Nos pasan las facturas de los gastos de la fiesta y nosotros ponemos (o te la sacan). La oligarquía política ha destruido el país económicamente, productivamente, socialmente y por sobre todo le ha quitado a la gente la voluntad de progreso, la búsqueda del trabajo y de la superación.
No hay premios ni castigos. Solo populismo devastador y dañino que le quema la cabeza a la gente, producto de la inoperancia, la voracidad desmedida de enriquecerse a cualquier costo y por sobre todo la falta de patriotismo de la dirigencia política (de todos los colores).
Desde lo gremial, solo rescato una gran patriada que fue la 125 y su entorno nacional. Los agrolegisladores acomodaron el apero para su lado y se diluyeron.
El individualismo y las medidas erróneas archi probadas llevaron a que se perdieran más de 100.000 productores pequeños y medianos, concentrándose cada vez más la producción.
Ni hablar de las retenciones ya institucionalizadas, tan perjudiciales y detractarias. Intervienen los mercados granarios y no pasa nada. Suspenden las exportaciones de carne y no pasa nada. Transan con la industria quedándonos al medio y no pasa nada.
Nos pisan la cabeza con cientos de impuestos y trabas, nos mienten en la cara con amagues ingenuos, nos comemos la curva y no pasa nada.
Me pregunto qué más debe pasar para que pase algo en serio. Estamos dilapidando la producción de las generaciones venideras.
Aportamos miles de millones de verdes al país, seguimos siendo empobrecidos y cada vez más ignorantes para que seamos más fáciles de arriar.
No sé si a mis pares y sobre todo a mis dirigentes nacionales les pasa lo mismo. Siento un hartazgo que coarta la voluntad de trabajar, un hartazgo que desilusiona a los jóvenes y no quieren saber nada con producir en un país con un potencial tremendo, pero con gobernantes ineptos corruptos y desesperados por meternos la mano al bolsillo para que ellos sigan despilfarrando los recursos y creando más pobreza, clientelismo y pueblos sometidos.
Un hartazgo que preocupa porque no hay resultados positivos a la hora de decir ¡¡¡basta!!!! a la expropiación de nuestros esfuerzos.
Nos cambian las reglas de juego en el medio del partido y nada.
El que puede y se anima se raja de este amado país a producir en países vecinos con reglas claras y posibilidades de proyectar, planificar y recibir un trato normal como a cualquier ciudadano que hace su trabajo.
Estoy indignado porque lo que hacemos es producir alimentos, nada más noble, digno y gratificante en un momento que el mundo entero los reclama.
Pero recibimos un trato como si fuésemos narcos o demonios y acá los únicos vende patrias y que atentan contra la soberanía nacional son los políticos; no todos, es cierto, pero la gran mayoría.
Del hartazgo, la indignación y el desánimo producido por todo lo expuesto (y muchas cosas más) no puede salir nada bueno.
Por favor, todos juntos digamos basta, pero en serio y con los pantalones largos.
Esto es parte del sentimiento de un productor genuino y que quiere seguir siéndolo. Pero con las condiciones de trabajo y vida igualada a las de cualquier otra persona.
No quiero ser más el que paga las boletas de las lujurias y despilfarros de los gobernantes. !!!!!Basta!!!!!
Justo Estanislao Campero, Vila Mercedes, San Luis.











