Inicio Agricultura El agro vuelve a mirar la biodiversidad: Bordes vivos, campos más fuertes

El agro vuelve a mirar la biodiversidad: Bordes vivos, campos más fuertes

Un estudio de la FAUBA en la Región Pampeana aumentó la diversidad floral en bordes de cultivo y logró triplicar las especies de polinizadores y quintuplicar la cantidad total de estos insectos. Además, encontró otros beneficios como menos malezas y más controladores de plagas. Buscan mejorar la sustentabilidad y la resiliencia de los sistemas agrícolas.
Por: Sebastián M. Tamashiro

(SLT-FAUBA) La biodiversidad funciona como motor invisible del agro a través de los servicios ecosistémicos que brinda. Sin embargo, en las últimas décadas se redujo ante el avance de los monocultivos. Frente a este panorama, productores, universidades y más instituciones buscan recuperar y potenciar la biodiversidad. Un estudio de la FAUBA mejoró la diversidad floral en bordes de cultivo de la Región Pampeana y halló aumentos en la cantidad y la variedad de insectos polinizadores, claves para el rinde y la calidad de muchos cultivos. Además, registraron más especies vegetales y controladores de plagas, y menos malezas. Proponen soluciones basadas en la diversidad biológica para una agricultura más sustentable y resiliente.

La biodiversidad agrícola incluye a todas las formas de vida que habitan en los sistemas productivos. Sostiene la producción por medio de múltiples funciones ecológicas y servicios ecosistémicos. Sin embargo, en todo el mundo, la agricultura se expandió en forma de monocultivo y se le dio la espalda a la biodiversidad. Por eso, hay cada vez más investigaciones que buscan devolverle el protagonismo que se merece.


Analí Bustos, integrante del Grupo de Investigación en Interacciones Ecológicas en Agroecosistemas de la FAUBA, aborda la importancia de la biodiversidad en la producción de la Región Pampeana y, en particular, estudia uno de sus servicios fundamentales: la polinización. “Es un proceso clave para la reproducción de muchas plantas. En este sistema, la llevan adelante insectos polinizadores que pueden determinar gran parte del rendimiento y la calidad de cultivos como soja, girasol y frutales”.

Bustos evalúa estrategias de manejo que promuevan la diversidad y la abundancia de polinizadores. “En mi doctorado analizo la mejora de bordes de cultivo. Para eso, en un borde sembré una mezcla de especies de plantas con flores que atraen insectos. Usé trébol blanco, rojo y lotus, entre otras. Después, comparé contra otro borde sin sembrar, la diversidad de polinizadores y de plantas, y la interacción entre insectos y flores”.

“En el borde mejorado encontré tres veces más especies de polinizadores y cinco veces más cantidad de estos insectos. Que ambos indicadores aumenten al mismo tiempo es muy importante. Sugiere que el nuevo hábitat puede sostener mayor diversidad e intensidad de uso. También registramos más riqueza vegetal. La mezcla que agregamos facilitó que se desarrollen muchas más especies; sobre todo, de plantas con flores”.

Bustos resaltó que recuperar y manejar los bordes de cultivo es una inversión directa en la salud del agroecosistema en su conjunto. “Cuando aumenta la diversidad de polinizadores, mejora la polinización de los cultivos a través de un efecto llamado spillover o efecto derrame. Esto significa que los insectos que habitan los bordes se meten en los cultivos y polinizan sus flores”.

Analí agregó que este manejo también disminuye el impacto de las malezas. “Analicé el banco de semillas en los bordes y encontré que una comunidad más compleja de plantas reduce la emergencia de malezas”. El trabajo se enmarca dentro del proyecto LivingGro que mide la salud de los sistemas productivos en distintas partes del mundo.

Dentro del grupo de investigación analizaron otros efectos positivos indirectos, como el control biológico de plagas. “Algunos colegas encontraron avispas que reducen las poblaciones de insectos plaga”.

Más verde, más rindes

Bustos remarcó que investigar los bordes de cultivo forma parte de un cambio de mirada: la intensificación ecológica. “Implica considerar que la biodiversidad y la infraestructura natural de los campos agrícolas son aliadas de la producción. Por ejemplo, algunos estudios muestran que los polinizadores pueden aumentar los rendimientos de distintos cultivos en hasta un 40%, tanto en campos pequeños como en grandes”.

Además, aseguró que se fomentan sistemas más heterogéneos y, por lo tanto, más resilientes, un aspecto clave para el actual contexto de cambio climático. “En la intensificación ecológica no existe una receta. Hay que observar el campo y conocer el paisaje. Requiere paciencia y conocimientos ecológicos”, aclaró la investigadora.

Dificultades para la transición

La intensificación ecológica parece ideal para los productores y el ambiente. Entonces, ¿por qué no se multiplica en todos los campos? Analí Bustos respondió que “aunque cada vez hay más evidencia científica sobre sus beneficios, todavía hay muchos frenos para su adopción. Faltan curriculas universitarias asociadas a este tema y técnicos capacitados para acompañar la transición. Además, hay barreras culturales y generacionales. La producción convencional está muy arraigada y muchos productores no quieren implementar prácticas nuevas”.

Por otro lado, añadió que faltan incentivos. “En otras partes del mundo, los estudios sobre el manejo de polinizadores en áreas agrícolas ya se transformaron en políticas públicas. Reglamentaron manejos y brindaron beneficios económicos a quienes los implementan, como un sistema de pago por servicios ambientales”.

Para finalizar, reflexionó: “Ya se mostró que la intensificación ecológica es viable en términos ecológicos, sociales y económicos. Beneficia a toda la cadena productiva y al ambiente. Si bien en la Argentina todavía falta para que se adopte de forma masiva, ya hay startups que trabajan con polinizadores y sus beneficios en la producción agropecuaria. Por eso es clave seguir generando información y alternativas de manejo”.