Inicio Ganadería Tiene 24 años y ya formó su propia cabaña Hereford en San...

Tiene 24 años y ya formó su propia cabaña Hereford en San Luis

Juan Andrés Magrini vive en Las Higueras, pegado a Río Cuarto, pero su fuerte pasión lo lleva a pasar más tiempo en su joven cabaña de reproductores Hereford, que formó cuando su padre le cedió 200 vacas puras, que producen en 730 hectáreas, de las cuales 600 son de sierra, las primeras lomas antes de llegar al imponente Comechingones.

El pintoresco lugar se encuentra 137 kilómetros al noreste de la capital puntana, sobre la ruta provincial 22, entre Naschel y Villa del Carmen. El establecimiento se llama El Tala del Carrizal, precisamente porque el casco se encuentra en el corazón del prolijo paraje El Tala.

La cabaña fue bautizada como San Edmundo Puntano, según recordaron Juan y su padre Andrés cuando recibieron al equipo de El Semiárido: “En el campo hacemos básicamente cría, recría y genética de Hereford; nos dedicamos a esto ya hace unos 5 años en profundidad”.


Juan tiene 24 años y recordó que la cabaña San Edmundo históricamente la fundó en 1987 Fernando Hernández en Tandil, por lo que la genética que usan en San Luis ya viene probada hace más de 30 años.

“Empezamos ahora a producir genética porque bueno yo que era muy joven no me metía mucho en el tema, pero ahora que mi papá me permitió sucederlo estoy de lleno comprometido, sabemos el valor agregado que tenemos que es la fácil adaptabilidad en la zona, es un rodeo criado en monte, sierra, con sequía, pastos naturales y estamos muy felices porque logramos tener buenos resultados con la mayoría de lo que es el rodeo”, describió el joven ganadero con inocultable entusiasmo.

El campo cuenta con 730 hectáreas de las cuales 600 son de pura sierra, por lo que productivas tienen un 30% de la superficie. De esas 100 hectáreas que les quedan, dividieron el 50% para la confección de rollos de alfalfa y el otro 50% para maíz, sorgo y mijo, todo para alimentación en el invierno y brindar energía al animal.

“Todo es para consumo propio, no vendemos rollos porque tenemos 200 vientres que alimentar, 17 toros y nunca sabemos cuánto pasto nos va a dar; este último año tuvimos una sequía muy grande, en lo que va el año no sé si llegamos a los 200 milímetros, la última lluvia la tuvimos hace poquito, de 54, pero desde marzo no teníamos ni 10 milímetros”, detalló.

De todos modos, sortearon la seca porque tenían una gran reserva de 400 rollos, de los cuales les quedan 30, más un silo de maíz picado, destino que le dieron cuando por la falta de lluvias vieron que no llegaban a cosechar el grano.

En la primera parada del recorrido, Juan describió al sector como una zona muy seca, llena de algarrobos y espinillos y pasturas nativas, pero también implantaron Panicum y Pasto llorón, “que lo pudimos arraigar en la zona con mucho laburo, sembrando al boleo, fue un trabajo bastante arduo de Franco y Aldo (dos fieles empleados del lugar) que nos han permitido conseguir estos resultados”.

“Este esquema de manejo cierra, el animal está acostumbrado a vivir en la sierra, a estar en sequía, por eso hemos implementado nuevas aguadas para que el animal no gaste tanta energía en alimentarse, en hidratarse, agregamos nuevos suplementos como sales proteicas para regular la digestibilidad”, valoró Juan.

El objetivo es que los 44 lotes en que está dividido el campo tengan su aguada para que el animal alcance su mejor estado corporal.

“Con la genética que incorporamos, además de la rusticidad, buscamos que sea adaptable a cualquier zona; nos han hablado desde Mendoza, en los límites con San Luis, que son pura y exclusivamente desierto, también de Buenos Aires y del norte de Córdoba; buscamos abarcar el centro del país, pero obviamente con las características que tenemos acá que son muy dificultosas, pueden adaptarse a cualquier zona del país, salen prácticamente entrenados, entonces al tenerlos nacidos y criados acá, no van a tener problemas para adaptarlos en cualquier campo, por más exigente que sea, han atravesado fríos, calores, sequías, incendios, por muchos factores que nos han determinado que la raza está bien adaptada”, explicó.

