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Satélites e inteligencia artificial revelan una reserva de alimento para la ganadería en zonas áridas de Cuyo

Un estudio realizado en el sur de Mendoza identificó más de 9.000 hectáreas con presencia dominante de olivillo, un recurso poco aprovechado por los bovinos. El trabajo estima que su incorporación al manejo del pastoreo permitiría aumentar alrededor de un 45% la capacidad de carga del establecimiento analizado.

En los campos áridos, conocer cuántas hectáreas tiene un establecimiento no alcanza para saber cuántos animales puede sostener. También es necesario identificar qué vegetación crece, dónde se encuentra y cuánto de ese alimento consume realmente el ganado. Una investigación del ingeniero agrónomo Geronimo Iglesias abordó esas preguntas mediante imágenes satelitales e inteligencia artificial y puso el foco en un recurso habitualmente relegado, el olivillo.

El caso corresponde al establecimiento El Bagual, en el sur de Mendoza, y forma parte del trabajo presentado por Iglesias para optar al título de magíster en Producción Ganadera de Zonas Áridas. Sobre una superficie total de 35.165 hectáreas, distribuida en once potreros, el análisis permitió elaborar un mapa de las comunidades vegetales y estimar el potencial de un cambio en su aprovechamiento.

El resultado más significativo fue la identificación de 3.518 hectáreas dominadas por olivillo y otras 5.881 hectáreas de arbustales con presencia dominante de esa especie en el estrato herbáceo. En conjunto, representan cerca del 27% de la superficie mapeada, una porción considerable del campo cuyo aporte alimenticio se encuentra limitado bajo el pastoreo tradicional.

La investigación plantea que aprovechar parte de ese recurso podría elevar la capacidad estimada del establecimiento de 847 a 1.233 equivalentes vaca, una unidad utilizada para expresar los requerimientos alimenticios del rodeo. Se trata de un incremento potencial de aproximadamente el 45%, condicionado a cambios en el manejo.

El cálculo contempla un aprovechamiento del 50% del olivillo en los ambientes identificados. Por lo tanto, expresa una posibilidad productiva y no un aumento del rodeo ya comprobado mediante su aplicación.

Un mapa para distinguir lo que el ganado aprovecha

El establecimiento presenta un promedio histórico de precipitaciones de 365 milímetros anuales. Según el documento, las sequías severas y la presión sostenida del pastoreo continuo contribuyeron a degradar los ambientes y afectar la condición corporal de los animales.

Para conocer con mayor detalle esa heterogeneidad, el trabajo combinó relevamientos terrestres georreferenciados, imágenes de los satélites Sentinel-2 y herramientas de información geográfica. Luego utilizó Random Forest, un método de aprendizaje automático que combina múltiples árboles de decisión para clasificar la cobertura del terreno.

Así se diferenciaron seis ambientes: arbustal cerrado, arbustal abierto, arbustal con olivillo, olivillo puro, pastizal y suelo desnudo. El objetivo fue convertir esa información en una base concreta para decidir dónde y cómo pastorear.

El documento atribuye parte de esa diferencia a la aparición de vegetación anual después de precipitaciones primaverales atípicas, que dificultó distinguir ciertas coberturas en las imágenes estivales. El resultado muestra que la utilidad de la tecnología depende tanto del algoritmo como de las condiciones del paisaje observado.

La huella de los incendios

El estudio también reconstruyó la historia del fuego en el establecimiento. Identificó incendios en 1984, 1986 y 2000, este último con una superficie afectada de 32.240 hectáreas. Más de 5.000 hectáreas registraron la superposición de los tres eventos.

Al relacionar esos antecedentes con la vegetación actual, el análisis encontró una asociación entre la reiteración de incendios, la disminución del arbustal cerrado y una mayor participación de ambientes con olivillo.

La interpretación presentada es que el fuego redujo la competencia de arbustos y favoreció la expansión de esta especie. Esa historia ayuda a entender por qué sectores de un mismo campo ofrecen recursos tan diferentes y requieren decisiones de manejo específicas.

Del diagnóstico a la posibilidad productiva

El olivillo, identificado como Hyalis argentea, tiene baja preferencia por parte de los bovinos cuando pueden seleccionar libremente qué consumir. Su abundancia, por sí sola, no garantiza una mayor disponibilidad efectiva de alimento.

Por eso, la propuesta combina la localización de los sectores con olivillo con un pastoreo dirigido, mediante subdivisiones móviles o herramientas de delimitación virtual, y suplementación proteica estratégica para favorecer su aprovechamiento.

El cambio central consiste en pasar de una estimación general del campo a decisiones apoyadas en la distribución concreta de sus recursos. El mapa permite reconocer dónde existe una oportunidad; su transformación en producción depende del manejo y de la respuesta de los animales.

Para la ganadería de zonas áridas, el caso abre una perspectiva: parte del margen para mejorar la producción puede encontrarse en conocer y utilizar mejor la vegetación que ya está presente. En El Bagual, la mirada desde el satélite permitió ponerle ubicación y dimensión a esa posibilidad.