Inicio Agricultura Capacitación en Villa Mercedes: nuevas estrategias sanitarias para potenciar maíz y soja...

Capacitación en Villa Mercedes: nuevas estrategias sanitarias para potenciar maíz y soja en San Luis

Con fuerte participación de productores y asesores, una jornada técnica organizada por el Grupo Depetris y auspiciada por Syngenta puso el foco en los desafíos sanitarios actuales de los cultivos extensivos, la adopción tecnológica y el impacto del estrés abiótico en los rendimientos.

Villa Mercedes fue escenario de una jornada técnica que reunió a productores, asesores y profesionales del sector agropecuario con un objetivo central, actualizar conocimientos y acercar herramientas concretas para el manejo sanitario de maíz y soja, dos cultivos estratégicos para el entramado productivo de San Luis. La capacitación fue organizada por el Grupo Depetris y contó con el auspicio de Syngenta, consolidándose como un espacio de transferencia tecnológica orientado a reducir la brecha productiva y anticipar los desafíos que plantea la agricultura moderna.

El encuentro dejó un mensaje claro. El escenario sanitario de los cultivos extensivos está cambiando, y el desafío ya no pasa por conocer un listado amplio de enfermedades, sino por identificar cuáles son las que realmente generan pérdidas de rendimiento y tomar decisiones de manejo oportunas y eficientes.


Durante la apertura, Adrián Piramonti, integrante del Grupo Depetris y coordinador de la zona de desarrollo, destacó el posicionamiento de la empresa dentro del sistema productivo provincial y su compromiso con la innovación tecnológica aplicada al agro.

“Grupo Depetris es una empresa con múltiples áreas de acción, mayormente vinculadas a los servicios agropecuarios, como siembras propias, transporte de granos, acopio y comercialización de insumos. En ese marco, somos los únicos representantes de Syngenta Crops en San Luis, lo que implica un desafío importante y una gran responsabilidad”, señaló.

Piramonti remarcó que el potencial productivo de la provincia exige acompañar el crecimiento del sector con herramientas técnicas que permitan mejorar la eficiencia. En ese sentido, resaltó la fuerte interrelación entre la producción agrícola y la ganadería, un rasgo distintivo del sistema productivo puntano.

“En esta región existe una ecuación clave entre maíz y ganadería. Necesitamos producir más maíz por hectárea y de mejor calidad para sostener sistemas ganaderos cada vez más eficientes. El desafío es brindar herramientas nuevas, no repetir recetas, y anticiparnos a los cambios que ya están ocurriendo en otras regiones productivas”, afirmó.

El referente subrayó además que la mejora en los precios ganaderos abre una ventana de oportunidades para fortalecer la producción primaria y avanzar hacia sistemas más intensivos y sustentables. En ese marco, destacó que la adopción de prácticas sanitarias modernas, como el uso estratégico de fungicidas en maíz, aún presenta un importante margen de crecimiento en San Luis.

“Hay una brecha tecnológica significativa. Por eso decidimos traer temáticas que ya están consolidadas en la zona núcleo o en Río Cuarto, convencidos de que en San Luis también existe un enorme potencial para mejorar los rendimientos”, agregó.

Uno de los bloques de la jornada estuvo a cargo de Santiago Talano, integrante del equipo de Servicio Técnico de Syngenta para el oeste de Córdoba y San Luis, quien presentó recomendaciones específicas para el control sanitario en ambos cultivos.

Para maíz, Talano recomendó el uso del fungicida Amistar Xtra a una dosis de 0,5 litros por hectárea, destacando la importancia de posicionar correctamente la aplicación en función del estado fenológico del cultivo y la presión de enfermedades.

En soja, el especialista sugirió el empleo del fungicida Miravis Duo en combinación con el insecticida Virantra para el control del complejo de plagas que afecta al cultivo. Según explicó, la dosis recomendada es de 0,5 litros por hectárea para Miravis Duo y 100 centímetros cúbicos por hectárea para Virantra, siendo el estadio R1 el momento óptimo para realizar la aplicación conjunta.

Talano enfatizó que la eficacia de cualquier estrategia sanitaria depende no solo del producto utilizado, sino también del diagnóstico correcto, el monitoreo permanente y la aplicación en el momento oportuno.

Enfermedades clave

Uno de los momentos más relevantes de la jornada estuvo a cargo del ingeniero agrónomo Claudio Oddino, quien brindó una exposición orientada a simplificar la toma de decisiones sanitarias a partir de un enfoque práctico basado en la realidad productiva actual.

Oddino explicó que el principal error en el manejo sanitario es intentar controlar todas las enfermedades potenciales, cuando en realidad solo unas pocas generan pérdidas económicas significativas.

En el caso del maíz, el especialista identificó tres patologías centrales: roya, tizón y podredumbre de tallo causada por Fusarium. Según explicó, estas enfermedades concentran hoy el mayor impacto productivo y deben ser el foco del monitoreo y las decisiones de manejo.

Durante su exposición, Oddino profundizó en la biología de la roya y el tizón, destacando que cada una presenta comportamientos diferentes frente al momento de aplicación de fungicidas. Mientras que la roya suele disminuir su actividad después del estadio R1, el tizón puede continuar avanzando y justificar aplicaciones más tardías.

