En una jornada realizada en San Luis, Gonzalo Amieva García destacó el valor de diagnosticar antes de gestionar. Mostró aplicaciones para evaluar pasturas, reconocer escurrimientos y medir la erosión, con ejemplos de relevamientos en la provincia.
El campo dispone de imágenes satelitales, mapas de rendimiento, registros climáticos y sensores cada vez más sofisticados. Sin embargo, esa abundancia de información no siempre se traduce en mejores decisiones. Cómo transformar los datos en herramientas concretas de manejo fue el eje de la exposición de Gonzalo Amieva García durante una jornada organizada por el Colegio de Ingenieros Agrónomos de San Luis (CIAPA SL), Bactools Agrotech y AGREFERTAR SA, en la Zona de Actividades Comerciales (ZAC).
Bajo la premisa de “diagnosticar antes de gestionar”, el expositor presentó las posibilidades de la teledetección y los drones para caracterizar los establecimientos y seguir sus cambios. Su planteo partió de una dificultad habitual: aun con numerosos recursos disponibles, las decisiones productivas suelen apoyarse en la experiencia del año anterior, la intuición o las prácticas de otros productores, sin integrar toda la información del propio campo.
Vinculado al proyecto Espinal y con formación en el área de los recursos naturales renovables, Amieva García propuso construir un diagnóstico inicial que contemple las condiciones agroecológicas, la organización productiva, las tecnologías disponibles, la infraestructura y las relaciones sociales e institucionales que rodean a cada actividad.
Ese conocimiento, explicó, debe actualizarse mediante mediciones que permitan evaluar los resultados y ajustar las decisiones del siguiente ciclo. Es la base del manejo adaptativo: aprender de lo realizado y actuar en un escenario donde siempre existe incertidumbre.
En ese proceso, los drones aportan una escala de observación que complementa los recorridos y muestreos a campo y las imágenes satelitales. Cada herramienta tiene ventajas y limitaciones. Mientras los satélites permiten reconstruir la historia de un lote, los vuelos ofrecen un mayor nivel de detalle y la posibilidad de programar relevamientos según las necesidades del establecimiento.
El potencial también depende de los sensores utilizados. Las cámaras de luz visible permiten identificar coberturas, sectores de suelo desnudo y cárcavas, además de generar modelos del terreno. Los sensores multiespectrales aportan información para construir índices de vegetación y reconocer diferencias de vigor o áreas que requieren una revisión.

Los térmicos, por su parte, permiten detectar variaciones de temperatura útiles para evaluar problemas de riego o posibles pérdidas de agua. Otras tecnologías, como LiDAR y los sensores hiperespectrales, amplían las posibilidades de estudiar la estructura de la vegetación y distintas características de los ambientes.
Amieva García insistió en que la interpretación de esas imágenes necesita contrastarse con observaciones y muestras tomadas en el terreno. Para estimar oferta forrajera, por ejemplo, los registros del dron deben calibrarse con cortes y mediciones de biomasa.
Uno de los ejemplos presentados correspondió a un lote de 45 hectáreas de centeno sobre rastrojo de maíz, relevado después del pastoreo. El trabajo permitió distinguir zonas bajas, medias y altas, sectores potencialmente encharcables y líneas de escurrimiento.
También mostró la concentración de animales alrededor de un único bebedero y su relación con sectores donde comenzaban a definirse escurrimientos. Esa información puede aportar criterios para revisar la distribución del agua y el manejo del pastoreo. En ese relevamiento, informó, obtuvo imágenes con una resolución de 2,5 centímetros por píxel.
Otro caso estuvo enfocado en un tramo de un kilómetro de cauce del río Nuevo, sobre una superficie relevada de unas 44 hectáreas. Según detalló, el establecimiento había perdido alrededor de 4,5 hectáreas de superficie solamente por el desarrollo del cauce en ese sector.
El análisis permitió reconocer, además, la cercanía de caminos y límites de lotes a los bordes de la cárcava, un dato relevante para anticipar replanteos. El ejemplo mostró que la dinámica del agua y la erosión excede los alambrados y obliga a observar el territorio en una escala más amplia.
Para comenzar a construir esos diagnósticos, el expositor mencionó recursos de acceso gratuito, como la Red de Estaciones Meteorológicas de San Luis, GeoINTA, las estimaciones agrícolas nacionales y MapBiomas.
La propuesta fue integrar esas fuentes con el conocimiento del productor y las mediciones del establecimiento. El valor de la tecnología, sostuvo, aparece cuando permite comprender qué ocurre en el campo y convertir ese diagnóstico en decisiones de manejo.







