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Faenan terneros a metros de un puesto policial y abandonan cabezas en la basura cerca de Villa Mercedes

La inseguridad rural volvió a golpear con crudeza en el sur provincial y encendió, otra vez, todas las alarmas en el sector productivo. Esta vez, el escenario fue la Ruta 55, hacia el norte de la Villa Mercedes, a apenas 2.000 metros del peaje de esa autovía y a escasa distancia de un puesto de control policial.

Según denunciaron productores de la zona, en un establecimiento ubicado en inmediaciones de la calle Las Overas, delincuentes faenaron dos terneros de aproximadamente 150 kilos cada uno, animales de destete que representaban no solo una inversión económica significativa, sino también parte del capital productivo de la próxima campaña. El hecho ocurrió a metros de uno de los corredores viales más transitados del departamento y en un punto donde, paradójicamente, convergen el peaje, un puesto de la Policía Caminera y la Brigada Rural.

La indignación crece por la proximidad de los controles. “Estamos hablando de 2.000 metros del puesto”, remarcaron productores consultados, quienes no salen de su asombro ante la audacia de los cuatreros. La escena describe un golpe ejecutado con frialdad y logística, ya que los animales fueron faenados en el lugar y solo quedaron los restos, evidencia brutal de un delito que no es aislado y que viene repitiéndose con preocupante frecuencia.


El abigeato, un delito que impacta de lleno en la economía regional, vuelve así a exponer la vulnerabilidad de los campos, incluso en zonas donde la presencia estatal debería actuar como elemento disuasorio. Para los productores, el mensaje es inquietante, ni siquiera la cercanía de puestos policiales garantiza freno a los delincuentes.

Pero el episodio no terminó allí. En otro punto cercano, en una calle lateral donde habitualmente se arrojan residuos, a la altura de la fábrica Tubier y en el tramo comprendido entre esa planta y la de Crafmsa, fueron halladas cuatro cabezas de terneros envueltas en hilo negro. El macabro hallazgo se produjo en la madrugada y refuerza la sospecha de una actividad delictiva organizada y reiterada en la zona.

Las imágenes, que comenzaron a circular entre productores, generaron estupor y bronca. Las cabezas descartadas como desecho revelan no solo el robo y la faena clandestina, sino también el desprecio con el que se actúa, dejando rastros a la vista de todos, en caminos que conectan áreas industriales y rurales.

“Las denuncias se hacen”, aseguran desde el sector. Sin embargo, el malestar radica en que, pese a que oficialmente se informó sobre la intensificación de controles en el departamento, los resultados no se perciben en el territorio. La sensación de desprotección crece, al igual que la preocupación por la escalada de hechos.

El impacto económico no es menor. Dos terneros de 150 kilos representan una pérdida directa para el productor, pero también un golpe a la cadena ganadera, en un contexto donde cada vientre y cada animal cuentan para sostener la producción. En un escenario de márgenes ajustados y alta incertidumbre, el abigeato se transforma en un factor de riesgo adicional que erosiona la rentabilidad y la confianza.

La reiteración de episodios en zonas cercanas a rutas estratégicas y puestos de control reabre el debate sobre la efectividad de los operativos y la necesidad de reforzar la vigilancia en corredores rurales clave. Para quienes viven y trabajan en el campo, no se trata solo de números, es la sensación permanente de que el esfuerzo puede perderse en una noche.

Hoy, los productores vuelven a estar en alerta. Reclaman mayor presencia, controles efectivos y resultados concretos. La faena clandestina a metros de un puesto policial no es solo un delito rural, es, para el sector, una señal alarmante de que la inseguridad avanza incluso donde debería estar contenida.