Sin embargo, el profesional advirtió que la enfermedad que genera mayor preocupación a futuro es la podredumbre de tallo por Fusarium. Se trata de un problema generalizado, difícil de detectar visualmente, que afecta el llenado de la espiga, puede provocar la aparición de micotoxinas en el grano y está estrechamente vinculado al manejo de las enfermedades foliares.

“La pérdida de área foliar obliga a la planta a movilizar reservas desde el tallo, lo que favorece el avance del hongo”, explicó, resaltando la necesidad de adoptar un enfoque integral del manejo sanitario.

En soja, el análisis siguió una lógica similar. Oddino indicó que, si bien existen numerosas enfermedades descriptas en la bibliografía, actualmente solo tres explican la mayor parte de las pérdidas productivas: Cercospora kikuchi, Phomopsis y Colletotrichum, todas asociadas a enfermedades de tallo.

El especialista señaló que las manchas foliares tradicionales, como la mancha marrón o la mancha ojo de rana, han perdido relevancia relativa en términos de impacto productivo, lo que obliga a replantear los esquemas tradicionales de control.

En este contexto, advirtió que el momento clásico de aplicación de fungicidas en R3 muchas veces resulta tardío para controlar las enfermedades que predominan actualmente, por lo que recomendó evaluar aplicaciones más tempranas en función del monitoreo y el potencial del lote.

Otro eje destacado de la jornada fue el análisis de cómo la evolución de los sistemas agrícolas está modificando el panorama sanitario. Entre los factores mencionados se encuentran la expansión del monocultivo de maíz, que favorece la acumulación de patógenos como Fusarium; la incorporación de cultivos de servicio, que podrían favorecer la presencia de vectores de enfermedades; y la agricultura de precisión, que tiende a reducir el número de hojas por planta y vuelve más crítico el cuidado del área foliar.

También se remarcó la falta de evaluaciones recientes de híbridos bajo condiciones epidémicas reales, un aspecto que podría generar riesgos sanitarios en campañas futuras.

Estrés abiótico, una amenaza silenciosa

La jornada incluyó además un bloque dedicado al impacto del estrés abiótico en los rendimientos, presentado por Ignacio Erreguerena, integrante del equipo de Syngenta. El especialista advirtió que este tipo de estrés constituye uno de los principales factores de pérdida productiva en la agricultura actual.

Según explicó, mientras que las plagas y enfermedades pueden generar pérdidas de entre el 10% y el 30% en maíz y alrededor del 15% en enfermedades de fin de ciclo, el estrés abiótico puede reducir el potencial productivo entre un 20% y un 40% en Argentina, y hasta un 70% a nivel mundial, según datos de la FAO.

El estrés abiótico incluye eventos como sequías, excesos hídricos, temperaturas extremas, heladas, daños mecánicos y fitotoxicidad por herbicidas, todos factores que afectan directamente el metabolismo de la planta.

En este contexto, se presentó Megafol, un bioestimulante formulado a partir de aminoácidos provenientes de extractos de algas y fermentos vegetales, diseñado para activar mecanismos fisiológicos que permiten a los cultivos tolerar mejor situaciones de estrés.

Ensayos a campo realizados en más de 80 experiencias durante dos campañas mostraron respuestas promedio de 450 kilos por hectárea, con niveles de efectividad cercanos al 75% de los casos evaluados, con resultados especialmente destacados en maíz.

Mercados, logística y decisiones comerciales

La jornada también abordó el contexto comercial de la campaña gruesa. Jaime Palomas, gerente de acopio del Grupo Depetris, trazó un panorama caracterizado por buenos volúmenes productivos, pero con señales de presión logística y estabilidad o leve tendencia bajista en los precios internacionales.

Para el maíz, estimó una producción nacional cercana a los 54 a 57 millones de toneladas, lo que garantizaría oferta suficiente, aunque con desafíos logísticos durante la cosecha. En este marco, recomendó analizar ventas anticipadas parciales, especialmente para cubrir necesidades financieras.

En soja, advirtió un escenario más ajustado, con valores que muestran una tendencia descendente respecto de meses anteriores y con condiciones comerciales más exigentes por parte de los exportadores.

Asimismo, destacó la creciente importancia de la certificación de soja sustentable, un requisito que comienza a consolidarse como condición para la comercialización en determinados mercados.

Conocimiento para decidir mejor

La jornada dejó como conclusión una idea central que atravesó todas las exposiciones: el éxito productivo en los sistemas agrícolas actuales depende cada vez más del conocimiento aplicado y de la capacidad de anticiparse a los problemas.

En un escenario marcado por la variabilidad climática, la evolución de los sistemas productivos y la creciente exigencia de los mercados, el manejo sanitario estratégico, la adopción tecnológica y el monitoreo permanente se consolidan como pilares fundamentales para sostener el crecimiento de la agricultura y la ganadería en San Luis.

El desafío, coincidieron los especialistas, ya no es producir más a cualquier costo, sino producir mejor, con decisiones basadas en información precisa, tecnología adecuada y una mirada integral del sistema productivo.