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La renta ganadera en San Luis: el resultado por hectárea cambia hasta cuatro veces según el sistema productivo

El informe de septiembre de la Secretaría de Agricultura muestra resultados positivos en los modelos ganaderos que comprenden departamentos de San Luis, aunque con marcadas diferencias. La cría en ambientes áridos alcanza un resultado neto de $39.542 por hectárea, mientras que el ciclo completo tomado como referencia para el sur provincial llega a $158.376. La productividad, la alimentación y los costos de estructura explican buena parte de esa distancia.

La ganadería de San Luis presenta realidades económicas muy distintas según el ambiente y el sistema de producción. Mientras los establecimientos de cría de las zonas áridas necesitan grandes superficies para sostener sus rodeos, los planteos de ciclo completo que sirven de referencia para el sur provincial consiguen una mayor producción de carne y un resultado económico más alto por hectárea.

Así lo muestran los modelos incluidos en el informe “Resultados económicos ganaderos” de septiembre de 2026, elaborado por la Coordinación de Análisis Pecuario de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca. Con precios actualizados a agosto, el documento permite analizar tres esquemas regionales que comprenden territorio puntano: cría semiárida, cría árida y ciclo completo en la región pampeana subhúmeda.

Los resultados netos estimados son de $87.364 por hectárea para la cría semiárida, $39.542 para la cría árida y $158.376 para el ciclo completo. Este último valor equivale aproximadamente a cuatro veces el obtenido en el modelo de cría de ambientes áridos.

Las cifras corresponden a establecimientos tipo y no a un promedio relevado entre todos los productores de San Luis. Los modelos abarcan regiones compartidas con otras provincias, pero permiten identificar las condiciones económicas de sistemas que se desarrollan en distintos departamentos puntanos.

Para la cría semiárida, el informe incluye los departamentos Pueyrredón —según la denominación utilizada en el documento— Pringles y Chacabuco.

El establecimiento de referencia tiene 2.100 hectáreas y 450 vacas, con una carga de 0,21 vientres por hectárea. El esquema considera un destete del 70%, a los seis meses de edad, y una producción de carne de 33,6 kilos por hectárea.

La base forrajera combina 85% de campo natural y 15% de praderas, equivalentes a 1.785 y 315 hectáreas, respectivamente. Esa composición permite sostener un planteo de cría con mayor productividad por unidad de superficie que el previsto para las zonas áridas.

A los precios utilizados en el informe, el modelo obtiene un ingreso neto de $147.319 por hectárea. Luego de descontar los costos directos, el margen bruto alcanza $114.647. Al incorporar los gastos de estructura, impuestos y amortizaciones, el resultado neto queda en $87.364 por hectárea, equivalente a $407.697 por vientre.

La rentabilidad calculada sobre el capital, sin incluir la tierra, es del 15,2%. Cuando se incorpora el valor del campo, baja al 5,5%.

Dentro de los costos del modelo, estructura e impuestos representan el 34%; el personal, el 25%; la alimentación, el 24%; las amortizaciones, el 11%, y la sanidad, el 6%. Los números muestran que el desempeño económico depende tanto de la producción y venta de hacienda como del peso de los gastos necesarios para mantener el establecimiento.

En la zona árida, la superficie pesa más

El modelo de cría árida comprende, dentro de San Luis, a Ayacucho, Belgrano, Junín y San Martín.

En este caso, el establecimiento de referencia dispone de 3.000 hectáreas para un rodeo de 350 vacas. La carga de vientres es de 0,12 por hectárea y toda la superficie corresponde a campo natural.

El porcentaje de destete previsto es del 65%, también a los seis meses, y la producción de carne llega a 17 kilos por hectárea, aproximadamente la mitad del valor del modelo semiárido.

El ingreso neto estimado es de $70.794 por hectárea. El margen bruto alcanza $57.142 y el resultado neto, una vez descontados los costos de estructura y las amortizaciones, se ubica en $39.542 por hectárea, o $338.930 por vientre.

La rentabilidad sobre el capital sin tierra es del 11,9%. Con la tierra incluida, el indicador llega al 6,2%. Que este último porcentaje supere al del modelo semiárido, pese a su menor resultado por hectárea, se explica por la distinta valuación del campo utilizada en cada esquema.

La composición de los costos también cambia. En la cría árida, estructura e impuestos concentran el 41% y el personal, el 34%. Las amortizaciones representan el 15%; la sanidad, el 6%, y la alimentación, el 4%.

En un sistema con menor producción por hectárea, los gastos de funcionamiento adquieren especial importancia. La superficie disponible permite sostener el rodeo, pero el resultado económico depende de cuántos kilos logra producir y vender ese establecimiento.

El sur provincial y la alternativa del ciclo completo

Para Pedernera y Dupuy, la referencia es el modelo de ciclo completo de la región pampeana subhúmeda.

Este sistema combina la cría con la recría y el engorde de parte de la hacienda producida. El establecimiento tipo tiene 2.100 hectáreas, 600 vacas y un destete del 75%. Su base forrajera está integrada por 84% de campo natural y 16% de praderas.

La producción estimada alcanza 69,5 kilos de carne por hectárea, frente a los 33,6 kilos del modelo de cría semiárida y los 17 kilos del árido.

El ingreso neto es de $261.249 por hectárea y el margen bruto llega a $194.541. Después de descontar estructura, impuestos y amortizaciones, el resultado neto queda en $158.376 por hectárea, equivalente a $554.314 por vientre.

La rentabilidad sobre el capital sin tierra alcanza el 17% y, con la tierra incluida, el 8,1%.

La mayor producción viene acompañada de una exigencia alimentaria superior. En este modelo, la alimentación representa el 35% del costo total, seguida por estructura e impuestos, con el 28%, y personal, con el 24%. La sanidad explica el 6% y las amortizaciones, el 7%.

La diferencia muestra que prolongar la permanencia de los animales para recriarlos y engordarlos puede elevar el resultado por hectárea, aunque requiere sostener su crecimiento y destinar más recursos a la alimentación. Su aplicación depende de la capacidad forrajera y de las condiciones de cada campo.

Producir más kilos y cuidar el costo de obtenerlos

Los tres modelos presentan resultados positivos, pero dejan en evidencia que la ganadería puntana no puede analizarse con una única cifra. La carga animal, el porcentaje de destete, la disponibilidad de pasturas y el tiempo de permanencia de la hacienda modifican tanto los ingresos como los costos.

El destete constituye uno de los indicadores centrales: los esquemas considerados pasan del 65% en la cría árida al 70% en la semiárida y al 75% en el ciclo completo. Conseguir más terneros con el rodeo disponible permite mejorar la producción, siempre que el establecimiento cuente con alimento suficiente para sostenerla.

También resulta necesario distinguir margen bruto de resultado neto. El primero descuenta los costos directos; el segundo incorpora, además, los gastos de estructura, impuestos y amortizaciones. Esa diferencia explica por qué una venta de hacienda favorable no se traduce íntegramente en ganancia.

Las estimaciones se realizan sobre campo propio, con sistemas estabilizados y precios de agosto de 2026. No incluyen situaciones de endeudamiento ni el alquiler de la tierra como costo de oportunidad. Tampoco representan los precios efectivamente cobrados o pagados por cada productor durante el año.