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“Maíz sano, negocio seguro”: expertos advirtieron sobre el impacto de las micotoxinas en la producción, la salud y el comercio

Docentes, investigadores, profesionales y representantes de la industria analizaron en la Universidad Nacional de San Luis los riesgos que generan las podredumbres de espiga y las micotoxinas en el maíz. El encuentro abordó el problema desde una visión integral que incluyó la sanidad vegetal, animal, la salud pública, las exigencias del mercado y los marcos regulatorios nacionales e internacionales.

La sanidad del maíz dejó de ser un tema exclusivamente agronómico para convertirse en una cuestión estratégica que involucra a toda la cadena agroalimentaria. Con ese enfoque, la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias (FICA) de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) desarrolló la mesa redonda “Maíz sano, negocio seguro: del campo al mercado frente a las podredumbres de espiga”, una actividad realizada en el marco de la Semana de la Ingeniería 2026.

La jornada reunió a especialistas, investigadores, representantes de empresas, productores, asesores técnicos, profesionales y estudiantes con el objetivo de analizar un problema que impacta directamente en la productividad agrícola, la salud animal, la inocuidad alimentaria y la competitividad comercial de uno de los cultivos más importantes del país.


El encuentro estuvo organizado bajo el paradigma internacional “Una Salud” (One Health), una visión que reconoce la estrecha relación existente entre la salud de las plantas, los animales, las personas y el ambiente. Desde esta perspectiva, los especialistas coincidieron en que las enfermedades que afectan al maíz y la presencia de micotoxinas representan uno de los desafíos más complejos para la producción moderna.

Durante la apertura de la actividad, la ingeniera agrónoma Nora Andrada destacó la importancia de abordar estos problemas de manera interdisciplinaria. Señaló que las podredumbres de espiga constituyen un claro ejemplo de cómo una enfermedad vegetal puede desencadenar consecuencias que trascienden los límites del lote agrícola, impactando sobre la producción pecuaria, la calidad de los alimentos y la sustentabilidad de los sistemas productivos.

La propuesta fue estructurada en dos grandes bloques temáticos. El primero estuvo dedicado a los aspectos técnicos vinculados a las enfermedades de espiga y las micotoxinas, mientras que el segundo se enfocó en los requerimientos industriales, la normativa vigente y las estrategias de gestión necesarias para garantizar la calidad del grano.

Un problema que comienza en el cultivo

La primera exposición estuvo a cargo de la ingeniera agrónoma Rocío López, quien abordó el problema desde la óptica de la sanidad vegetal. La especialista explicó que las podredumbres de espiga son causadas por distintos hongos patógenos, entre ellos especies de Fusarium, Gibberella, Diplodia y Aspergillus, organismos capaces de afectar severamente el rendimiento y la calidad del maíz.

Durante su presentación describió los síntomas característicos de estas enfermedades, los factores ambientales que favorecen su desarrollo y las consecuencias económicas que generan en la producción. Sin embargo, remarcó que el mayor riesgo no radica únicamente en las pérdidas productivas, sino en la capacidad que tienen estos hongos de producir micotoxinas.

Estos compuestos tóxicos son metabolitos secundarios que pueden permanecer en el grano y afectar tanto la comercialización como la inocuidad de los alimentos. Según explicó, la presencia de micotoxinas puede provocar rechazos de lotes, restricciones comerciales y graves riesgos sanitarios.

El impacto en la producción animal

El problema fue analizado posteriormente desde la perspectiva de la sanidad animal por el médico veterinario Martín Puigdeliboll, quien expuso sobre las consecuencias que tienen las micotoxinas en los sistemas de producción pecuaria.

El profesional señaló que los animales pueden sufrir intoxicaciones de distinta gravedad según la concentración de toxinas presentes en los alimentos, el tiempo de exposición y las condiciones sanitarias generales de cada rodeo.

Las consecuencias pueden manifestarse mediante disminuciones en la ganancia de peso, caída de la producción láctea, reducción en la postura de huevos, problemas reproductivos y debilitamiento del sistema inmunológico. Además, estas situaciones generan incrementos en los costos veterinarios y pérdidas económicas considerables para los establecimientos productivos.

Puigdeliboll también destacó la importancia de implementar mecanismos de detección temprana y estrategias de detoxificación de alimentos, aunque enfatizó que la prevención continúa siendo la herramienta más eficiente para impedir que materias primas contaminadas ingresen a la cadena de alimentación animal.

Un riesgo para la salud pública

La tercera mirada estuvo a cargo de la ingeniera Marisol Nievas, quien profundizó sobre las implicancias que tienen las micotoxinas para la salud humana.

La especialista explicó que estos compuestos presentan una elevada estabilidad térmica, lo que significa que pueden resistir procesos de cocción, industrialización y elaboración de alimentos. Esta característica convierte a las micotoxinas en una amenaza silenciosa para la inocuidad alimentaria.

Durante la exposición se detalló que las intoxicaciones pueden manifestarse de manera aguda, provocando cuadros gastrointestinales y neurológicos severos, o desarrollarse en forma crónica, asociándose a enfermedades de alta complejidad, entre ellas distintos tipos de cáncer.

