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Un modelo ganadero que logra ganancias de hasta 1,1 kilo diario en el norte de San Luis

En un establecimiento ubicado sobre la ruta 146, en cercanías de Nogolí, un planteo ganadero basado en cría con recría y engorde eventual demuestra que, aun en ambientes semiáridos, es posible alcanzar altos niveles de eficiencia productiva.

En el corazón de la zona semiárida del norte de San Luis, sobre la ruta 146 y antes de llegar al paraje Toro Negro, se encuentra un establecimiento ganadero que sintetiza la evolución productiva que atraviesa la región. Allí, en un campo dedicado históricamente a la cría bovina, se consolidó un esquema que combina tradición extensiva con estrategias de intensificación puntual.

El ingeniero agrónomo Ramiro Goncalvez, titular de ABCAgroSL, explicó que el establecimiento desarrolla principalmente un sistema de cría, con recría y engorde eventual según las condiciones del mercado y la disponibilidad de recursos. La estrategia profesional es ejecutada por su socios y colegas Juan Cruz Dominguez y Tomás Clímaco Daract.


“La zona de Nogolí es netamente semiárida y está destinada casi en un 100% a la ganadería extensiva de cría. Eso obliga a ser muy eficientes en el uso de los recursos y a evaluar permanentemente cada decisión productiva”, señaló en una entrevista con El Semiárido.

El rodeo del establecimiento está conformado principalmente por animales de raza Hereford, elegidos por su rusticidad, adaptación al ambiente y buen desempeño productivo en condiciones climáticas restrictivas.

El sistema actual comenzó a delinearse en 2019, cuando el equipo técnico decidió analizar año tras año la conveniencia económica de realizar recría o avanzar hacia el engorde.

Desde entonces, la intensificación se aplica de manera estratégica y eventual, dependiendo fundamentalmente del comportamiento de los precios del ganado y de los insumos.

“Evaluamos cada año los precios y la conveniencia de hacer recría o avanzar hacia el engorde. No es un sistema rígido, sino adaptable a las condiciones económicas”, explicó Dominguez.

Este enfoque flexible permitió que, en campañas donde los precios acompañaron, se concretaran ciclos de engorde con resultados destacados.

Uno de los pilares del sistema es la alimentación, basada en una combinación de rollo de alfalfa, maíz y concentrado proteico.

En las primeras etapas, el rollo se ofrece a discreción, mientras que el maíz y el concentrado se suministran en cantidades controladas mediante el uso de sal como limitador de consumo.

“Al inicio se da rollo libre y se incorpora maíz con concentrado limitado con abundante sal. A medida que los animales se adaptan, se reduce la cantidad de sal”, explicó.

El rollo de alfalfa generalmente es adquirido en el norte de San Luis o en la provincia de Córdoba, dependiendo de la relación precio-calidad disponible en cada campaña.

En cuanto a la suplementación proteica, el equipo utiliza concentrados comerciales seleccionados principalmente por su calidad nutricional y competitividad económica.

La dieta se ajusta según la categoría animal y sus requerimientos nutricionales específicos, lo que permite optimizar el desempeño productivo en cada etapa del ciclo.

Ganancias de peso

Gracias a este esquema nutricional y a un manejo cuidadoso, el establecimiento logró alcanzar ganancias diarias de hasta 1,1 kilo por animal en categorías de aproximadamente 300 kilogramos, una marca muy por encima de lo conocido en la zona.

Estas tasas de crecimiento se sostuvieron durante los últimos 70 días del ciclo de engorde, un indicador clave del buen desempeño del sistema.

“Trabajamos con dietas altamente energéticas. La clave está en la correcta adaptación del rumen y en un manejo cuidadoso de los animales”, destacó Dominguez.

Durante la etapa de recría, las ganancias diarias rondan los 0,8 kilos, mientras que el peso objetivo de terminación se ubica en torno a los 400 kilos.

Según el especialista, estos resultados permiten reducir la edad de terminación y mejorar la eficiencia global del sistema.

Uno de los aspectos distintivos del planteo es su simplicidad operativa.

