Un trabajo realizado por la Estación Experimental Agropecuaria San Luis evaluó ocho híbridos comerciales de maíz bajo dos densidades de siembra en condiciones de secano. Los resultados evidenciaron que una mayor población de plantas permitió incrementar significativamente el rendimiento, aunque los investigadores advirtieron que las conclusiones corresponden a una única campaña y no deben extrapolarse a otros ambientes.
El maíz continúa afirmándose como uno de los cultivos estratégicos para la producción agropecuaria de San Luis. Además de su importancia económica, el cereal cumple un papel clave en la sustentabilidad de los sistemas agrícolas y en la generación de valor agregado a través de su transformación en carne bovina, porcina y aviar, alimentos balanceados y bioetanol. En ese contexto, la Estación Experimental Agropecuaria San Luis del INTA presentó los resultados de un ensayo que evaluó el comportamiento de ocho híbridos comerciales bajo dos densidades de siembra en condiciones de secano durante la campaña 2025/2026.
El trabajo lo desarrolló el ingeniero agrónomo Maximiliano Riglos en el campo experimental del INTA, en Villa Mercedes, sobre un lote con cinco años de antecesor alfalfa. Los investigadores compararon una densidad alta de 8,5 plantas por metro cuadrado con otra de 5 plantas por metro cuadrado, analizando variables como rendimiento en grano, producción de biomasa, número y peso de los granos, captura de radiación y disponibilidad de agua en el perfil del suelo.
Las condiciones climáticas marcaron buena parte de los resultados. Si bien durante diciembre y enero se registró un déficit hídrico por las escasas precipitaciones, las abundantes lluvias de febrero y marzo coincidieron con el período crítico del cultivo, favoreciendo la floración y la formación de granos. Además, las temperaturas extremas fueron escasas durante esa etapa, reduciendo el impacto del estrés térmico sobre el rendimiento.
Entre los materiales evaluados, los híbridos LT 722 VT3 PRO y LT 723 TRE alcanzaron los mejores resultados, superando los 9.000 kilogramos por hectárea bajo alta densidad de siembra. También se destacaron NK 835 VIP 3 y ARG 7718 VT3 PRO, que integraron un segundo grupo de alto desempeño productivo.

Uno de los principales hallazgos del ensayo fue el efecto positivo de incrementar la cantidad de plantas por unidad de superficie. En promedio, la alta densidad elevó el rendimiento de los ocho híbridos en un 28,6%, impulsado principalmente por un mayor número de granos por metro cuadrado, que compensó ampliamente la disminución del peso individual de los granos. El híbrido ARG 7718 VT3 PRO fue el que mostró la mayor respuesta al aumento de la densidad, con una mejora del 72,3% en el rendimiento respecto de la siembra menos densa.
El estudio también determinó que los cultivos implantados con mayor densidad interceptaron más radiación solar durante el llenado de granos, lo que contribuyó a explicar su mayor productividad. Como contrapartida, esa mayor cantidad de plantas incrementó el consumo de agua del perfil del suelo durante el período crítico del cultivo.
En las conclusiones, los especialistas señalaron que el rendimiento promedio obtenido con alta densidad alcanzó los 7.408 kilogramos por hectárea, frente a los 5.825 kilogramos registrados en la baja densidad, lo que representa una diferencia de 1.583 kilogramos por hectárea, equivalente a un incremento del 27,2%. Asimismo, destacaron que existieron diferencias importantes entre híbridos en su respuesta al aumento de la población de plantas.
No obstante, el INTA remarcó que los resultados corresponden a una única campaña agrícola, realizada en un solo sitio y sobre un lote con características particulares de fertilidad debido al antecesor alfalfa. Por ese motivo, el organismo aclaró que el informe no constituye una recomendación de híbridos, densidades de siembra, fechas de implantación ni estrategias de fertilización, sino un aporte de información técnica para continuar generando conocimiento local sobre el cultivo de maíz en San Luis.













