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Ahora roban tranqueras en campos de San Luis y crece la alarma entre productores

En un nuevo capítulo de los delitos rurales que golpean al sector agropecuario, productores y encargados de establecimientos del interior de la provincia de San Luis denunciaron un hecho tan inusual como preocupante: el robo sistemático de tranqueras de madera. La situación, que hasta hace poco parecía aislada, comienza a mostrar señales de repetición y organización, generando inquietud en zonas productivas clave.

La alerta se encendió luego de que Nicolás Ríos Centeno, encargado de Agricultura del establecimiento perteneciente a la empresa Ser Beef, hiciera pública la situación a través de su cuenta en la red social X. En su publicación relató un episodio ocurrido en los últimos días que dejó en evidencia una modalidad delictiva poco frecuente, pero con impacto directo en la operatividad rural.

“Tres tranqueras de madera nos robaron antenoche en el campo. Zona Paso de las Carretas, San Luis. Dice la policía de Fraga que han recibido denuncias por más de 20 tranqueras robadas en la zona. Insólito”, expresó el encargado, reflejando el desconcierto que genera este tipo de hechos entre quienes trabajan en el ámbito rural.


Lo que inicialmente podría interpretarse como un hecho aislado, rápidamente cobró otra dimensión al conocerse que las autoridades policiales de la localidad de Fraga habrían recibido denuncias por el robo de más de 20 tranqueras en distintos establecimientos cercanos. La reiteración de los episodios alimenta la sospecha de que no se trata de actos oportunistas, sino de una modalidad que podría estar organizada y orientada a la reventa de materiales.

Las tranqueras cumplen un rol fundamental en la estructura productiva de cualquier establecimiento agropecuario. No sólo permiten controlar el ingreso y egreso de animales y maquinaria, sino que también son parte esencial del sistema de seguridad interna de los campos. Su ausencia no solo genera costos económicos directos por reposición, sino que también abre la posibilidad de fugas de hacienda, intrusiones o accidentes.

En establecimientos ganaderos y agrícolas, especialmente en zonas extensas como las del centro y sur provincial, cada tranquera representa un punto estratégico dentro de la logística diaria. Su robo implica no solo la pérdida del material, muchas veces confeccionado con maderas duras y de alto valor, sino también la interrupción de tareas rutinarias y el aumento del riesgo operativo.

El robo de tranqueras se suma a un conjunto de delitos rurales que vienen registrándose en distintas regiones del país, donde históricamente predominaban el abigeato y el hurto de herramientas, combustibles o insumos agrícolas. Sin embargo, la sustracción de estructuras completas como tranqueras introduce una nueva dimensión en la problemática.

Productores de la zona consideran que el valor de la madera, sumado a la facilidad para su reventa o reutilización en construcciones rurales y urbanas, podría explicar el interés por este tipo de elementos. En algunos casos, las tranqueras son fabricadas con maderas de alta resistencia, lo que eleva su valor económico y las convierte en piezas codiciadas.

Además, la remoción de una tranquera no es una tarea menor. Requiere tiempo, herramientas y cierta logística para su traslado, lo que refuerza la hipótesis de que los hechos podrían involucrar a más de una persona y vehículos preparados para transportar piezas voluminosas.

Para los productores, la reposición de una tranquera representa un gasto significativo, especialmente cuando se trata de estructuras de madera dura o de fabricación artesanal. A ello se suma el costo del transporte, la mano de obra para su instalación y el tiempo perdido en reorganizar los accesos internos del campo.

Pero más allá del costo económico, el impacto operativo puede ser aún mayor. La ausencia de tranqueras facilita el ingreso no autorizado de personas o animales, aumenta el riesgo de extravío de hacienda y complica el manejo diario de los rodeos y la maquinaria agrícola.

En zonas como Paso de las Carretas, donde se registró el episodio denunciado por el establecimiento Ser Beef, la distancia entre los puntos de acceso y el casco principal de los campos dificulta la vigilancia permanente, lo que deja expuestas estas infraestructuras.

El episodio vuelve a poner en agenda la problemática de la seguridad en áreas rurales, un tema recurrente entre productores y entidades del sector. La extensión territorial, la baja densidad poblacional y la limitada presencia policial en algunos sectores hacen que la prevención del delito resulte compleja.

En este contexto, los productores suelen apoyarse en redes de comunicación entre vecinos y sistemas de vigilancia privada, aunque estas herramientas no siempre son suficientes frente a modalidades delictivas que evolucionan con el tiempo.

La información aportada por la Policía de Fraga, que menciona más de 20 denuncias por robos similares en la zona, sugiere que el fenómeno podría estar extendiéndose y requiere una respuesta coordinada entre fuerzas de seguridad y autoridades provinciales.

La denuncia pública realizada por Nicolás Ríos Centeno no sólo visibilizó el caso puntual ocurrido en el establecimiento de Ser Beef, sino que también puso en evidencia una problemática emergente que comienza a generar inquietud en distintas regiones productivas de San Luis.

Para muchos productores, la repetición de estos hechos constituye un llamado de atención sobre la necesidad de reforzar medidas de seguridad y promover acciones conjuntas que permitan prevenir nuevos episodios.

Mientras tanto, el robo de tranqueras, un elemento tan básico como indispensable en la vida rural, se convierte en un símbolo de una preocupación mayor: la vulnerabilidad creciente de las infraestructuras del campo frente a nuevas modalidades delictivas que afectan directamente la producción y la tranquilidad de quienes viven y trabajan en el interior provincial.

Fotos: Nicolás Ríos Centeno.