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El Estado abre un nuevo canal de diálogo con el sector frutihortícola de San Luis

Con más de 300 asistentes, en el predio de Sol Puntano quedó conformada la Mesa Sectorial Frutihortícola y de Producción Familiar. Demandas históricas como agua, energía, caminos y financiamiento fueron el eje de una jornada que combinó debate, anuncios oficiales, capacitación y fuerte protagonismo del interior profundo.

Con una convocatoria que superó ampliamente las expectativas, el predio de Sol Puntano se transformó este sábado en el epicentro del debate productivo provincial. Más de 300 productores provenientes de distintos puntos de San Luis participaron de la conformación de la Mesa Sectorial Frutihortícola y de Producción Familiar, un ámbito impulsado por el Gobierno para construir políticas públicas desde el territorio y con la voz directa de quienes producen.

La jornada comenzó pasadas las 9:30 y reunió a actores de una amplia diversidad de actividades, como producción frutihortícola, ganadería caprina, ovina, bovina y porcina, avicultura, elaboradores de dulces y conservas, cerveceros artesanales, destiladores, viveristas y emprendedores rurales, entre otros. La magnitud de la convocatoria obligó a reforzar la logística prevista, sumando mesas y sillas dentro de la gran carpa montada para la ocasión.


El gobernador Claudio Poggi participó por video del encuentro y destacó la importancia de generar espacios de escucha real. “El objetivo es construir un ámbito de participación donde el sector público y el privado se escuchen mutuamente”, expresó, en el marco de una política que ya viene replicándose en otras actividades económicas de la provincia.

Durante el trabajo en comisiones, con 28 mesas organizadas por cadenas productivas, surgieron con claridad los principales problemas que enfrenta el sector. El acceso al agua fue, sin dudas, el reclamo más recurrente, con pedidos de extensión de acueductos para llegar a zonas históricamente relegadas. A esto se sumaron la necesidad de ampliar la red eléctrica rural, mejorar los caminos secundarios y rutas de tierra, y facilitar el acceso al financiamiento para la compra de maquinaria y mejoras productivas.

También se plantearon demandas vinculadas al acceso a genética animal, la mejora en la logística para acercar los productos a los centros de consumo, el impulso al asociativismo y la presencia territorial de organismos como el Senasa mediante oficinas móviles.

Tras escuchar las conclusiones de cada grupo, Poggi anunció que el Gobierno ya trabaja en un proyecto de ley para la creación de consorcios camineros zonales, con el objetivo de descentralizar el mantenimiento de caminos rurales: “Las máquinas deben estar cerca de donde se las necesita”, afirmó.

En paralelo, adelantó que en los próximos 30 días enviará a la Legislatura dos iniciativas clave, un plan maestro de agua y otro de energía, ambos con horizonte en 2035, que buscarán dar respuestas estructurales a dos de los principales cuellos de botella del desarrollo productivo.

La jornada no se limitó al intercambio de ideas. También incluyó instancias concretas de impulso a la producción. Se realizó la venta de reproductores caprinos, ovinos y porcinos, con un esquema de financiamiento que contempló un subsidio del 50% por parte del Estado y la posibilidad de pagar el saldo en tres cuotas, facilitando así el acceso a genética de calidad.

Además, se desarrollaron espacios de capacitación técnica sobre herramientas fundamentales para la formalización y comercialización de alimentos, como el Registro Nacional de Establecimientos (RNE), el Registro Nacional de Productos Alimenticios (RNPA) y las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM).

En paralelo, distintos stands brindaron asesoramiento sobre líneas de financiamiento, programas de formación y servicios disponibles, con el objetivo de fortalecer las capacidades productivas en todo el territorio provincial.

“Activá tu Huerta”, una apuesta al arraigo

En ese mismo marco se lanzó una nueva edición del programa “Activá tu Huerta”, una iniciativa que busca fomentar el autoabastecimiento, el emprendedurismo y la generación de empleo a partir de la producción hortícola.

El programa, desarrollado en conjunto con el ministerio de Desarrollo Productivo y el INTA, prevé la entrega de kits de semillas, que en esta temporada incluyen acelga, espinaca, lechuga, zanahoria, remolacha, arvejas, brócoli, cebolla y habas, junto con instancias de capacitación técnica.

El director de Producción Familiar, Diego Pierdominici, explicó que el esquema contempla tanto huertas familiares como proyectos productivos de mayor escala, especialmente en zonas con tradición hortícola como Quines, Candelaria, Nogolí, San Francisco y Luján.

Por su parte, el director de la Estación Experimental del INTA San Luis, Hugo Bernasconi, destacó la articulación sostenida con el Gobierno provincial: “Aportamos asistencia técnica y acompañamos la distribución de semillas a través de nuestras agencias de extensión en toda la provincia”.

Voces del interior profundo

En el marco de la conformación de la Mesa Sectorial Frutihortícola y de Producción Familiar impulsada por el Gobierno provincial, las voces de los productores comenzaron a delinear un mapa diverso, complejo y profundamente territorial. Desde pequeñas huertas familiares hasta sistemas ganaderos y producciones mixtas, los testimonios recogidos durante la jornada reflejan tanto el potencial productivo del interior como las dificultades estructurales que aún persisten.

Uno de los casos que sintetiza el espíritu emprendedor que busca canalizar esta nueva instancia de diálogo es el de Juan Quiroga, productor de la zona de San Pablo, en el Valle de Conlara. Docente jubilado, encontró en la producción hortícola y en la actividad avícola una forma de reconversión laboral y de arraigo territorial. Su experiencia comenzó en el marco de programas de fomento como Nuevas Empresas y continuó con líneas de crédito para emprendedores, lo que le permitió sostener y ampliar su iniciativa.

