Cuarenta y cuatro alumnos de la carrera de Mantenimiento y Operación de Maquinaria Agrícola visitaron la base operativa de la empresa de servicios agroaéreos de Marcelo Ellena. La jornada permitió conocer en detalle el funcionamiento de una moderna empresa de aviación agrícola, una actividad altamente tecnificada y regulada que demanda cada vez más mano de obra especializada en la provincia de San Luis.
La capacitación práctica y el contacto directo con el sector productivo continúan siendo uno de los pilares de la formación técnica en San Luis. Bajo esa premisa, 44 estudiantes de la carrera de Mantenimiento y Operación de Maquinaria Agrícola de la Universidad Provincial de Oficios (UPrO) de Villa Mercedes participaron de una jornada técnica en la base operativa de la empresa de servicios agroaéreos de Marcelo Ellena, ubicada sobre la ruta provincial 11, en el paraje Nueva Escocia, a unos 50 kilómetros al oeste de Villa Mercedes.
La experiencia permitió a los futuros técnicos conocer de primera mano el funcionamiento de una actividad estratégica para la producción agropecuaria moderna, en un contexto donde la demanda de personal capacitado para el mantenimiento de maquinaria agrícola crece de manera sostenida en toda la provincia.
La carrera, que también se dicta desde el año pasado en las sedes de Buena Esperanza y Quines, es coordinada por los ingenieros agrónomos Federico García y Gastón García, quienes acompañaron la visita junto a los estudiantes.
Tecnología de punta al servicio del campo
La recorrida se desarrolló en las modernas instalaciones de la empresa familiar de Marcelo Ellena, donde los estudiantes pudieron observar en detalle cada etapa de una operación aérea agrícola.
La base, que funciona con el apoyo permanente de Ángel Romero y Martín Moreno como responsables de plataforma, exhibió un nivel de organización y profesionalismo que sorprendió a muchos de los asistentes.
Uno de los principales atractivos fue la presentación del avión turbohélice utilizado para las aplicaciones aéreas, una aeronave cuyo valor ronda los 1,5 millones de dólares y que incorpora tecnología de última generación para garantizar precisión, eficiencia y seguridad en cada trabajo.
Los estudiantes tuvieron la posibilidad de conocer los sistemas de carga, los procedimientos de seguridad, la preparación de mezclas, el almacenamiento de productos y los protocolos que rigen la actividad. También observaron los equipos utilizados para la siembra aérea, una práctica que viene creciendo con fuerza en San Luis, especialmente para la implantación de pasturas destinadas a la ganadería en grandes extensiones.
La demostración permitió comprender cómo la aviación agrícola se ha convertido en una herramienta clave para llegar a zonas de difícil acceso, aprovechar ventanas climáticas reducidas y realizar tareas que muchas veces resultan imposibles para la maquinaria terrestre.

Una salida laboral cada vez más demandada
La jornada también sirvió para poner en evidencia una realidad que atraviesa al sector agropecuario provincial, como la creciente necesidad de personal especializado en mantenimiento de maquinaria.
Desde tractores y pulverizadoras hasta cosechadoras, drones y aeronaves agrícolas, el avance tecnológico obliga a contar con técnicos preparados para realizar tareas de mantenimiento preventivo, reparación y diagnóstico.
Los responsables de la carrera destacaron que la formación que brinda la UPrO busca precisamente responder a esa demanda concreta del mercado laboral.
La especialidad es dictada por el instructor Federico García y el auxiliar Gastón García, ambos ingenieros agrónomos, quienes remarcan permanentemente la importancia de vincular la formación académica con situaciones reales de trabajo.
Para productores o empresas interesadas en servicios de mantenimiento, los profesionales pusieron a disposición el contacto telefónico 2625-531648.

