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Advierten sobre un otoño con riesgo de bache forrajero para la ganadería en San Luis

El trimestre febrero-abril combinaría temperaturas por encima de lo normal y lluvias variables. Especialistas recomiendan anticipar decisiones de manejo para evitar pérdidas productivas.

El comportamiento del clima durante el tramo final del verano y el inicio del otoño vuelve a instalarse como un factor determinante para la producción ganadera en San Luis. De acuerdo con tendencias climáticas estacionales del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el trimestre comprendido entre febrero y abril podría presentar temperaturas superiores a los promedios históricos y precipitaciones dentro de valores normales o levemente inferiores, un escenario que obliga a planificar el manejo del pasto y la carga animal con anticipación.

Según el análisis agroclimático, febrero seguiría mostrando condiciones típicas de verano, con buena producción de biomasa forrajera, aunque con el riesgo de que el calor acelere la maduración de las pasturas, reduciendo su calidad nutricional. En este contexto, los sistemas pastoriles podrían registrar altos niveles de crecimiento, pero con forraje más fibroso y menor contenido proteico.


El panorama comienza a tornarse más desafiante hacia marzo, considerado el mes de transición más sensible. Allí, la combinación de temperaturas elevadas y lluvias irregulares podría provocar una caída en la tasa de rebrote de las pasturas megatérmicas y una mayor senescencia del material vegetal, reduciendo la disponibilidad forrajera en forma anticipada.

Para abril, los especialistas proyectan el inicio del tradicional bache forrajero otoñal, impulsado por la disminución de las precipitaciones, la menor radiación solar y el descenso de las temperaturas. Este proceso suele traducirse en una reducción significativa en la producción de materia seca y en una mayor necesidad de suplementación estratégica.

Los pastizales naturales serranos, característicos de gran parte del territorio puntano, presentan una fuerte dependencia de las lluvias estivales. En este sentido, podrían mostrar buen volumen de producción si febrero mantiene niveles adecuados de precipitaciones, aunque con alto riesgo de caída rápida hacia el otoño si el régimen hídrico se vuelve irregular.

En el caso de las pasturas megatérmicas implantadas, como Panicum o Gatton panic, el escenario térmico proyectado favorecería el crecimiento durante febrero. Sin embargo, estas especies también muestran sensibilidad a los déficits hídricos, lo que podría generar reducciones abruptas en su producción durante marzo y abril.

La alfalfa, por su parte, podría sostener niveles de producción si existe humedad residual en el perfil del suelo, aunque las temperaturas extremas pueden afectar su persistencia y capacidad de rebrote.

El aumento de las temperaturas también representa un factor de riesgo directo sobre el desempeño animal. El estrés calórico reduce el consumo voluntario de alimento, incrementa los requerimientos energéticos de mantenimiento y afecta las ganancias de peso, especialmente en rodeos de recría, engorde y vacas en lactancia.

Además, los técnicos advierten que una caída temprana en la disponibilidad forrajera puede impactar en la condición corporal de las vacas, comprometiendo la eficiencia reproductiva y la recuperación posparto, variables clave para la sustentabilidad de los sistemas de cría.

Frente a este escenario, los especialistas sugieren aprovechar al máximo el pico productivo de febrero mediante ajustes en la carga animal y la planificación del diferimiento de potreros. También recomiendan generar reservas forrajeras a partir de excedentes estivales, ya sea mediante confección de rollos o silajes, con el objetivo de atravesar el otoño con mayor seguridad.

Asimismo, se aconseja monitorear la condición corporal del rodeo antes del servicio, garantizar disponibilidad de agua y sombra para reducir el impacto del estrés térmico y evitar movimientos de hacienda durante las horas de mayor temperatura.

Los análisis coinciden en que el período febrero-abril será determinante para la campaña ganadera. Si bien el escenario climático no anticipa situaciones extremas, la combinación de calor persistente y lluvias variables podría generar transiciones bruscas hacia el otoño.

En los sistemas ganaderos de San Luis, estas transiciones suelen definir la evolución de las reservas forrajeras, el desempeño reproductivo y la necesidad de suplementación, factores que inciden directamente en los resultados productivos del año.