetros del puerto. El flete termina incorporándose directamente al costo de producción.

La evolución de los precios del maíz, la soja, el ternero y el novillo exportación, analizada desde 2000 hasta mediados de 2026, muestra un cambio en las relaciones económicas que históricamente guiaron las decisiones ganaderas.

Con una carne que comenzó a ganar valor y mejores expectativas para la exportación, los precios de la hacienda reaccionaron con mayor intensidad desde 2024 y volvieron a modificar referencias luego de las elecciones legislativas de 2025.

La consecuencia, según De La Mota, es concreta, hay que volver a hacer los números.

El resultado de un feedlot no depende únicamente de la ganancia diaria de peso. También intervienen el precio de compra, el valor de venta, los días de permanencia, la alimentación, el financiamiento, el desbaste (pérdida de peso que sufre un animal por la falta de agua y alimento, o por la evacuación del contenido intestinal y orina durante el encierro y el transporte) y la velocidad de rotación del capital.

Un margen bruto positivo puede desaparecer cuando se incorpora el costo financiero. Por eso, una operación que parece atractiva por cabeza no necesariamente es rentable.

Pensar en animales más pesados

Uno de los planteos centrales fue la necesidad de analizar sistemas capaces de producir animales más pesados.

La propuesta supone revisar modelos basados en terminaciones de 320, 330 o 340 kilos y evaluar alternativas para llegar a pesos superiores, siempre en función de los costos y del mercado.

En uno de los ejercicios presentados, el objetivo era ingresar con un ternero de unos 190 kilos y llevarlo hasta aproximadamente 518 kilos. Sin embargo, el negocio podía comenzar con un quebranto en la compra, que debía ser compensado durante el proceso de recría y engorde.

La conclusión fue que no existe una fórmula universal. La conveniencia de comprar liviano, recriado o pesado depende del precio de entrada y de la estructura de cada establecimiento.

El costo financiero adquiere mayor relevancia en un contexto de menor inflación. Ya no existe la misma posibilidad de licuar costos y deudas que en períodos anteriores.

En uno de los ejemplos, con un dólar de referencia de $1.510, se incorporó el costo financiero al análisis de un ciclo de engorde. El resultado operativo podía ser positivo, pero el margen se reducía de manera considerable al computar todos los costos.

El desbaste también pasó a ocupar un lugar central. De La Mota utilizó como referencia una pérdida del 5% y explicó que su impacto es mayor cuando se trabaja con animales pesados. Los kilos descontados pueden representar una proporción importante de los kilos agregados durante el ciclo y modificar sustancialmente el resultado.

“Hoy el financiero no te va a ayudar”, advirtió, en referencia a un escenario en el que cada variable debe ser analizada con precisión.

La recría a campo

Entre las herramientas con mayor potencial apareció la recría a campo. La posibilidad de desarrollar parte del crecimiento del animal con recursos forrajeros de menor costo permite reducir los días de encierre y mejorar el uso del capital.

El planteo consiste en no concentrar necesariamente todas las etapas, cría, recría y terminación, en un mismo establecimiento. La especialización de cada eslabón puede generar una utilización más eficiente de los recursos.

De La Mota sostuvo que las principales cadenas exportadoras avanzan en esa dirección y que la recría a campo puede modificar sustancialmente la ecuación económica de los feedlots.

En los ejemplos presentados, la diferencia entre adquirir un animal recriado a menor valor o comprar una hacienda más pesada podía modificar fuertemente el margen. La clave, remarcó, no está simplemente en pagar menos por kilo, sino en comprar el kilo correcto, en el momento correcto, y transformarlo en un producto de mayor valor al menor costo posible.

Otro concepto destacado fue la necesidad de medir la rentabilidad anualizada y no solamente el resultado por animal.

Dos sistemas pueden ofrecer márgenes diferentes por cabeza, pero el que permite realizar más ciclos durante el año puede terminar siendo más rentable.

Así, un resultado de unos $172.000 por animal podía quedar por debajo de otro de $204.000 cuando se consideraba la cantidad de veces que el capital podía volver a utilizarse durante el año.

En el feedlot, donde gran parte de la inversión está concentrada en hacienda y alimentación, la velocidad de rotación es una variable decisiva.

La jornada dejó como conclusión que el nuevo escenario obliga a profesionalizar aún más la toma de decisiones. El productor necesita conocer cuánto paga por cada kilo comprado, cuánto cuesta producir el kilo adicional, cuánto tiempo permanece el animal, qué incidencia tiene la alimentación, cuánto representa el financiamiento, cuánto se pierde por desbaste y qué precio puede obtener por el producto terminado.

También debe evaluar cuántas veces puede rotar el capital y si la recría puede realizarse de manera más eficiente fuera del corral.

La oportunidad exportadora abre un escenario favorable, aunque también plantea exigencias. China continúa siendo un destino central para la carne argentina, pero se trata de uno de los mercados que menor precio paga. Por eso, el desafío no pasa solamente por exportar más volumen, sino por capturar mayor valor y sostener la rentabilidad de toda la cadena.

En ese contexto, la recría puede consolidarse como un negocio específico y atractivo, permitiendo una mayor especialización entre productores de cría, recriadores y establecimientos de terminación.

La genética, la nutrición, la sanidad y el manejo continúan siendo fundamentales, pero deben integrarse con una mirada económica.