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En el campo de José Lorenzino, el maíz muestra su potencial con tecnología, genética y conocimiento compartido

En un contexto donde la agricultura del semiárido argentino continúa consolidando su identidad productiva, una jornada técnica realizada en el establecimiento La Juanita volvió a poner en primer plano el valor de la información local, la innovación y el trabajo colaborativo. A unos 30 kilómetros al sudoeste de San Luis, en cercanías de Juan W. Gez, el campo del productor José Lorenzino fue escenario de un encuentro que duplicó la convocatoria del año anterior y se perfila como una referencia creciente en la agenda agropecuaria regional.

El eje central de la jornada fue un recorrido técnico por ensayos comparativos de maíz, donde participaron ocho semilleras que exhibieron distintos materiales genéticos bajo condiciones productivas reales de la zona. La propuesta permitió a productores, asesores y empresas observar en simultáneo el comportamiento de híbridos frente a un mismo ambiente, una herramienta clave en una región donde la disponibilidad de información agronómica aún es limitada.

La convocatoria superó el centenar de asistentes, entre productores, técnicos y representantes de firmas vinculadas a insumos, maquinaria y servicios. La magnitud del evento también se reflejó en la expansión de la muestra estática, que duplicó la cantidad de stands comerciales respecto a la edición anterior. Este crecimiento evidencia no solo el interés del sector, sino también el posicionamiento de la jornada como un espacio estratégico en la denominada frontera agrícola puntana.


Uno de los aspectos más valorados por los asistentes fue la posibilidad de acceder a datos generados en condiciones específicas de San Luis. “Todos los semilleros tienen información de distintas regiones, pero de esta zona prácticamente no hay”, destacó Lorenzino consultado por El Semiárido. En ese sentido, subrayó que la referencia más cercana suele ser Río Cuarto, aunque las diferencias agroecológicas entre ambas regiones limitan la extrapolación de resultados.

La jornada cerro con las exposiciones de German Iturriza, sobre “Mercado, macroeconomía y clima”, y Maximiliano Bordas, sobre “estrategias de resiliencia metabólica: maximizando el potencial del cultivo bajo estrés en el semiárido”.

La iniciativa, impulsada por el propio productor junto a su asesor técnico Roberto Zaballa, apunta precisamente a cubrir ese vacío. No se trata solo de abrir las tranqueras del establecimiento, sino de compartir experiencias productivas reales que permitan mejorar la toma de decisiones.

“Cada campo tiene condiciones distintas, pero ver estos ensayos ayuda a ahorrar tiempo y dinero, porque el productor deja de experimentar a ciegas y puede apoyarse en lo que ya funciona”, explicó Lorenzino. En una zona donde la variabilidad climática y edáfica es alta, este tipo de información resulta determinante para definir estrategias de manejo, elección de híbridos y esquemas de fertilización.

Durante la jornada quedó en claro que el maíz ocupa un rol central en los planteos agrícolas de la región. Según Zaballa, este cultivo representa entre el 50% y el 56% de la rotación en el establecimiento, complementado por soja, girasol y, en menor medida, sorgo.

“En esta zona necesitamos sí o sí hacer maíz, es lo que más podemos transformar en carne”, afirmó Lorenzino, marcando la estrecha vinculación entre agricultura y ganadería. El destino del cultivo es mixto. Una parte se destina a picado y silaje, fundamental para sistemas ganaderos intensivos, mientras que el resto se comercializa como grano.

La rotación con otros cultivos, como soja y girasol, responde a la necesidad de preservar la sanidad del sistema y evitar problemas asociados a la repetición continua de maíz, como enfermedades fúngicas. En ese esquema, el sorgo comienza a ganar terreno, especialmente por su adaptación al ambiente y su utilización en la alimentación animal, en particular en sistemas porcinos.

Sin embargo, el propio productor remarcó las limitaciones regionales: “San Luis no es una zona sojera, tenemos noches muy frías y eso afecta al cultivo”. En contraste, el girasol muestra una evolución positiva gracias a mejoras genéticas, mientras que el sorgo avanza a medida que se incorporan nuevas tecnologías.