Asimismo, advirtió sobre un fenómeno cada vez más frecuente en las condiciones reales de producción, como la coexistencia de varias micotoxinas en un mismo lote. Esta situación potencia los efectos tóxicos y dificulta la evaluación de los riesgos sanitarios.

Frente a este escenario, Nievas remarcó la necesidad de fortalecer los sistemas de vigilancia epidemiológica mediante monitoreos ambientales, controles en centros de acopio y análisis permanentes de laboratorio.

Normativas cada vez más exigentes

El segundo bloque de la jornada se centró en los aspectos regulatorios, industriales y comerciales relacionados con la calidad del maíz.

La ingeniera química Mirta Possetto analizó el marco normativo que regula la presencia de micotoxinas en los alimentos y explicó los límites establecidos por la legislación argentina y los principales mercados internacionales.

Durante su presentación hizo referencia a las exigencias contempladas en el Código Alimentario Argentino, las normativas del MERCOSUR y los requerimientos específicos de mercados como la Unión Europea y China, cada vez más estrictos en materia de inocuidad y calidad.

La especialista también presentó resultados de un estudio realizado en el departamento Pedernera, donde se observó un creciente interés por parte de los productores en la adopción de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). No obstante, señaló que persisten dificultades vinculadas al desconocimiento de los riesgos asociados a las micotoxinas y a la ausencia de incentivos que promuevan una adopción más amplia de estas herramientas.

En ese contexto, resaltó el valor de la trazabilidad como un mecanismo clave para garantizar la seguridad alimentaria y brindar transparencia a lo largo de toda la cadena productiva.

La visión de la industria

La experiencia empresarial fue presentada por la licenciada Mónica Zapata, representante de Cargill, quien compartió los criterios utilizados por la industria para gestionar los riesgos asociados a las aflatoxinas durante los procesos de molienda húmeda de maíz.

La especialista explicó que la detección de estas toxinas constituye una prioridad para las empresas debido a su potencial carcinogénico y al impacto económico que generan cuando son identificadas en los granos.

En este sentido, describió las herramientas de control implementadas por el sector industrial, entre ellas auditorías de proveedores, programas de Buenas Prácticas Agrícolas, controles de humedad, sistemas HACCP y métodos analíticos específicos como ELISA y HPLC.

Además, sostuvo que las estrategias preventivas continúan siendo mucho más eficaces que los tratamientos posteriores destinados a eliminar o reducir la contaminación.

Otro aspecto destacado fue la creciente influencia del cambio climático sobre la aparición de micotoxinas. Las modificaciones en los patrones de temperatura y humedad generan condiciones cada vez más favorables para el desarrollo de los hongos productores de estas sustancias, lo que obliga a reforzar los sistemas de monitoreo y control.

Producción sustentable y manejo integrado

El cierre técnico estuvo a cargo de la ingeniera agrónoma Marcia Micca Ramírez, quien presentó diversas estrategias de manejo orientadas a reducir la incidencia de enfermedades y la contaminación del grano.

Entre las principales recomendaciones destacó la rotación de cultivos, el monitoreo permanente de los lotes, la correcta elección de materiales genéticos, la cosecha en tiempo y forma y el almacenamiento adecuado del grano.

También subrayó el rol fundamental que cumplen los laboratorios especializados en el diagnóstico y seguimiento de las problemáticas fitosanitarias. En particular, destacó el trabajo desarrollado por el Laboratorio de Manejo Integrado de Problemáticas Fitosanitarias de la UNSL y la importancia de realizar muestreos representativos para obtener resultados confiables.

Según indicó, la sostenibilidad de los agroecosistemas depende cada vez más de la integración entre prácticas agronómicas eficientes, controles industriales rigurosos y el cumplimiento de las normativas vigentes.

Un desafío para toda la cadena

A lo largo de la jornada quedó en evidencia que las podredumbres de espiga y las micotoxinas representan un problema complejo y multifactorial. Factores ambientales, genéticos, agronómicos y de manejo interactúan permanentemente, condicionando tanto la producción como la calidad final del maíz.

Los especialistas coincidieron en que la prevención, el monitoreo temprano y la articulación entre todos los actores de la cadena constituyen las herramientas más efectivas para minimizar riesgos y evitar pérdidas económicas.

La presencia de micotoxinas no solo afecta los rendimientos agrícolas, sino que puede derivar en rechazos comerciales, restricciones para exportar, mayores costos productivos y riesgos para la salud animal y humana.

Bajo esta premisa, la mesa redonda concluyó reforzando una idea central, que la producción de un maíz sano es una responsabilidad compartida que involucra a productores, técnicos, empresas, organismos de control, instituciones científicas y consumidores.

La propuesta impulsada por SI.FICA 2026 logró integrar conocimientos científicos, experiencias empresariales y marcos regulatorios en una misma discusión, ofreciendo una visión amplia y actualizada sobre uno de los temas más relevantes para el futuro de la agricultura y la seguridad alimentaria.

Porque, como sintetizaron los participantes del encuentro, garantizar la calidad sanitaria del maíz no solo protege la producción: también asegura mercados, fortalece la competitividad y contribuye al bienestar de toda la sociedad.