El INTA y la empresa Palo Verde presentaron tres nuevas variedades de alfalfa desarrolladas en el marco de un convenio de más de una década. Los materiales apuntan a mejorar la calidad de heno, producir en suelos salinos y reducir el riesgo de empaste en sistemas de pastoreo.
Tras más de una década de trabajo conjunto, el INTA y la empresa Palo Verde presentaron en Oncativo, Córdoba, tres nuevas variedades de alfalfa desarrolladas para dar respuesta a problemas concretos de los sistemas ganaderos argentinos. Los nuevos materiales apuntan a mejorar la calidad del heno, producir en suelos salinos y reducir el riesgo de empaste en planteos de pastoreo directo.
El lanzamiento es el resultado de un convenio de vinculación tecnológica iniciado en 2009, que combinó el trabajo de mejoramiento genético del INTA con la capacidad de multiplicación y llegada al mercado de la empresa semillera. «Mostramos las tres últimas variedades, fruto de 13 años de investigación y desarrollo«, explicó Ariel Odorizzi, investigador del INTA Manfredi y coordinador del convenio. El eje del programa fue claro: productividad, persistencia y adaptación a distintos ambientes y usos.

Entre los materiales presentados se destacan Amaya PV INTA, Kumen PV INTA y Maltén PV INTA, cada uno con un perfil específico. Amaya y Kumen fueron inscriptas en el INASE en 2019, mientras que Maltén completó su registro en 2023. En todos los casos, el INTA actúa como obtentor de la variedad y, una vez concluido el proceso de inscripción, transfiere el material a la empresa para su multiplicación y comercialización, asegurando que los desarrollos lleguen efectivamente al productor.
Amaya PV INTA está orientada a la producción de heno de alta calidad. Se trata de una alfalfa extremadamente sin reposo invernal (grado 10), con una elevada expresión multifoliolada, que mejora la relación hoja/tallo y eleva el contenido de proteína bruta, sin resignar digestibilidad. «La premisa fue incrementar la proteína y la relación hoja/tallo, aumentando la cantidad de folíolos por hoja», explicó Odorizzi. Tras cuatro ciclos de selección, el equipo logró una variedad con cerca del 80 % de multifoliosidad, un atributo clave para abastecer mercados de heno premium.
Para los sistemas de pastoreo directo, una de las principales innovaciones es Maltén PV INTA, una variedad sintética sin reposo invernal, grado 8, desarrollada para reducir el riesgo de empaste. Según explicó Valeria Arolfo, investigadora del INTA Manfredi y coordinadora de la Red Nacional de Cultivares de Alfalfa, «la característica fundamental de este cultivar es su menor potencial timpanizante«. A partir de un material previo del programa, el equipo logró reducir en un 10,6 % el potencial de empaste, sin perder porte erecto ni capacidad productiva, un avance clave para la ganadería intensiva.

El tercer material, Kumen PV INTA, responde a una demanda creciente de los sistemas ganaderos que operan en ambientes restrictivos. Se trata de una variedad sintética sin reposo invernal, grado 9, desarrollada para tolerar y producir en suelos salinos. «Fue creada para producir en ambientes difíciles, como los suelos salinos», señaló Mónica Cornacchione, investigadora del INTA Santiago del Estero. El proceso incluyó varios años de selección fenotípica en condiciones exigentes y evaluaciones en ambientes controlados y a campo, hasta llegar a su registro final.
Una vez lanzadas al mercado, las variedades pasan a integrar la Red Nacional de Cultivares de Alfalfa, coordinada por el INTA, que evalúa su comportamiento en 11 localidades del país, desde Chaco hasta Chubut, en condiciones de secano y riego. «La red busca medir producción, persistencia y adaptación en ambientes reales», explicó Arolfo, y agregó que también cumple un rol estratégico en las etapas previas del mejoramiento, permitiendo validar materiales antes de su lanzamiento comercial.
Con estos desarrollos, el INTA y Palo Verde refuerzan una estrategia clara: poner la genética al servicio de problemas concretos del productor. En un contexto donde la eficiencia forrajera es clave para la competitividad ganadera, contar con alfalfas adaptadas a distintos ambientes y sistemas de uso puede marcar una diferencia decisiva en los planteos productivos.