En su predio, Quiroga desarrolla una producción variada que combina hortalizas de estación, como zapallito verde, sandía y melón, con cultivos de hoja, entre ellos lechuga y acelga. Se trata, en principio, de una producción destinada al autoconsumo, aunque los excedentes encuentran salida comercial en mercados de cercanía, tanto a través de verdulerías como mediante venta directa puerta a puerta en localidades como Tilisarao y Concarán.

Sin embargo, el rasgo distintivo de su testimonio no radica únicamente en la diversificación productiva, sino en la búsqueda de organización colectiva. Frente a la proliferación de pequeños productores en la zona, Quiroga impulsa la conformación de un grupo asociativo bajo la denominación “El Caldén”, con el objetivo de compartir experiencias, reducir costos mediante compras conjuntas de insumos y, a mediano plazo, generar un espacio propio de comercialización. “La idea es juntarnos y crecer en conjunto”, sintetiza en dialogo con El Semiárido, al tiempo que destaca la apertura del actual gobierno provincial como una oportunidad para consolidar estos procesos.

La participación en la mesa sectorial, en su caso, tiene además un valor simbólico, se trata de la primera vez que el grupo recibe una invitación formal para integrar un ámbito de discusión de políticas públicas. Acompañado por la ingeniera del INTA Silvana Benítez, Quiroga también avanza en la reactivación de su emprendimiento avícola, centrado en la producción de pollo parrillero, una actividad que retoma tras haber sido discontinuada por razones laborales.

Un panorama muy distinto, aunque igualmente representativo de las realidades productivas del interior, es el que describe Marcelo Carreras, productor del paraje Planta de Sandía, en la zona rural de Paso Grande, departamento San Martín. Su actividad principal es la ganadería bovina, a la que recientemente sumó un sistema de producción de huevos con 1.500 gallinas ponedoras criadas en condiciones de bienestar animal, sin jaulas, lo que le permite acceder a un mercado diferenciado que valora este tipo de producto.

No obstante, su testimonio pone en primer plano una problemática estructural crítica: el acceso al agua. Ubicado en el extremo del acueducto San Martín Sur, Carreras denuncia que el recurso nunca llegó a su zona, y atribuye esta situación a deficiencias en la ejecución y control de la obra. “Es un colador”, grafica, al describir las fallas en la infraestructura, agravadas por las características geológicas del terreno, predominantemente rocoso.

La falta de agua no solo condiciona la producción, sino que ha tenido consecuencias dramáticas en el pasado reciente. Durante períodos de sequía extrema, relata, debieron abastecerse mediante camiones cisterna, mientras la mortandad de hacienda avanzaba sin respuestas estatales. A ello se suma la problemática de la calidad del agua disponible, con altos niveles de arsénico que la vuelven no apta para consumo humano y que, según su percepción, impactan en la salud de la población local.

A pesar de este contexto adverso, Carreras mantiene una mirada positiva y plantea alternativas concretas, como la construcción de reservorios y sistemas de distribución por gravedad que podrían abastecer a decenas de familias sin requerir grandes inversiones. “Con agua se pueden hacer mil actividades”, afirma, convencido de que el potencial productivo de la región está subutilizado en gran medida por esta limitante.

Su historia también refleja los vaivenes de la actividad ganadera en ambientes restrictivos. Con proyectos que incluyeron la formación de una cabaña Hereford, debió reconfigurar su esquema productivo ante las pérdidas ocasionadas por la sequía y factores asociados, como la ingestión de especies tóxicas por parte del ganado en contextos de escasez forrajera. “Se me fueron todos los sueños”, resume, en una frase que condensa el impacto de estas crisis sobre los productores.

Desde otra escala productiva, Gabriel Mesa, de la localidad de Luján, aporta la visión de un sistema diversificado en un predio de apenas dos hectáreas, donde conviven producciones caprinas, bovinas y porcinas. En su caso, la apuesta está puesta en la intensificación y en la eficiencia del uso del espacio, con un foco creciente en la producción porcina como eje de desarrollo.

Mesa valora especialmente la instancia de la mesa sectorial como un ámbito de participación genuina, donde los productores pueden expresar sus necesidades y contribuir a la construcción de políticas públicas. “Muchas veces las decisiones se toman desde una oficina; esto es distinto, es preguntarle a la gente qué necesita”, destaca, en referencia al enfoque impulsado por el gobierno provincial.

Entre sus proyectos a corto plazo figura la implementación de sistemas de producción porcina en cama profunda, tanto para la venta de lechones como de capones, así como la posibilidad de avanzar en la elaboración de chacinados y embutidos, agregando valor a su producción. Sin embargo, reconoce que uno de los desafíos inmediatos es la formalización de la faena, actualmente realizada de manera precaria, y la articulación con el matadero habilitado en San Martín para mejorar las condiciones sanitarias y comerciales.

Los tres testimonios, con sus matices y particularidades, convergen en un punto común, la necesidad de políticas públicas construidas desde el territorio, que reconozcan la heterogeneidad de los sistemas productivos y atiendan tanto las oportunidades como las limitaciones de cada región. La Mesa Sectorial Frutihortícola y de Producción Familiar aparece, en este contexto, como un primer paso hacia ese objetivo, al abrir un canal de diálogo directo entre el Estado y quienes sostienen la producción en el día a día.