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Santa Rita: el trabajo detrás de un feedlot que no se detiene ningún día del año

Héctor Martini (derecha) junto al propietario del feedlot Santa Rita Emilio Huguenine.

Héctor Martini, encargado del establecimiento de Emilio Huguenine en Estancia Grande, cuenta cómo se organiza el cuidado de la hacienda desde el ingreso hasta la salida. Alimentación, seguimiento individual, sanidad y bienestar animal forman parte de una rutina que exige coordinación y atención permanente.

En el feedlot Santa Rita, la jornada comienza mirando los comederos. Antes de poner en marcha el mixer, cargar los ingredientes y distribuir las raciones, hay que observar qué dejaron los animales y definir si corresponde ajustar la cantidad de alimento. Esa lectura marca el inicio de un trabajo que se repite todos los días y que, detrás de cada corral, reúne decisiones, registros y responsabilidades.

Héctor Martini conoce esa dinámica desde el comienzo del establecimiento de Emilio Huguenine, ubicado en Estancia Grande, San Luis. Técnico en producción agropecuaria y con muchos años de trabajo junto al propietario, tiene a su cargo la coordinación del personal, la hacienda, la alimentación y los movimientos de ingreso y salida.

Su responsabilidad abarca todo el ciclo de permanencia de los animales. También exige ordenar una logística en la que coinciden camiones con hacienda, transportes de alimento, tareas sanitarias y cargas destinadas a la salida del establecimiento.

“Los animales tienen que comer todos los días a su horario, dos veces por día”, resume Martini. En esa obligación cotidiana se apoya buena parte de la organización de Santa Rita, ya que hay guardias para garantizar la alimentación los fines de semana, los feriados y durante las fiestas.

El trabajo empieza apenas llega un camión. La primera tarea es contar los animales para evitar diferencias en las existencias. Luego se realiza una inspección visual que permite evaluar su condición corporal y detectar posibles problemas de salud.

El peso, la categoría y el estado de cada lote orientan las decisiones siguientes. Si los animales serán destinados a recría o si pasarán directamente a engorde. Cuando aparece algún inconveniente sanitario, la recepción también es el momento de actuar.

Durante los primeros dos o tres días, según las condiciones de llegada, la hacienda permanece en una etapa de adaptación, con una alimentación inicial basada en rollos y algo de silo. Posteriormente se realiza el trabajo de manga, que incluye la pesada individual y la aplicación del protocolo sanitario correspondiente.

Martini explica que el establecimiento utiliza dos esquemas diferenciados, uno para terneros y novillos y otro para vacas. En los animales jóvenes, el manejo de ingreso contempla vacunaciones, un antiparasitario y un complejo vitamínico mineral.

Pero antes de cualquier procedimiento, hay dos necesidades que deben estar resueltas, agua fresca y comida disponible.

“Eso es lo fundamental para que no pasen hambre o que no tengan sed después de un viaje”, señala. Santa Rita ha recibido entre 500 y 550 animales de una sola vez, una situación que demanda un equipo preparado para descargar, organizar los lotes y continuar con las tareas posteriores.

La identificación electrónica individual permite registrar el recorrido de la hacienda desde que ingresa hasta que sale del feedlot. Los datos se incorporan a un sistema en el que quedan asentadas las pesadas, la sanidad de ingreso y los tratamientos realizados.

Así, el seguimiento combina la información digital con la observación cotidiana. Según Martini, dos personas recorren permanentemente los corrales para identificar animales con algún problema y darles la atención correspondiente.

El personal está capacitado para resolver situaciones sanitarias leves. Cuando se presenta un caso que requiere una evaluación específica, se informa a los veterinarios mediante un grupo de comunicación del equipo.

Los registros también permiten disponer de información sobre los tratamientos individuales ante los requerimientos sanitarios que recibe el establecimiento.

Banderas y trabajo de a pie

El bienestar animal ocupa un lugar concreto dentro del manejo de Santa Rita. Martini explica que no se permite utilizar perros para mover la hacienda, por el estrés que pueden provocar y por el riesgo de lesiones.

El trabajo dentro de los corrales y en la manga se realiza de a pie, con banderas. Los caballos se utilizan para las recorridas y para conducir los animales hasta el sector de manga.

Esa forma de trabajar requiere atención y coordinación del personal. El objetivo es acompañar los movimientos de la hacienda y evitar situaciones que alteren a los animales.

La regularidad de la alimentación forma parte de ese mismo cuidado. Mantener los horarios exige que los equipos, los ingredientes y las personas estén disponibles cuando comienza cada reparto.

Además del manejo de la hacienda, Martini debe coordinar la llegada de maíz, burlanda, rollos y otros insumos. No alcanza con establecer horarios, también hay que organizar la descarga para reducir las esperas de los transportistas y sostener el funcionamiento diario.

La recepción de animales se realiza entre las 7 y las 19, mientras que el ingreso de cereales y otros productos se organiza hasta las 16.

La relación con los propietarios de la hacienda tiene distintas modalidades. Algunos clientes visitan el feedlot para recorrer los corrales y observar sus animales; otros realizan un seguimiento a través de la información que reciben.

Cuando llega el momento de retirar la hacienda, Santa Rita organiza la selección y la carga. Si el cliente lo solicita, también puede gestionar la búsqueda de compradores, la venta, el transporte y la documentación necesaria para la salida.

“El trabajo que nosotros intentamos hacer es que sea totalmente completo”, explica Martini.

Detrás de ese propósito hay una tarea intensiva, sostenida por un equipo que debe responder tanto a lo previsto como a los imprevistos. Para el encargado de Santa Rita, cada ingreso abre una responsabilidad que continúa hasta la salida del animal. Y cada mañana, al volver a mirar los comederos, esa responsabilidad empieza otra vez.