El cierre técnico de la primera parte de la jornada estuvo a cargo del ingeniero agrónomo Gustavo Thiessen, especialista en manejo de maíz en ambientes restrictivos, quien aportó una mirada innovadora basada en el uso de densidades ultra bajas.

Con más de dos décadas de experiencia en el sur de Buenos Aires, Thiessen expuso cómo la reducción progresiva de la densidad de siembra, desde esquemas tradicionales de 50.000 a 60.000 plantas por hectárea hasta rangos actuales de entre 10.000 y 25.000, permitió mejorar la estabilidad de los rendimientos en condiciones de alta variabilidad hídrica.

El concepto central de su planteo es abandonar la lógica de densidad fija para trabajar en función del “rendimiento objetivo”. A partir de ese parámetro, el productor puede ajustar la cantidad de plantas según el ambiente, optimizando el uso de recursos como el agua.

El especialista explicó además los distintos mecanismos de compensación de los híbridos, diferenciando entre materiales de doble espiga y aquellos con capacidad de macollar. Esta distinción resulta clave al momento de definir estrategias en bajas densidades, donde la plasticidad del cultivo juega un rol determinante.

Entre las ventajas del sistema, destacó una mayor estabilidad en años secos y una mejor adaptación a ambientes limitantes. No obstante, también advirtió sobre los riesgos, especialmente en siembras tardías, donde eventos como heladas pueden afectar significativamente el rendimiento al comprometer las estructuras secundarias de la planta.

Thiessen se incorporó al programa como un aporte de productores de la zona que integran el Grupo San Luis, que lo tiene como asesor de cabecera. Fue presentado por el productor Guillermo Pastor.

La jornada también incluyó una destacada muestra de maquinaria agrícola y servicios, donde la tecnología fue protagonista. Tractores, sembradoras, camionetas y soluciones digitales formaron parte de una exposición que reflejó el proceso de modernización del agro regional.

Uno de los puntos más innovadores fue la participación de la empresa Fly-In, dedicada a servicios agroaéreos, que presentó avances en pulverización y siembra aérea mediante el uso combinado de aviones y drones.

Maximiliano Cruceño, piloto y socio de la firma, explicó que la incorporación de banderilleros satelitales de última generación permite automatizar completamente las aplicaciones. “El piloto solo se encarga de volar; todo lo demás, apertura, cierre y regulación del caudal, se gestiona automáticamente desde un sistema previamente cargado”, detalló.

Esta tecnología no solo mejora la precisión de las aplicaciones, sino que también aporta transparencia, ya que genera informes detallados que se entregan al productor con mapas de cobertura y parámetros de trabajo. Además, la integración con drones amplía las posibilidades operativas, especialmente en lotes pequeños o con obstáculos.

“Hoy el dron es un complemento del avión. Podemos trabajar en conjunto en un mismo lote, lo que nos da una gran flexibilidad”, señaló Cruceño, quien destacó el crecimiento de la empresa y su apuesta constante por la innovación.

Más allá de los contenidos técnicos, la jornada dejó en evidencia el valor del trabajo colaborativo en el desarrollo del agro regional. La participación de múltiples semilleras, empresas de servicios y productores independientes generó un espacio de intercambio que potencia el aprendizaje colectivo.

Para Zaballa, este tipo de iniciativas son fundamentales en una provincia donde la agricultura aún está en proceso de consolidación. “No hay décadas de información acumulada, por eso tener ensayos locales de este tipo es sumamente importante”, afirmó.

En la misma línea, Lorenzino destacó el clima de camaradería que se genera en el evento: “Es un lugar donde el productor puede hablar tranquilo con quienes venden maquinaria, insumos o servicios. Eso también hace que cada vez se sume más gente”.

Con una convocatoria en crecimiento, mayor participación empresarial y un enfoque técnico cada vez más sólido, la jornada de La Juanita se posiciona como un espacio clave para el desarrollo agrícola de San Luis. En un entorno desafiante, donde cada decisión productiva cuenta, la combinación de conocimiento, tecnología y cooperación aparece como el camino para seguir ampliando la frontera productiva.