En cuanto a la Hereford, Juan optó por la línea británica: “El tamaño del animal para nosotros es crucial por el hecho del consumo que tiene acá, con menor tamaño el consumo va a ser menor y aparte para montar el toro o la vaca no es viable incorporar una línea americana”.

Con esta decisión, la cabaña San Edmundo Puntano logra vaquillonas de tamaño medio, de buena calidad, buena producción de carne y fertilidad y unos toros que por el tamaño que tienen y pueden abastecerlo tranquilamente con las pasturas propias.

El establecimiento El Tala del Carrizal también se dedica a la recría de terneros para llevarlos hasta los 180 kilos y venderlos a través de distintos remates.

 El rodeo se integra con 200 vientres, entre vacas y vaquillonas, con un sistema de identificación de caravana electrónica y convencional. A esta última la utilizan por colores: las celeste son puras e pedigree y las amarillas puras registradas, más las de rojo que son las más viejas.

Una vez colocados en la manga los dispositivos electrónicos en las caravanas, con un bastón leen toda la información completa de cada animal. El trabajo que antes les llevaba cinco horas, ahora en solo tres.

La rutina sanitaria la ejecuta un veterinario y contempla muestreo muestra de brucelosis, enfermedades de transmisión sexual, aplomos de los toros, condiciones físicas y si la vaca está apta para el servicio: “Aplicamos un sistema bastante exhaustivo para que el animal no sufra, ni tenga una variación en el porcentaje de preñez; mientras en mejor condición corporal esté, óptimo será el trabajo”.

Pero no todo es producción y rentabilidad en el establecimiento de los Magrini: “Junto con Fauna de la provincia trabajamos en conjunto por el hecho de que tenemos gran parte del campo con sierra, donde hay zonas rojas que no se pueden tocar, pero queremos que fomenten también el cuidado con los animales autóctonos, como pumas, ñandúes, sacha cabra, vizcachas, entre otros, y que realicen más controles por los cazadores furtivos que se desplazan en la zona”.

En El Tala de Carrizal usan inseminación artificial a tiempo fijo y repaso con toros propios, con lo que logran un porcentaje de preñez del 85%, pero con algunos ajustes buscan llegar al 90% en dos años.

Dos de los 17 toros propios son de pedigree, mientras que el resto puros registrados.

Juan presentó ante El Semiárido al nuevo integrante del plantel de toros, un puro de pedigree llamado Roble de Octubre, porque nació en ese mes de 2022 en Tandil, que es hermano del tercer mejor ternero del Rural de Palermo en año pasado.

“A este toro lo adquirimos hace 20 días, está todavía en un proceso de adaptación para que poueda digerir bien las pasturas nativas, pero estimamos que ya para fines de noviembre estará listo para el servicio que se viene; le decimos El Porteño porque viene de Buenos Aires”, dijo orgulloso de su compra.

Inversión en aguadas

Una importante inversión asoma en el campo. El plan es establecer un sistema de distribución que abastezca diez aguadas que darán bebida a 20 lotes, la mitad de los que ya tienen alambrados. “Nnuestro objetivo principal es que el animal haga el menos esfuerzo posible por querer hidratarse y alimentarse y que todos los lotes que hay aquí en la parte central del campo tengan su respectiva aguada y también su salero, tenga todo ya incorporado para que el animal se quede aquí, bostee y orine para fertilizar también la tierra”.

El origen del agua es dos perforaciones propias. La última fue hace ya 5 años  a una profundidad de 85 metros: “Hasta los 80 metros no tuvimos resultados. Y nuestro querido amigo que nos perforó nos regaló 5 metros más y tuvimos la suerte de poder lograr hasta 3.000 litros por hora que llena un tanque de 18.000 litros”.

Un análisis determinó que el agua no tiene un porcentaje significativo de arsénico.

Fotos: José Sombra – sanluisconelcampo