El Gobierno de San Luis convoca a productores y actores del sector a participar de la Mesa Sectorial de la Producción Frutihortícola y la Producción Familiar, un espacio de encuentro orientado al intercambio de información y la construcción colectiva de políticas para el próximo año.
La jornada se realizará el sábado 28 de marzo, a partir de las 9, en el predio de Sol Puntano, ubicado en el kilómetro 797,3 de la Ruta 7. El encuentro propone una dinámica participativa, con el objetivo de relevar necesidades, debatir problemáticas y avanzar en el diseño de acciones para 2026.
La iniciativa se enmarca en las políticas provinciales de fortalecimiento del sector productivo, promoviendo la articulación entre el Estado y los productores para potenciar la actividad frutihortícola y la producción familiar en todo el territorio puntano.
Un potencial que espera despegar
Aunque aún se encuentra lejos de su techo productivo, la fruticultura en San Luis muestra señales de crecimiento sostenido, impulsada por inversiones en cinco cultivos estratégicos, como olivo, almendra, nogal, pistacho y vid. Con una superficie implantada de 525 hectáreas en producción comercial activa, el sector comienza a consolidar un entramado productivo que, si bien todavía es incipiente, evidencia un importante potencial de expansión.
El olivo encabeza ampliamente el desarrollo frutícola provincial, con casi el 40% de la superficie total y unas 200 hectáreas destinadas a variedades aceiteras. Le siguen la almendra, con 134 hectáreas, y la vid, que alcanza las 127 hectáreas. Más atrás se ubican el nogal, con 60 hectáreas, y el pistacho, que aún se presenta como una producción emergente con apenas 4 hectáreas implantadas.
La distribución territorial de estos cultivos refleja una diversificación geográfica. Los olivares se concentran principalmente en el norte y centro provincial, con presencia en Los Cajones, Las Lomitas, San Francisco del Monte de Oro, Nogolí y zonas cercanas a la capital. La almendra, en tanto, ha registrado un crecimiento sostenido en la última década, con establecimientos en Candelaria, Quines, San Francisco, Nogolí y la ciudad de San Luis.
El nogal se distribuye entre San Francisco, Pozo Cavado, Nogolí, la capital provincial y Cortaderas, mientras que el pistacho tiene su única implantación en San Francisco del Monte de Oro.
En el caso de la vid, la provincia cuenta con 127 hectáreas productivas, con rendimientos que pueden alcanzar los 9.000 kilos de uva por hectárea o unos 6.750 litros de vino. Sin embargo, solo tres emprendimientos cuentan con bodega propia: Corral de Palos, en cercanías de Beazley; Finca La Larga, próxima a Santa Rosa del Conlara; y Los Peñitos, en Estancia Grande. El resto de los viñedos opera a menor escala, distribuidos en distintas localidades como Nogolí, Candelaria, Villa de Merlo y la capital.

Uno de los factores clave para el desarrollo del sector es la disponibilidad de agua. San Luis dispone de más de 700 kilómetros de canales que permiten irrigar por gravedad unas 25.250 hectáreas, aunque actualmente solo se utiliza cerca del 50% de esa capacidad. Este recurso constituye una de las principales oportunidades para ampliar la frontera frutícola en zonas con aptitud agroclimática comprobada.
El impulso inicial de la actividad estuvo fuertemente ligado a la Ley Provincial de Fomento a la Fruticultura (VIII-0666-2009), sancionada en 2009. La normativa declaró de interés provincial la implantación de montes frutales y ofreció incentivos económicos significativos, con subsidios no reintegrables de entre el 20% y el 80% de la inversión, además de asistencia técnica gratuita, especialmente orientada a pequeños productores.
La ley estuvo vigente hasta 2019 y fue determinante para la radicación de numerosos emprendimientos. Sin embargo, desde entonces, la expansión del sector ha perdido dinamismo, a pesar de las condiciones favorables que presenta la provincia en términos de suelo, clima y disponibilidad hídrica.
Un estudio reciente sobre aptitud frutícola revela que San Luis posee condiciones adecuadas para el desarrollo de una amplia variedad de especies, incluyendo frutales de carozo, pepita, olivo, nogal y vid. Los departamentos Ayacucho, Junín y Pueyrredón concentran la mayor parte de las producciones actuales.
El informe también destaca que la superficie potencial para el desarrollo frutícola es considerablemente superior a la actual. En el caso del durazno, por ejemplo, las áreas aptas oscilan entre 10.000 y 340.000 hectáreas, dependiendo de los requerimientos de frío de las variedades. No obstante, advierte que la limitante estructural sigue siendo la disponibilidad de agua para riego, con necesidades que varían entre 300 y 900 milímetros anuales.
A partir de un análisis multivariado que combina datos de la Red de Estaciones Meteorológicas y mapas de aptitud, se identificaron como zonas prioritarias para nuevas inversiones frutícolas a Luján y su área de influencia, el oeste de la ciudad de San Luis, el corredor Quines-Candelaria y el norte de Villa Mercedes.
En este contexto, la fruticultura puntana aparece como una actividad con bases firmes pero aún en etapa de desarrollo, con amplias oportunidades de crecimiento si se reactivan políticas de incentivo y se optimiza el uso de los recursos disponibles.












