Cerrado el mes de agosto, podríamos decir que estamos todavía en el inicio de la temporada de venta de reproductores. Sin embargo, los indicadores observados hasta el momento dan cuenta de una firmeza significativa, tanto en volúmenes comercializados como en precios.
En primer lugar, de acuerdo con los registros publicados por el SENASA sobre movimiento de hacienda, vemos que, por tercer año consecutivo, crece el movimiento de animales con destino a reproducción.
Tomando el total de traslados, vemos que, en lo que va de 2026, se trasladaron cerca de 530.000 animales con fines reproductivos, de los cuales el 13% correspondió a machos y el 87% a hembras. Este volumen es 22% superior al registrado entre enero y agosto de 2025, período en el que se trasladaron aproximadamente 433.000 animales con destino a reproducción, con un incremento interanual del 12% en machos y del 24% en hembras. Dentro de la serie analizada, se trata del mayor registro de los últimos cinco años.
Dentro del segmento de machos, claramente la categoría de mayor relevancia es la de toros, que anualmente representa entre el 60% y el 65% del total de los traslados. El resto corresponde a animales más jóvenes, como toritos y terneros.
La dinámica comercial de esta categoría presenta una estacionalidad muy marcada, concentrando prácticamente el 90% de los movimientos durante el segundo semestre del año. Particularmente, el 80% de la actividad se concentra en solo cuatro meses: alrededor del 30% durante julio y agosto, y el 50% restante entre septiembre y octubre.
Es por ello por lo que, al analizar los valores, nos concentramos en los meses de julio y agosto como período en el que comienzan a formarse las primeras referencias de mercado, que luego se consolidarán una vez transcurridos principalmente septiembre y parte de octubre.
Tomando como referencia los valores relevados en los distintos remates de reproductores publicados por Entre Surcos y Corrales, el precio promedio de los toros comercializados de las distintas razas y registros genéticos se ubicó, entre julio y agosto de 2026, en torno a los $9.900.000. Un año atrás, durante el mismo período, el promedio había sido de aproximadamente $6.250.000. La comparación arroja, por lo tanto, un incremento del 59% interanual en pesos corrientes.
Asimismo, es importante mencionar que la composición de la oferta no presenta cambios significativos en cuanto a la participación de animales de alta genética —puros de pedigree— que pudieran distorsionar la comparación.
Sin embargo, la lectura cambia cuando el precio se expresa en términos de producto. Medido en kilos de novillo (INML), el valor promedio de un toro pasó de unos 2.100 kilos en 2025 a 2.300 kilos en 2026, lo que implica un aumento real del orden del 9%.
Más interesante aún resulta la comparación contra el ternero. Con un valor promedio de $6.200 por kilo para julio-agosto de este año (Indice ROSGAN), reponer un toro requiere aproximadamente 1.600 kilos de ternero mientras que, un año atrás, con el ternero en torno a los $3.775 por kilo, esa reposición demandaba unos 1.656 kilos.
En otras palabras, pese al fuerte incremento nominal del precio del reproductor, el esfuerzo necesario para reponer un toro medido en kilos de ternero prácticamente no aumentó, por el contrario, se redujo alrededor de un 3,5%.
La segunda lectura, y probablemente la más significativa, surge al analizar los movimientos de hembras.
Según los datos del SENASA, en lo que va del año se trasladaron cerca de 460.000 hembras con destino a reproducción, entre vacas, vaquillonas y terneras. Esto representa un incremento del 24% interanual.
Sin embargo, detrás del aumento del volumen total aparece una señal que merece especial atención: la participación de las hembras jóvenes viene disminuyendo.
En efecto, la relación entre hembras jóvenes y vacas pasó de niveles cercanos al 50% a aproximadamente 40% en la actualidad.
Esta caída resulta consistente con una mayor retención de terneras y vaquillonas para reposición dentro de los establecimientos de cría.
En cuanto a la estacionalidad en la oferta de hembras, además de ser menos marcada respecto de la de machos, también difiere significativamente de acuerdo con las categorías. En terneras y vacas, los movimientos con destino reproductivo se superponen en buena medida con la dinámica general del mercado de cría e invernada, concentrándose principalmente entre abril y julio, aunque con una curva mucho menos pronunciada.
En las vaquillonas, en cambio, el período de mayor movimiento coincide con el de los reproductores machos, entre agosto y octubre, aunque nuevamente con una estacionalidad menos marcada.
ara analizar los valores de las vaquillonas se tomó la misma fuente utilizada para los reproductores machos —Entre Surcos y Corrales— y se diferenciaron dos categorías: vaquillonas sin servicio y vaquillonas con garantía de preñez.
A los fines comparativos se utiliza nuevamente el período julio-agosto. No obstante, es importante señalar que, en el caso de las vaquillonas, estos dos meses representan apenas el 20% del movimiento anual, por lo que las referencias todavía son preliminares.
Durante julio y agosto, la vaquillona sin servicio de genética superior registró un valor promedio de aproximadamente $2.670.000, equivalente a unos 619 kilos de novillo. En términos de esta relación, representa un incremento del 10% interanual.
Por su parte, la vaquillona con garantía de preñez alcanzó un equivalente de aproximadamente 942 kilos de novillo, un 12% más que un año atrás, o unos $4.000.000 en valores corrientes.
Es importante considerar que los valores mencionados corresponden a animales de genética superior, es decir, tanto puros de pedigree como registrados por las respectivas asociaciones de criadores.
La comparación con los vientres generales resulta particularmente interesante. De acuerdo con la misma fuente, los valores promedio se ubican actualmente en torno a $1.800.000 y $1.700.000 para la vaquillona con y sin servicio, respectivamente, y de $2.400.000 para las vaquillonas con garantía de preñez.
Al expresar estos valores en kilos de novillo y compararlos con igual período del año anterior, los vientres generales muestran incrementos cercanos al 25% interanual, significativamente superiores al aumento de entre 10% y 12% observado en los vientres de genética superior.
En este punto, la brecha entre los vientres generales y los de genética superior puede interpretarse como una señal de fuerte demanda por reposición y, simultáneamente, de una oferta de vientres generales cada vez más restringida producto de la retención que está ejerciendo el criador.
Rosgan.
Foto: José Sombra – sanluisconelcampo










