Durante la jornada “Bioinsumos para la producción agropecuaria”, realizada en Villa Mercedes, Jorge Bevilacqua compartió su experiencia en el desarrollo de productos biológicos para el agro. Destacó los beneficios de los bioinsumos en la recuperación de los suelos, la reducción del uso de fertilizantes químicos y el creciente interés de las nuevas generaciones de productores por sistemas más sustentables.
En el marco de la jornada “Bioinsumos para la producción agropecuaria”, desarrollada en la Agencia de Extensión Rural (AER) Villa Mercedes del INTA, uno de los testimonios que captó la atención de productores, técnicos e investigadores fue el de Jorge Bevilacqua, empresario con una extensa trayectoria en el sector de insumos agrícolas y promotor de tecnologías biológicas aplicadas a la producción.
El encuentro reunió a especialistas de distintos puntos del país que coincidieron en destacar que los bioinsumos han dejado de ser una alternativa complementaria para convertirse en una herramienta estratégica dentro de los sistemas productivos modernos. En ese contexto, Bevilacqua relató para El Semiárido el proceso de transformación que atravesó su empresa durante las últimas décadas.
“Somos una empresa que tiene 25 años de trayectoria. Comenzamos trabajando con productos tradicionales, fertilizantes NPK, sulfato de amonio, correctores de pH y coadyuvantes, actividades que seguimos desarrollando actualmente. Pero hace aproximadamente 15 años incorporamos una línea de productos orgánicos basados en humus de lombriz”, explicó.
Entre las soluciones desarrolladas por la firma mencionó productos elaborados íntegramente a partir de humus de lombriz y otros formulados en combinación con leonardita, destinados principalmente a estimular el desarrollo radicular y mejorar la salud del suelo.
Según detalló, los resultados obtenidos en diferentes ensayos y experiencias productivas han sido altamente satisfactorios. “Estamos trabajando especialmente en la recuperación de suelos que vienen de muchos años de agricultura intensiva. En regiones como Santa Fe, donde predominan las rotaciones de soja, trigo y maíz, observamos un importante deterioro de los perfiles productivos. Con estos productos estamos logrando una recuperación significativa”, sostuvo.
Uno de los aspectos más destacados por el empresario es la posibilidad de reducir considerablemente la utilización de fertilizantes nitrogenados sin afectar los rendimientos. “No se trata de eliminar completamente la urea, sino de utilizarla de manera más eficiente. En algunos casos, aplicaciones que antes demandaban entre 150 y 200 kilos por hectárea se han reducido prácticamente a la mitad, manteniendo niveles de producción similares. Eso se traduce directamente en una mayor rentabilidad para el productor”, afirmó.
Bevilacqua también señaló que las evaluaciones realizadas en establecimientos agrícolas y molinos de la región mostraron mejoras en parámetros de calidad de los cultivos. En el caso del trigo, por ejemplo, destacó resultados positivos en los niveles de gluten obtenidos en lotes donde se aplicaron estas tecnologías biológicas.
Sin embargo, reconoció que la adopción de los bioinsumos aún enfrenta ciertos desafíos. El principal, según explicó, es la desconfianza que existe entre algunos productores debido a experiencias negativas generadas por productos de baja calidad que llegaron al mercado en los últimos años.
“Entiendo perfectamente la cautela del productor. Han aparecido muchas propuestas que no cumplieron lo que prometían y eso genera dudas. Pero cuando los productos están bien desarrollados y cuentan con respaldo técnico, los resultados son realmente muy buenos”, remarcó.
Como ejemplo concreto mencionó el caso de un productor de la zona de Rosario que lleva varios años utilizando estos insumos. “Lo más interesante es que comenzó a observar nuevamente la presencia de lombrices en el suelo. Eso indica que está recuperando materia orgánica y actividad biológica, algo fundamental para la sustentabilidad del sistema”, explicó.
Lejos de plantear una sustitución absoluta de los productos químicos, Bevilacqua defendió un enfoque de integración tecnológica. Consideró que la agricultura moderna debe combinar herramientas biológicas y químicas de manera racional para lograr sistemas más eficientes y sostenibles.
“No son tecnologías incompatibles. En muchas situaciones pueden trabajar perfectamente juntas. Lo importante es reducir excesos y buscar un equilibrio que permita producir cuidando el recurso suelo”, indicó.
En relación con el marco normativo, consideró que aún existen oportunidades para impulsar una mayor difusión y validación de estas tecnologías. También remarcó la importancia de generar espacios de trabajo conjunto entre empresas, organismos técnicos y productores para acelerar la adopción de prácticas sustentables.
Finalmente, destacó un cambio generacional que comienza a evidenciarse en muchas explotaciones agropecuarias. “Los hijos de los productores son quienes más interés muestran por este tipo de tecnologías. En muchos casos ya están tomando decisiones y buscan alternativas más amigables con el ambiente. Creo que el crecimiento de los bioinsumos será cada vez más rápido porque hay una nueva generación que entiende la importancia de producir conservando los recursos”, concluyó. La experiencia compartida por Bevilacqua reforzó uno de los principales mensajes surgidos durante la jornada del INTA: la agricultura del futuro demandará sistemas productivos cada vez más eficientes, rentables y sustentables, donde los bioinsumos ocuparán un papel central en la recuperación de los suelos y en la construcción de una producción agropecuaria más equilibrada.