El engorde eventual se realiza con instalaciones básicas, diseñadas para cumplir su función sin generar costos innecesarios.

Los rollos se distribuyen en portarrollos dentro de corrales amplios, mientras que el maíz y el concentrado se suministran en comederos de autoconsumo tipo “chinos”.

El sistema puede operar en modalidad semi-intensiva o pastoril con suplementación, dependiendo de la disponibilidad de forraje en los lotes cercanos.

Claves invisibles del éxito

El manejo sanitario es otro componente esencial del sistema.

El plan sanitario incluye tratamientos antiparasitarios, multivitamínicos y la aplicación de dos dosis de vacunas clostridiales y respiratorias, fundamentales para garantizar el bienestar y la productividad del rodeo.

El acceso al agua también se controla cuidadosamente durante todo el período de engorde, evitando caídas en el consumo y pérdidas de eficiencia.

El análisis económico permanente es una de las bases del sistema.

Actualmente, el costo estimado de la dieta se ubica en torno a los $1.700 por kilo ganado, un valor que resulta competitivo frente al precio de venta del ganado terminado.

“El engorde eventual es totalmente rentable en el contexto actual. Con precios adecuados del maíz y del rollo, se logran costos muy interesantes”, sostiene Goncalvez.

Entre las variables que más inciden en la rentabilidad, el especialista destaca dos factores determinantes: un precio bajo del maíz y un valor elevado del ternero.

“Un maíz barato y un ternero caro permiten desarrollar estos planteos productivos con buenos márgenes”, resume.

Desde el punto de vista técnico, el sistema presenta ventajas claras para productores de Nogolí y zonas similares.

La principal fortaleza es su simplicidad operativa, que permite implementarlo sin grandes inversiones en maquinaria o infraestructura.

“Es un modelo simple y efectivo, totalmente replicable para otros establecimientos de cría en San Luis”, afirmó.

Sin embargo, el éxito del sistema depende de una correcta planificación y del seguimiento permanente de los resultados.

“La clave es hacer bien los números, ajustar las raciones y observar constantemente el comportamiento de los animales”, agregó.

El establecimiento funciona bajo una estructura familiar, complementada por personal contratado y asesoramiento técnico externo.

El equipo incluye trabajadores familiares, operarios rurales y el acompañamiento profesional de un ingeniero agrónomo y un veterinario, quienes aportan conocimientos técnicos y seguimiento sanitario.

Este esquema permite integrar experiencia práctica con criterios profesionales, generando un modelo de gestión eficiente y adaptable.

A pesar de los buenos resultados, el sistema enfrenta desafíos permanentes, especialmente vinculados a la volatilidad de precios y a la disponibilidad de recursos forrajeros.

La estrategia a futuro apunta a fortalecer la producción propia de forraje, reduciendo la dependencia de compras externas.

“Queremos avanzar en la producción de forrajes diferidos para recría y mejorar continuamente las actividades diarias del establecimiento”, explicó Goncalvez.

El especialista considera que la ganadería en la región seguirá evolucionando hacia esquemas más flexibles e intensificados, aunque siempre condicionados por el comportamiento del mercado.

“Es un sistema eventual, cuando los precios acompañan se hace el engorde, y cuando no, se evalúa el momento óptimo de venta”, señala.

Entre los aprendizajes más importantes que dejó este proceso, Goncalvez destacó la importancia de la paciencia y la prolijidad en el manejo.

Las dietas altamente energéticas, si no se administran correctamente, pueden generar pérdidas económicas significativas.

“Tener paciencia y ser prolijos es fundamental. Con un mal manejo, estas dietas pueden generar problemas importantes”, advierte.

La experiencia desarrollada en este establecimiento demuestra que, aun en ambientes semiáridos, la combinación de planificación, adaptación y manejo preciso puede transformar sistemas tradicionales en modelos productivos eficientes y rentables.

Un ejemplo concreto de cómo la ganadería de cría puede evolucionar hacia esquemas más dinámicos, capaces de responder a los desafíos productivos y económicos del presente.