Los rostros mirando hacia el oeste cómo el sol destinaba los últimos rayos de luz; la media vuelta de los cuerpos porque ahí nomás llegaba la luna llena y la posterior caminata en derredor del fuego purificador, fueron los puntos culminantes de la conclusión de un año e inicio de otro de los integrantes del Pueblo Nación Pre existente Huarpe Pynkanta, en el territorio ancestral.
El paraje El Junquillal, ubicado en el punto tripartito entre San Luis, San Juan y Mendoza, fue el territorio testigo durante cuatro días dedicados a la reflexión, las asambleas y a las celebraciones que marcan un final y un nuevo lanzamiento hacia la vida de la comunidad, inserta en las sociedades del oeste de nuestro país.
Ese lugar es la residencia de la familia de Felipe y Antonia Gil, cuyo hijo, Samay Pachay Roque Miguel, es el Omta del Pueblo Nación Huarpe Pynkanta y quien coordina las diferentes instancias con las cuales se avanzó en la celebración.
Las y los huarpes que arribaron a El Junquillal se establecieron en carpas alrededor de la casa y el templo central. Jóvenes y adultos de las tres provincias cuyanas tuvieron una activa participación en cada una de propuestas.
Lo que se realizó durante los cuatro días fue “caminar el año pasado, sintetizado en ese tiempo”, explicó el Omta Roque Miguel Gil. En su relato expresó que se trabajó mucho “el amor, el perdón, el aguantarse, la paciencia, el cuerpo”, entre otros aspectos que involucran a la cultura ancestral.
Durante el primer día se caminó hacia el este. “Juntamos leña, entonamos cantos, hicimos recolección durante el recorrido, viendo señales, despedimos el sol y recibimos la luna. Fue como un mensaje al hombre”, narró el Omta.
El segundo día se trabajó con la tierra, las semillas, simbolizadas en la figura de los hijos. Cómo se deben integrar, cantando y bailando con ellos, escuchándolos, estimulando a que hablen la lengua huarpe, que tomen y reproduzcan la cultura.
Uno de los aspectos en los que se pone énfasis, es en que los niños incorporen que no son hijos aislados, sino del grupo. Se trata de ejercitar lo colectivo, de que cuando se habla con un niño o niña es el “niño/a de todos y debemos trabajar sobre él o ella para que tome un saber y una reproducción de lo comunitario”.
El tercer día, se dedicó a la mujer y el domingo con los ancianos.
El Omta puntualizó que se trabajó mucho el respeto a los mayores, a la naturaleza, el monte y la familia. “Hicimos el ejercicio de encontrarnos con el monte, después de este tiempo de pandemia. Le hablamos y lo escuchamos, además de que se expresa mediante señales de las cuales debemos saber hacer lectura sobre qué nos quiere transmitir”, dijo.
El domingo fuimos testigos de diferentes celebraciones, tales como la asamblea de ancianos, charlas colectivas, un casamiento realizado mediante el ritual Huarpe Pynkanta y concluyó con la despedida del sol, la salida de la luna y la danza alrededor del fuego purificador.
Consultado Roque Miguel Gil cuáles eran las expectativas para el año que se inicia, se manifestó pesimista en cuanto a la relación que los pueblos originarios mantienen con el Estado, en sus diferentes representaciones, por sentirse que no están contenidos en las políticas que debieran destinarles.
No obstante, reconoció que están utilizando las herramientas que les provee el sistema para recorrer un camino y formular proyectos, la mayor parte de ellos centrados en el desarrollo económico de las comunidades, con identidad.
Mencionó el armado de una fábrica de galletitas y la puesta en marcha de una escuela indígena, para revitalizar la cultura mediante elacompañamiento de los niños. El punto de partida de los proyectos lo han dado junto al Estado de la provincia de San Juan, mediante la puesta en marcha de una fábrica de alfajores, confeccionados con harina de algarroba.
“Nosotros queremos complementar con una fábrica de galletas”, resaltó el Omta.
Cuando el domingo las sombras poblaron el territorio, las y los integrantes de las comunidades que habían llegado a El Junquillal estuvieron compenetrados en el mensaje que la luna, con todo su brillo, les estuvo acercando para este nuevo ciclo que se inicia. Las intenciones, pedidos y ofrendas de cada uno se fueron escuchando, teniendo al río de estrellas como testigo universal de las prácticas ancestrales.
Fuente: Face de la SAFCI San Luis















