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El maíz transformó los suelos de San Luis y dio origen a nuevas economías locales

En el reciente congreso de Maizar 2025, desarrollado bajo el lema “Más maíz, más país”, el investigador del INTA San Luis Maximiliano Riglos ofreció una exposición que dejó en claro cómo el cultivo del maíz no solo se ha expandido en la provincia, sino que además está modificando profundamente las dinámicas productivas, los suelos y hasta la economía regional.

Riglos comenzó su intervención recordando un ejercicio interno realizado en la estación experimental dos años atrás: “Nos preguntamos qué nos identifica como INTA San Luis. La palabra que más resaltó fue ganadería, y ligada a ella, los suelos. Es una zona con suelos muy frágiles”. El manejo de pastizales se ubica en un segundo nivel de importancia, mientras que la agricultura aparece en tercer lugar, emergiendo con fuerza en un territorio históricamente ganadero.

De hecho, hasta 2010 no existía un grupo de producción agrícola en el INTA San Luis. “Nuestro equipo surgió a la par del crecimiento de la agricultura en la provincia, especialmente el maíz”, puntualizó.


El investigador explicó, apoyándose en mapas elaborados por María Otegui (2021), cómo el maíz fue desplazando la frontera agrícola hacia regiones semiáridas del país, incluyendo San Luis. Entre 1990 y 2010, y comparando luego con el período 2010-2019, los departamentos del centro y oeste mostraron los mayores incrementos relativos en superficie sembrada. “Los cambios más significativos se dieron justamente en zonas semiáridas, donde antes predominaban las pasturas”, indicó.

Las tres grandes regiones productivas

El corredor Quines–Candelaria: donde el maíz se produce bajo riego, con altas densidades de siembra y un amplio abanico de fechas, desde mediados de septiembre hasta diciembre. “Es maíz de potencial, orientado a maximizar rindes”, subrayó.

El Valle del Conlara: donde los suelos poseen mayor contenido de limo y las siembras comienzan a fines de diciembre. “Aquí no buscamos potencialidad, sino estabilidad. Las densidades se reducen a 40.000-50.000 plantas por hectárea”, detalló.

El centro y sur provincial: con suelos arenosos y baja capacidad de almacenaje de agua. “La ventana de siembra es muy acotada, porque las heladas tempranas obligan a sembrar entre fines de noviembre y el 5 de diciembre”, explicó.

Riglos remarcó que la agricultura en San Luis no puede desligarse del cuidado de los suelos. Presentó datos de un establecimiento cercano a Villa Mercedes, que desde 1999 viene midiendo la evolución de la materia orgánica. “Partieron de un valor de 1% y hoy están en 1,2. Puede parecer poco, pero en suelos frágiles es un avance enorme”, destacó.

El mismo trabajo reveló un salto en la fertilidad: en 1999, el 87% de los lotes tenía deficiencia de fósforo, y hoy solo el 7% está en esa situación. También se registró un aumento en la disponibilidad de zinc y mejoras estructurales ligadas al incremento de materia orgánica. “La base de este cambio es la rotación maíz–soja, que en partes iguales constituye el pilar de la sustentabilidad productiva”, explicó.

El avance del maíz no solo se refleja en la superficie sembrada. Riglos explicó que surgieron nuevas industrias alrededor del grano en zonas alejadas de los grandes puertos: “En Buena Esperanza hay una planta de bioetanol; en otras localidades, criaderos de cerdos con biodigestores que generan energía a partir del purín. La distancia al puerto, que era un problema, hoy se transforma en una oportunidad”.

Además, en departamentos lindantes con Mendoza se están probando densidades ultrabajas, entre 15.000 y 20.000 plantas, en suelos que hasta hace pocos años se destinaban exclusivamente a pasturas perennes.

El maíz como pilar de la rotación y del futuro

Para Riglos, el desafío hacia adelante no pasa por expandir la frontera, sino por mejorar el manejo. Mostró ensayos de simulación con distintas fechas de siembra y niveles de recarga hídrica, que evidencian la importancia de ubicar el período crítico del cultivo en la ventana óptima. “El agua, la fecha de siembra y el manejo siguen siendo las variables más influyentes para alcanzar mayores rindes”, sostuvo.

Finalmente, destacó un dato que refleja el presente productivo de la provincia: “A nivel nacional, la soja sigue siendo predominante. Pero en San Luis tenemos casi dos hectáreas de maíz por cada hectárea de soja. El maíz no solo crece: ya es el pilar de nuestra rotación y de la economía regional”.