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Investigación: el calor extremo frena el crecimiento de los bosques en San Luis

Dendrómetros colocados en cada uno de los troncos de caldén.

Un estudio liderado por la doctora Stella Bogino revela cómo las olas de calor afectan el desarrollo de los bosques nativos, y posiciona al caldén como un indicador clave del cambio climático en la región.

Los bosques de San Luis están dejando de crecer. Así de contundente es la principal conclusión de un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) y del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA – CONICET), bajo la coordinación de la doctora Stella Bogino, docente e investigadora de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias de la UNSL. El trabajo, desarrollado en el marco de la Red Federal Bosque-Clima, apunta directamente al cambio climático como el gran responsable de esta alarmante interrupción del ciclo vital de los árboles.

En un escenario donde el calentamiento global ya no es una amenaza futura sino una realidad palpable, los científicos han podido observar de manera precisa y detallada cómo el calor extremo, y en particular las olas de calor frenan literalmente el crecimiento de los caldenes, la especie arbórea más emblemática de la provincia. Los árboles, ante estas condiciones severas, reaccionan como si fuera pleno invierno: detienen su desarrollo, incluso cuando cuentan con suficiente agua en el suelo para continuar creciendo.


El estudio forma parte de un esfuerzo internacional encabezado por el Dr. Ricardo Villalba (CONICET, IANIGLA), quien coordina la Red Federal Bosque-Clima. Este consorcio reúne a 93 investigadores de Argentina y Chile, con el ambicioso objetivo de monitorear el crecimiento de los árboles más representativos en distintas regiones del Cono Sur, desde Misiones hasta Punta Arenas. San Luis está representada por un equipo de investigación liderado por Bogino e integrado por María Alicia Cendoya, Lucía Risio, Cristian Aostri, Eliana Fernández y Camila Rubiolo.

En el terreno, el monitoreo se lleva a cabo mediante una tecnología innovadora: los dendrómetros. Se trata de sensores electrónicos de alta precisión colocados directamente sobre el tronco de cada árbol, capaces de registrar su crecimiento cada 15 minutos. Esta frecuencia de medición permite conocer, con un nivel de detalle sin precedentes, cómo responden los árboles a factores ambientales como las lluvias, la temperatura o la humedad.

Gracias a estos dispositivos, los científicos descubrieron un fenómeno fascinante: el crecimiento de los caldenes es completamente sincrónico. Aunque cada árbol es un individuo, todos responden al unísono a los estímulos del ambiente, como si fueran parte de un solo organismo colectivo. “Es como si los árboles estuvieran conectados entre sí”, explicó Bogino. “Ante una lluvia, todos reaccionan igual. Ante una ola de calor, todos frenan su crecimiento. Es un comportamiento de equipo admirable”.

Pero la principal revelación del estudio fue otra, y mucho más inquietante. Durante el verano 2024-2025, se registraron en San Luis varias olas de calor según criterios científicos estrictos: al menos tres días consecutivos con temperaturas mínimas y máximas que superaron los umbrales establecidos para la región (17,9 °C y 35 °C respectivamente). En cada uno de esos episodios, los dendrómetros registraron el mismo patrón: los árboles detenían su crecimiento abruptamente, como si se tratara de una pausa invernal forzada.

Para la investigadora, este comportamiento es indicativo de un proceso de defensa: frente a temperaturas excesivas que comprometen su metabolismo, los árboles interrumpen su actividad como mecanismo de supervivencia. Sin embargo, advirtió que si estas condiciones extremas se vuelven recurrentes, esa pausa puede convertirse en un freno sostenido que afecte de manera irreversible su desarrollo.

Según los investigadores, esta situación no es un caso aislado. En los últimos 50 años se han documentado casi 700 eventos de mortalidad masiva de árboles en todo el mundo provocados por olas de calor y sequías prolongadas. Lo más alarmante es que ningún tipo de bosque está a salvo: incluso aquellos que históricamente no han sufrido por escasez de agua, como los de zonas templadas, están mostrando vulnerabilidad creciente.

Descripción gráfica del efecto de las olas de calor durante el último verano (2024
2025) en el crecimiento diario de los caldenes (línea verde y línea negra).

La advertencia del caldén: un llamado a la acción

El caldén, símbolo del bosque chaqueño austral y patrimonio natural de San Luis, se transforma así en un testigo privilegiado del cambio climático. Su crecimiento detenido no solo revela la magnitud del problema ambiental, sino que también interpela a la sociedad en su conjunto sobre la urgencia de tomar decisiones responsables.

“La humanidad ha modificado el clima y el entorno en que vivimos”, afirmo la doctora Bogino. “Los árboles nos lo están diciendo de forma silenciosa pero elocuente. Tenemos la responsabilidad de escuchar y actuar”.

La investigadora subrayo que los árboles habitan la Tierra desde hace más de 380 millones de años y han sido testigos de numerosos cambios planetarios. Sin embargo, el ritmo actual de alteración ambiental es sin precedentes: “Estamos frente a un nuevo escenario. Y lo que estamos viendo en San Luis es una señal clara de que los bosques ya están sintiendo los efectos de nuestras acciones”.

La ciencia, en este contexto, cumple un rol esencial no solo para diagnosticar lo que ocurre, sino también para advertir a tiempo. El trabajo del equipo de la UNSL y del IANIGLA representa un valioso aporte en esa dirección, utilizando tecnología de vanguardia y un enfoque colaborativo para entender, en profundidad, cómo los árboles responden al entorno.

El mensaje que dejan los caldenes no puede ser más claro. La combinación de olas de calor, sequías e inacción puede comprometer no solo la salud de los bosques, sino también los múltiples servicios ecosistémicos que brindan: desde la regulación del clima y el ciclo del agua hasta la provisión de sombra, hábitat y belleza natural.

Frente a este panorama, la doctora Bogino llama a repensar la relación entre sociedad y ambiente. “El tiempo para actuar se está agotando. Cada decisión que tomamos sobre el uso del suelo, la emisión de gases, la protección de los bosques o la planificación urbana tiene un impacto directo. Los caldenes nos están mostrando que ya no hay margen para la indiferencia”.

Fotos: Gentileza Dra. Stella Bogino.