La historia de un sueño nacido en el campo
La visita también permitió escuchar el testimonio de Marcelo Ellena, fundador de la empresa, quien compartió con los estudiantes una historia marcada por el esfuerzo, la perseverancia y la pasión por la aviación.
Nacido en una familia rural, recordó una infancia atravesada por las dificultades económicas que enfrentaban muchos productores agropecuarios décadas atrás.
«Veía a mis padres trabajar día y noche y aun así era muy difícil progresar. Siempre cuento que cuando tenía unos nueve años, para que mi padre pudiera realizarse una cirugía tuvieron que vender 50 hectáreas de campo. Eso muestra claramente cómo eran las cosas en aquella época», relató a El Semiárido.
Ellena recordó que desde muy pequeño sintió una fascinación especial por los aviones, a pesar de no tener antecedentes aeronáuticos en la familia.
«Escuchaba pasar un avión y salía corriendo entre los montes para verlo. Ni siquiera había visto uno de cerca, pero tenía una admiración enorme», contó.
Esa pasión comenzó a tomar forma cuando, siendo adolescente, realizó su primer vuelo durante un festival aéreo realizado en su pueblo natal.
«Cuando volé por primera vez sentí que eso era exactamente lo que quería hacer en mi vida», recordó.
A partir de entonces comenzó un largo camino de formación y sacrificios para convertirse en piloto aeroaplicador.
Después de trabajar como piloto para otras firmas, Ellena inició su propio emprendimiento a fines de 2005 utilizando una aeronave alquilada.
Hoy, en 2026, la empresa celebra dos décadas de actividad ininterrumpida.
«Hubo comienzos muy duros, accidentes, dificultades económicas y muchos obstáculos. Pero cuando uno siente pasión por lo que hace encuentra la fuerza para seguir adelante», expresó.
La empresa comenzó operando desde Vicuña Mackenna, en Córdoba, y posteriormente se radicó en San Luis. Desde 2018 desarrolla sus actividades en la actual base de Nueva Escocia, un predio que fue construido desde cero gracias al acompañamiento de la familia Giraudi.
«Cuando llegamos esto era un lote de sorgo. Hicimos la pista y toda la infraestructura desde cero», recordó.




Actualmente la firma cubre una extensa región productiva que abarca desde las cercanías de la Villa de Merlo hasta el sur del departamento Dupuy, incluyendo zonas agrícolas y ganaderas de gran importancia.
Durante la charla con los estudiantes, Ellena remarcó que el crecimiento de la actividad está directamente relacionado con la incorporación permanente de tecnología y con la profesionalización de los servicios.
«Siempre apostamos a capacitarnos, a incorporar tecnología y a trabajar exclusivamente en la actividad aeroagrícola. Eso nos permitió crecer y brindar un servicio cada vez más eficiente», afirmó.
En los últimos años la empresa incorporó drones agrícolas, una herramienta que complementa el trabajo de los aviones, mientras viene en camino otro avión nuevo adquirido en Estados Unidos.
Según explicó, los drones resultan especialmente útiles para lotes pequeños, sectores de difícil acceso o áreas cercanas a zonas sensibles donde la legislación exige mayores distancias de resguardo.
Sin embargo, advirtió sobre la necesidad de avanzar en marcos regulatorios más específicos para el uso profesional de estas tecnologías.
Seguridad, capacitación y responsabilidad
Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue la explicación detallada sobre los estrictos controles que rigen la aviación agrícola.
Ellena explicó que la actividad se encuentra sometida a permanentes auditorías, habilitaciones, seguros obligatorios y capacitaciones técnicas.
«Todo tiene que estar vigente, las licencias de los pilotos, las certificaciones de las aeronaves, los seguros, los cursos de capacitación, los vehículos y cada componente de la operación», señaló.
Asimismo, defendió el trabajo responsable que realiza el sector frente a algunos cuestionamientos sociales vinculados al uso de fitosanitarios.
«Cuidar el ambiente también es trabajar con responsabilidad, respetar las normativas y capacitar permanentemente al personal», sostuvo.
En ese sentido destacó que todos los integrantes de la empresa reciben formación continua y trabajan bajo estrictos protocolos de seguridad.
La historia de la firma está profundamente ligada al compromiso familiar.
Junto a su esposa Andrea, responsable de la administración y de mantener al día la compleja documentación exigida por los organismos de control, construyeron una empresa en la que también participan sus hijos Anahí, Catriel y Mateo.
Anahí, recientemente graduada como contadora, se incorporó a la administración. Catriel estudia Agronomía en Río Cuarto y colabora con la operación de drones. Mateo cursa Comercio Exterior y comenzó su formación como piloto.
«Los chicos crecieron en el hangar. Siempre nos acompañaron y colaboraron de alguna manera. Nuestra prioridad fue que estudiaran, pero también que conocieran el trabajo desde adentro», relató Andrea.
Una experiencia que conecta educación y producción
Para los estudiantes de la UPrO, la jornada representó mucho más que una visita técnica. Fue una oportunidad para observar cómo los conocimientos adquiridos en el aula se aplican en un entorno productivo real, donde la tecnología, la capacitación y la responsabilidad profesional son fundamentales.
La experiencia dejó en evidencia que el sector agropecuario de San Luis continúa incorporando innovación y demandando recursos humanos cada vez más especializados. Y también mostró que detrás de cada máquina, cada avión y cada avance tecnológico, existen historias de esfuerzo, vocación y trabajo familiar que siguen impulsando el desarrollo productivo de la provincia.











