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La Juanita: 15 semilleras mostraron ensayos de maíz en el campo de José Lorenzino

En un nuevo encuentro con la producción y la innovación, el productor agropecuario José Lorenzino volvió a recibir en su campo, Estancia La Juanita, a técnicos, productores y representantes de 15 empresas semilleras, en el marco de una jornada de visita a ensayos de maíz en Juan W. Gez, San Luis. Fue la cuarta edición de este tipo de actividades en el establecimiento, que combina agricultura de precisión con ganadería intensiva.

“Esta jornada comenzó hace cuatro años con muy buena convocatoria. Tuvimos dos años complicados por las heladas y el clima, pero este 2024, a pesar de algunos golpes de calor y granizo, logramos seguir adelante”, señaló Lorenzino. La generosidad para abrir su campo y compartir resultados productivos fue destacada por todos los presentes.

La jornada se centró en las descripciones que hicieron los técnicos de cada empresa sobre el ensayo comparativo con híbridos de maíz. Las semilleras participantes fueron, entre otras, Stine, Dekalb, KWS, Basf, Corteva, Syngenta, Q Seed, Acrux Pwue, Pioneer, ACA, Illinois y Hersem.


El encuentro cerró con la exposición del investigador del INTA San Luis Jorge Mercau, cuyas recomendaciones se brindarán en detalle en una próxima nota.

Estancia La Juanita cuenta con unas 2.000 hectáreas dedicadas al maíz y entre 1.500 y 1.600 hectáreas destinadas a soja y girasol. Un 40% del maíz producido se utiliza para el consumo de hacienda en corral, mientras que parte de la soja se intercambia por expeler para alimento animal. “El resto se vende, lo usamos para el manejo general del campo”, explicó el productor.

Lorenzino forma parte de un grupo de Cambio Rural, desde donde articula con otros productores prácticas sostenibles y colaborativas. “Trabajamos con la mayoría de las semilleras presentes. Esto es parte de un esfuerzo colectivo que beneficia no solo al campo, sino a toda la provincia”, remarcó.

Uno de los puntos destacados y novedosos en La Juanita es el sistema de producción ganadera intensiva que se lleva adelante en la estancia. “Estamos haciendo algo nuevo, revolucionario, que es el uso del snaplage, donde se cosecha la espiga de maíz con alta humedad, se muele directamente con la picadora y se conserva en silo. Esto mejora la digestibilidad para el animal y reduce costos”, explicó Lorenzino.

Este sistema alimenta a un rodeo de engorde que ronda aproximadamente los 2.500 novillos por año. “Apuntamos a animales de entre 400 y 600 kilos. La recría la hacemos con silo, expeler de soja y un concentrado mineral”, detalló.

 “Ningún gobierno ha hecho algo real por el campo”

Consultado sobre las perspectivas económicas y el vínculo con el Estado, Lorenzino fue contundente: “Lamentablemente, ningún gobierno ha hecho algo real por el campo. Saben que el campo es el motor de la Argentina, pero hacen oído sordo porque saben que, con todo en contra, el campo sigue trabajando”.

También se refirió al alto impacto de la carga impositiva y los costos logísticos: “Estamos en una zona marginal, muy lejos de los puertos. De 30 mil kilos que llevamos en un camión, 12 mil son para pagar el flete. Nos queda transformar en carne lo que podemos, para que haya valor agregado y no tantos gastos en transporte”.

Por último, advirtió sobre el impacto en la cadena ganadera: “Cada vez hay menos terneros. El productor no puede mejorar porque los costos subieron mucho. Y encima hay una competencia desleal con los frigoríficos, que recuperan por otros lados y al productor chico lo mantienen pisado”.

Con su visión crítica pero comprometida, José Lorenzino dejó claro que el campo sigue siendo un pilar de la producción argentina, con enorme potencial, pero también con desafíos que exigen políticas más justas y sostenidas.

 “En esta zona, la gran limitante sigue siendo el agua”

Durante la jornada, el ingeniero agrónomo Roberto Zavalla —asesor técnico principal del establecimiento— ofreció a El Semiárido un detallado panorama del sistema de producción mixto que se implementa en el campo, en el que conviven la agricultura extensiva y la ganadería intensiva bajo encierre.

“La Juanita tiene un esquema mixto, aunque toda la ganadería está concentrada en el feedlot, tanto en la recría como en la terminación”, explicó Zavalla. En los últimos años, la estrategia de producción fue migrando: “La parte de cría se ha ido reduciendo. Hemos trasladado esa etapa a un campo del norte, y decidimos eliminar la suplementación invernal sobre llorones que se hacía con vacas acá”.

Agricultura diversificada y adaptación al clima

Con la reducción de la carga ganadera, muchas hectáreas antes dedicadas a pastoreo fueron incorporadas al circuito agrícola. “Buscamos pasar más superficie a agricultura. Aunque hay llorones en zonas cercanas al cerro que se mantienen, estamos priorizando el cultivo de maíz, soja y algo de girasol”, precisó el ingeniero.

Además, Zavalla señaló que el establecimiento está explorando nuevos cultivos: “El año pasado empezamos con poroto mungo, en parte por los daños de piedra en diciembre que obligaron a cambiar de estrategia. Nos sorprendió gratamente el rendimiento. También se está probando carinata como alternativa de cultivo invernal”.

Snaplaje: eficiencia y ahorro

Una de las innovaciones más destacadas en el sistema ganadero es el uso del snaplaje, un método que permite cosechar solo la espiga del maíz con alta humedad y convertirla en un alimento altamente digestible para el ganado. “Desde el año pasado estamos usando snaplaje en la terminación y también en parte de la recría. Eso nos permite prescindir del grano de maíz en estas etapas, lo que reduce costos y libera grano para su venta”, explicó Zavalla.

El asesor detalló que en la recría se utiliza silo de maíz, expeller y un concentrado proteico, mientras que en la terminación la dieta se basa exclusivamente en snaplaje y un núcleo proteico. “Esto no solo baja costos, también nos permite tener un excedente de grano que comercializamos localmente, según las oportunidades de negocio”, agregó.

Zavalla, con una amplia trayectoria en la región, no dudó en destacar el potencial productivo del área, aunque subrayó que el gran desafío sigue siendo el acceso al agua. “Esta es una zona marginal, sí, pero muy interesante. Hace 20 años no imaginábamos estar haciendo agricultura de este nivel acá. La gran limitante es el agua: podemos aplicar toda la tecnología disponible —desde híbridos a fertilización y manejo de herbicidas—, pero sin agua no hay forma de romper ese techo productivo”.

En ese sentido, mencionó que el riego sería una alternativa para elevar los rendimientos, aunque reconoció que su implementación aún es inviable por los altos costos. “Es un tema que habrá que analizar seriamente, pero mientras tanto, seguimos adaptándonos y mejorando dentro de nuestras posibilidades”, concluyó.

La experiencia de Estancia La Juanita confirma que, incluso en zonas desafiantes, el conocimiento técnico, la planificación estratégica y la apertura a la innovación pueden transformar limitaciones en oportunidades productivas.