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Expo Rural: cuáles son las bondades de la nueva raza ovina que se introdujo en la Argentina

Todas las razas de todas las especies tuvieron un pionero, es decir una persona que les vio potencial o que simplemente se enamoró de ellas y decidió traerlas al país o iniciar su cría y su selección genética de manera profesional. Algunas de esas historias se remontan a los años anteriores al nacimiento de la Nación, y otras están sucediendo ante nuestros ojos.
Es el caso de la raza ovina Santa Inés, que acaba de ser introducida oficialmente en la Argentina por un productor entrerriano y que en estos días podrá ser conocida por miles en la Exposición Rural de Palermo. Sergio Taffarel, propietario de la cabaña ovina El Luchador, en la localidad de Herrera, Concepción del Uruguay, Entre Ríos, fue quien decidió apostar por esta raza con fundados argumentos. “Es una raza importante, originaria de Brasil, que en Paraguay está hace ya 40 años y anda muy bien en todas las exposiciones”, remarca en diálogo con Clarín Rural.

Taffarel se dedica a criar ovinos desde hace 25 años y fundó la cabaña hace ya 16 años con ovejas Hampshire Down, la raza que aun es su caballito de batalla. Hace algunos años incluyó las Dorper, y a fines de 2019 decidió importar desde Paraguay tres hembras y un macho de la raza Santa Inés.

Santa Inés es originaria del nordeste de Brasil, de la zona de Fortaleza, un ambiente muy árido, y es un híbrido de tres razas: Morada Nova (rústica brasilera), Bergamasca (lechera italiana) y Somalí (carnicera de pelo sudafricana).


Con los cuatro ejemplares iniciales inscriptos en los registros genealógicos de la Sociedad Rural Argentina, Taffarel se convirtió en el iniciador de la raza en la Argentina. “Es una raza muy prolífica, netamente carnicera, no se esquila porque es de pelo. En el invierno se protege con un pelo más largo y grueso y en el verano pelecha, queda prolijita y brillosa”, describe el criador, y agrega que “su piel es muy peletera”.

Luego explica que actualmente la lana gruesa tiene un valor muy bajo y que es difícil conseguir mano de obra para la esquila, lo cual le suma atractivo a esta raza de pelo con piel de muy buena calidad.

Según sus registros, el peso al nacer de las Santa Inés en el campo de Entre Ríos es de entre 4,200 y 4,500 kilos, en 90 días logra destetar corderos de 32 kilos, y en 120 días obtiene animales de 40 kilos con una carcasa de unos 20 kilos. “Tenemos registros de rinde de carcasa del 55 por ciento”, remarca. Y continúa: “Además es poliéstrica contínua, es decir que tiene celo todos los meses. Son 148 a 150 días de gestación (5 meses), y se preña nuevamente antes de los 60 días. Da para que tengan dos pariciones al año, acá hemos tenido servicios a los 35 y 45 días de paridas. Es una virtud muy importante porque podría ser la raza que ayude a desestacionalizar la producción ovina y salir de la zafra”.

Tras la primera importación Taffarel trajo algunos ejemplares más, entre ellos un carnero que fue distinguido en muchas exposiciones importantes de Paraguay. Hoy su núcleo genético es de 30 madres y un rebaño de alrededor de cien Santa Inés puros por cruza. “Le hemos apostado fuerte a la raza. Veo grandes virtudes, hasta ahora nos va muy bien”, dice el cabañero.

Taffarel sabe que Palermo es la gran vidriera para mostrar lo que hace. En la muestra se lo podrá ver con una hembra Hampshire Down, dos machos Santa Inés y una hembra Santa Inés con mellizos de apenas 20 días de vida. “Es un gran esfuerzo poder llegar, pero vale la pena”, concluye.

Para los caballos criollos, la Exposición Rural es una cita ineludible

Marcelo Iraola está vinculado con los caballos desde que nació, siempre fueron su animal favorito, pero en los últimos años ese vínculo se afianzó y lo llevó por un camino nuevo lleno de aprendizaje.

