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Martín André: «Hay que transformar el maíz donde se produce»

Martin André, asesor agroindustrial.

Martín André, exgerente de la planta de molienda húmeda de maíz —la ex Glucovil, hoy propiedad de Cargill y ubicada en Villa Mercedes, San Luis— es una de las voces más experimentadas en la industrialización del cereal en la región. Con una trayectoria consolidada en el sector agroindustrial, André sostiene con convicción que “el maíz debe transformarse donde se produce”. Su afirmación no es solo una expresión de deseo, sino una hoja de ruta hacia una economía más robusta y sustentable para la provincia de San Luis y el país.

San Luis cuenta con condiciones agroecológicas ideales para el desarrollo del cultivo de maíz. En las últimas dos décadas, se ha evidenciado una notable mejora en los rindes y en la superficie sembrada. Según datos del INTA, la superficie sembrada pasó de un promedio de 150.000 hectáreas entre 1970 y 2013 a más de 350.000 hectáreas en los últimos cinco años. Los rendimientos también se duplicaron: de 25 quintales por hectárea a más de 53 en la última década.

Este crecimiento no es casual. Se sustenta en la incorporación de tecnología de avanzada: siembra directa, agricultura de precisión, genética de alto potencial, fertilización adecuada, manejo de plagas y enfermedades, y sistemas de riego


La provincia mantiene un promedio de producción anual superior a 1,5 millones de toneladas de maíz. Y, con un consumo interno que ya supera las 800.000 toneladas anuales, más del 50% de su producción se utiliza localmente, una cifra que contrasta fuertemente con el promedio nacional, que apenas llega al 33%.

Exportar menos grano, agregar más valor

En la última década, Argentina ha exportado más del 65% de su producción de maíz como grano sin procesar. Este modelo, si bien genera divisas, revela una baja capacidad de transformación en origen. La molienda seca y húmeda, la producción de bioetanol o la conversión en proteína animal, como la carne porcina, aviar, bovina, huevos y lácteos, representan caminos mucho más rentables y sostenibles, tanto en términos económicos como sociales.

La transformación local del maíz no solo genera empleos directos en plantas industriales, sino también empleos indirectos en logística, comercialización, mantenimiento, y servicios técnicos. André sostiene que apostar al valor agregado implica apostar a un desarrollo federal y equilibrado, capaz de dinamizar economías regionales como la de San Luis.

San Luis ya ha comenzado a tejer su propia red de transformación del maíz. La planta de molienda húmeda Glucovil-Cargill procesa anualmente unas 380.000 toneladas. La planta de bioetanol de Diaser, también en Villa Mercedes, trabaja con 200.000 toneladas al año (unas 600 toneladas por dia). El feedlot Ser Beef consume otras 140.000 toneladas para la alimentación de 80.000 cabezas de ganado bovino. A esto se suma la granja porcina de Palladini, en La Toma, con un consumo estimado en 40.000 toneladas anuales.

Además, existe una nutrida red de establecimientos de producción de alimentos balanceados (Molino Cañuelas, Molino Fénix, El Lucero de Lourdes) y 27 tambos operativos en distintos puntos de la provincia, como Puramel y Foralba. Todo este entramado productivo, que consume más de 800.000 toneladas de maíz al año, muestra que San Luis está en condiciones de liderar un modelo de industrialización en origen.

No obstante, hay una deuda pendiente: aún no se ha instalado en la provincia ninguna planta de molienda seca, advierte un estudio realizado por la Universidad Nacional de Villa Mercedes, del cual André está entre los cinco autores.

La producción de sémolas, harinas de maíz o copos podría abastecer no solo al mercado local sino también a otras provincias de la región Cuyo. La localización estratégica de San Luis y su alta disponibilidad de materia prima la posicionan como un lugar ideal para futuras inversiones en este segmento, destaca el mismo estudio.

El camino hacia una industrialización plena no está exento de desafíos. Uno de los principales obstáculos es la falta de mano de obra especializada, producto de un desajuste entre la demanda del sector agroindustrial y la oferta formativa local. La incorporación de maquinaria de última tecnología requiere técnicos capacitados, una necesidad aún insatisfecha.

Otro factor clave es la logística. El transporte automotor sigue como el principal medio para trasladar granos, tanto en cortas como en largas distancias, lo que implica costos operativos muy superiores a los del transporte ferroviario, aún subutilizado. A esto se suma el deterioro de la red vial secundaria, presionada por el aumento del flujo de camiones.

En términos financieros, San Luis carece de una banca pública que impulse proyectos productivos. A diferencia de provincias vecinas, no existen líneas de crédito accesibles para inversiones a mediano o largo plazo. Y en el plano macroeconómico, las políticas distorsivas —cupos de exportación, tipos de cambio múltiples, cierre de mercados— desincentivan la inversión en valor agregado.

Un camino posible: propuestas para el desarrollo

A pesar de los desafíos, existen propuestas claras y viables para potenciar la cadena del maíz en San Luis. Una de ellas es la creación de programas de capacitación técnica en conjunto con universidades, escuelas agrotécnicas e institutos de formación profesional. Estas iniciativas deben enfocarse en operarios, técnicos de maquinaria, producción animal y procesos industriales.

En segundo lugar, resulta urgente avanzar en la recuperación del sistema ferroviario como alternativa al transporte automotor. Una logística más eficiente reduciría los costos y mejoraría la competitividad de las empresas locales.

También es necesario diseñar una política integral de desarrollo agroindustrial con visión a largo plazo. Esta debería incluir incentivos fiscales a quienes inviertan en valor agregado, y avanzar en el debate y sanción de leyes claves como la nueva Ley de Semillas y la Ley de Fomento al Desarrollo Agroindustrial. Esta última contempla beneficios específicos para quienes incorporen genética, tecnología y fertilización adecuada en sus sistemas productivos.

La transformación del maíz en origen no solo es una oportunidad para San Luis, sino una necesidad estratégica para todo el país. Apostar al valor agregado en la cadena del maíz implica generar empleo, diversificar la economía, fortalecer el mercado interno y mejorar la inserción internacional de los productos agroindustriales.

Como afirma Martín André, transformar el maíz donde se produce no es una utopía, sino una decisión política, técnica y económica que puede convertir a San Luis en un verdadero polo de desarrollo agroindustrial. El futuro del maíz está en la provincia. Lo que falta es una hoja de ruta clara, acuerdos estratégicos y voluntad de avanzar.