Inicio Agricultura Antonio Esteban Agüero y el maíz que sigue alimentando la identidad argentina

Antonio Esteban Agüero y el maíz que sigue alimentando la identidad argentina

En una columna dedicada al avance de la integración entre agricultura y ganadería, el periodista Héctor Huergo rescató uno de los versos más emblemáticos de «Digo la Mazamorra», la obra inmortal del poeta puntano Antonio Esteban Agüero. A más de medio siglo de su creación, el canto al maíz conserva una sorprendente vigencia en una Argentina donde el cereal continúa expandiendo fronteras y generando riqueza.

Cuando el periodista agropecuario Héctor Huergo cerró su reciente análisis sobre el crecimiento del maíz y su integración con la ganadería citando un fragmento de «Digo la Mazamorra», no apeló solamente a una referencia literaria. También evocó una de las obras más representativas de la identidad cultural argentina y, especialmente, del legado de San Luis.

«Yo le beso las manos al Inca Viracocha, porque inventó el maíz y enseñó su cultivo», escribió el poeta puntano Antonio Esteban Agüero, en un verso que resume el profundo valor histórico, cultural y simbólico de un cultivo que hoy vuelve a ocupar un lugar central en el desarrollo productivo del país.


La mención aparece al final de una extensa columna publicada por Huergo, donde analiza el fenómeno de la creciente integración entre agricultura y ganadería, un proceso que tiene al maíz como protagonista excluyente. Desde los sistemas intensivos de engorde bovino en Corrientes hasta los modernos feedlots de la Patagonia, el cereal se consolida como la base de una transformación productiva que multiplica la generación de carne y agrega valor en origen.

Sin embargo, mucho antes de que los técnicos hablaran de eficiencia de conversión, silajes de alta calidad o producción de bioetanol, Agüero ya había comprendido la trascendencia del maíz como elemento fundacional de la cultura americana.

Considerado uno de los máximos exponentes de la poesía argentina del siglo XX, Antonio Esteban Agüero convirtió a la naturaleza, las tradiciones y el hombre de tierra adentro en protagonistas permanentes de su obra. Su célebre poema «Digo la Mazamorra», escrito con una sensibilidad profundamente criolla, elevó un alimento popular a la categoría de símbolo nacional.

La mazamorra, preparada a partir del maíz, aparece en el texto como mucho más que una comida. Es memoria colectiva, encuentro familiar, trabajo rural e identidad cultural. A través de sus versos, Agüero rinde homenaje a los pueblos originarios que domesticaron el cereal y a las generaciones de agricultores que hicieron posible su permanencia a lo largo de los siglos.

La actualidad parece darle la razón al poeta.

Según describe Huergo, el maíz atraviesa una nueva etapa de expansión territorial y tecnológica. La frontera productiva avanza hacia regiones donde décadas atrás parecía impensado obtener rendimientos competitivos. En Río Negro, por ejemplo, los sistemas bajo riego permiten alcanzar producciones que sostienen modernos establecimientos ganaderos. En Corrientes, la incorporación del cereal a esquemas integrados con arroz y ganadería está generando nuevas oportunidades para agregar valor y retener riqueza en origen.

La lógica es sencilla pero poderosa: donde hay maíz, crece la ganadería. Y donde existe una ganadería moderna e intensiva, la demanda de maíz aumenta de manera constante. Así se consolida un círculo virtuoso que fortalece economías regionales, genera empleo y multiplica la producción de alimentos.

En ese contexto, los versos de Agüero adquieren una dimensión inesperadamente contemporánea. El cereal que inspiró al poeta continúa siendo una herramienta de desarrollo y un motor de transformación económica para vastas regiones del país.

No es casual que la referencia aparezca justamente en un momento en que el maíz argentino vive una etapa de innovación permanente. El crecimiento de la superficie destinada a silajes, la expansión de los sistemas de engorde a corral, el aprovechamiento de subproductos de la industria del etanol y la incorporación de nuevas tecnologías de riego muestran que el cultivo sigue ampliando horizontes.

Desde San Luis, tierra natal de Antonio Esteban Agüero, la reivindicación de aquella obra cobra un significado especial. El poeta logró transformar un producto agrícola en patrimonio cultural. Lo que para muchos era simplemente un alimento cotidiano, para él representaba la historia misma de América.

Por eso, cuando los especialistas del agro describen hoy al maíz como la «llave maestra» de la nueva ganadería argentina, resulta inevitable recordar aquellos versos escritos décadas atrás. En ellos conviven la gratitud hacia los pueblos originarios, el reconocimiento al trabajo rural y la celebración de un cultivo que continúa alimentando tanto a las personas como a los sueños de desarrollo del interior productivo.

La modernidad habla de genética, riego, biotecnología y eficiencia. Agüero hablaba de la mazamorra. Pero ambos discursos terminan encontrándose en un mismo punto: el reconocimiento de la extraordinaria importancia del maíz para la historia, la cultura y el futuro de la Argentina.