En su campo de la localidad de Carlos Keen, provincia de Buenos Aires, él siempre había tenido caballos criollos para trabajar con la hacienda y para pasear, es la raza con la que siempre se sintió más cómodo. En 2008 fue a un remate de criollos en la Rural de Palermo y por un impulso compró una yegua que le gustó mucho. Era un animal de pedigree, sensiblemente más caro que los que tenía en el campo, y lo obligó a pensar en nuevos horizontes. Iraola no tenía boxes ni estructura para una cría profesional, pero cuando la yegua llegó al campo, el hombre se entusiasmó y a los seis meses ya había comprado diez yeguas y dos padrillos. Así nació la cabaña Santa María. “Empecé a investigar, aprender, relacionarme, asesorarme… hubo mucha gente que me ayudó”, comenta en diálogo con Clarín Rural. Y agrega: “Como usuario, lo que admiro del criollo, además de la rusticidad y el corazón que tiene, es su mansedumbre”.

La cría de caballos criollos ofrece un abanico muy amplio de posibilidades. Hay gente que selecciona genética priorizando la morfología, otros que buscan animales hábiles en las pruebas de rienda… “Tuve un peregrinar en el que fui y vine. Arranqué por la morfología, después pasé a las pruebas funcionales y finalmente encontré la prueba a la que ahora está toda la cría apuntada, que es el Freno de Oro”, dice Iraola. El Freno de Oro es la prueba más completa de la raza criolla. En ella, además de evaluar la morfología se realizan nueve pruebas funcionales con y sin presencia de ganado, que sirven para evaluar la versatilidad y la capacidad de trabajo del caballo.

Hoy, la cabaña Santa María tiene unos 70 animales entre yeguas de manada y destetes, y por estos días Iraola está viviendo un hito en su vida como criador. Por primera vez participa en la Exposición Rural de Palermo con un caballo. Se trata de RP 6, un padrillo que fue finalista del Freno de Oro y que según su dueño “tiene cualidades morfológicas destacadas”.

“Los caballos comienzan a prepararse con mucho tiempo de anticipación para que lleguen en excelentes condiciones físicas, musculados y con el pelaje muy cuidado”, explica.

Al respecto Raúl Etchebehere, criador y presidente de la Asociación de Criadores de Caballos Criollos, quien participa en la muestra desde hace ya cincuenta años, agrega: «Ya no es como antes, que con 90 días de box, competías. La preparación se profesionalizó tanto que hoy tenés que tener a los animales durante seis meses en preparación. Es tanta la calidad genética y morfológica que hay, es tan fina la diferencia entre ganar y perder, que tenés que prepararlo bien. En Palermo un animal, aparte de su constitución tiene que estar muy bien puesto y el cabañero tiene que saber pasarlo».

Etchebehere ya tuvo el honor de sacar un Gran Campeón en Palermo, sabe lo que se siente, y con esa ilusión intacta este año trajo a la muestra dos yeguas y un caballo. “Cuando se piensan los cruzamientos, tal padre con tal madre, uno ya sueña con campeonar”, dice. Luego agrega que entre los criollos, a pesar de contar con numerosas competencias funcionales y morfológicas a lo largo del año en todo el país, la Rural de Palermo es una fecha central. «El Gran Campeón de Palermo se recuerda, tiene un palmarés que no tienen las otras muestras, tiene 150 años de historia. Este año participan más de 120 caballos y viene todo el mundo criollista de Brasil, Paraguay y Uruguay porque saben que acá se encuentra lo mejor de lo mejor», dice. Entre las claves para llegar a ganar enumera la genética, la alimentación, la presentación “y un poquito de suerte».

En materia morfológica, según los especialistas, el secreto del criollo son las cañas cortas, una característica que baja el centro de gravedad de los animales, les da “más pie” y los hace rectangulares a diferencia de la mayoría de los caballos de silla, que son cuadrados.

Iraola lo cita a Etchebehere, un referente de la raza, al decir que “te recibís de criador cuando sentís la adrenalina de pisar la arena de Palermo con un caballo para competir por morfología con los mejores”. “Buscamos estar a la altura de una exposición tan exigente y competitiva donde las mejores cabañas del país llevan sus animales. Palermo es la meca, acá hay cabañas que vienen criando criollos desde hace cien años”, dice, aunque reconoce que él y su familia, que lo acompaña en la aventura, todavía están en el proceso de aprendizaje y descubrimiento. “Estar en la pista de Palermo es una enorme alegría para nosotros, la alegría de poder compartir con muchísimos amigos que hemos ganado en el mundo de los criollos”, afirma Iraola.

Y Etchebehere coincide: “Concibo la cría como momentos de felicidad con amigos y familia. Esto pasa por el corazón, jamás por el bolsillo. Criar caballos criollos es una filosofía de vida”, asegura.

Fuente: Clarín – Lucas Villamil.