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Probióticos en ganadería: bacterias que buscan mejorar la producción y la sanidad animal

Durante una jornada técnica en San Luis, el biotecnólogo Walter Ramírez presentó ensayos con microorganismos aplicados a la alimentación de aves y bovinos. Destacó mejoras productivas y explicó por qué la dosis y el manejo son claves para obtener resultados.

Los microorganismos ganan espacio como herramientas para mejorar la eficiencia de los sistemas agropecuarios. Su incorporación a la alimentación animal apunta a favorecer el aprovechamiento de los nutrientes, acompañar la respuesta inmunológica y reducir la presencia de patógenos intestinales. Ese fue el eje de la exposición del biotecnólogo Walter Ramírez, de Bactools Agrotech, durante una jornada realizada en la Zona de Actividades Comerciales (ZAC) de San Luis.

El encuentro fue organizado por el Colegio de Ingenieros Agrónomos de San Luis (CIAPA SL), Bactools Agrotech y AGREFERTAR SA. Allí, el especialista compartió fundamentos y resultados de ensayos con probióticos en distintas especies, desde aves hasta bovinos de leche.

Ramírez explicó que la empresa trabaja en dos líneas, microorganismos destinados a la nutrición vegetal y probióticos para animales. En ambos casos, el punto de partida es incorporar organismos vivos que aporten funciones biológicas al sistema productivo.

Para definir un probiótico, enumeró tres condiciones, contener microorganismos vivos, suministrarse en una dosis adecuada y generar un beneficio medible. En producción animal, señaló, ese efecto puede evaluarse mediante indicadores como la ganancia de peso, la conversión alimenticia y la sanidad.

“Si le falta alguna de estas tres patas, ya es otra cosa”, resumió.

Uno de los aspectos centrales de su presentación fue el uso de bacterias del género Bacillus. Según explicó, estos microorganismos forman esporas, estructuras resistentes que facilitan su formulación y permiten que lleguen al intestino, donde desarrollan su actividad.

Entre los mecanismos que describió figuran la competencia con microorganismos patógenos por sitios de adhesión intestinal, la modulación del sistema inmune y la producción de enzimas que contribuyen a la digestión de los alimentos.

La empresa evaluó esos procesos mediante trabajos de laboratorio y experiencias con animales. Ramírez mencionó investigaciones realizadas con la Facultad de Medicina de Rosario, en las que observaron cambios en indicadores de respuesta inmunológica e inflamación. Luego, avanzaron hacia ensayos productivos para medir su expresión en condiciones de campo.

En aves, informó mejoras superiores al 10% en rendimiento bajo condiciones controladas de bioterio y superiores al 5% en una experiencia de granja con unos 5.400 pollos. También describió una reducción del consumo de alimento, asociada a una mejor eficiencia de conversión.

El expositor vinculó las diferencias entre ambas experiencias con las condiciones de manejo y la precisión en el suministro. En el bioterio, explicó, el seguimiento permitía controlar de manera más estricta que cada animal recibiera la porción correspondiente de alimento con el probiótico.

Otro resultado presentado fue la disminución del recuento de enterobacterias en materia fecal. Según Ramírez, en el ensayo ese indicador se redujo diez veces, un dato que relacionó con una menor carga de estos microorganismos en el ambiente de crianza.

En bovinos, compartió una experiencia con 50 terneras en Humboldt, Santa Fe. De acuerdo con el resumen expuesto, el grupo que recibió el tratamiento registró una mejora superior al 6% en ganancia de peso.

También presentó un ensayo desarrollado en el tambo del INTA Rafaela, con 37 pares de vacas agrupadas según su etapa de lactancia. Allí, indicó que la producción de leche aumentó más del 3% durante el conjunto de la evaluación. La mayor diferencia apareció entre los 100 y los 200 días de lactancia, cuando la respuesta se acercó al 10%, con más de dos litros diarios adicionales por animal.

Los resultados corresponden a las experiencias descriptas por el especialista. Su propia exposición mostró que la magnitud de la respuesta puede variar según el sistema, la etapa productiva y el manejo de la alimentación.

Ramírez planteó posibles aplicaciones en la crianza de terneros, la adaptación de animales a nuevas dietas y el acompañamiento de situaciones de estrés. Aclaró, además, que un probiótico no funciona como una vacuna contra enfermedades respiratorias, ya que el objetivo es contribuir a que el animal llegue en mejores condiciones a esos desafíos.

La propuesta, sostuvo, consiste en integrar estas herramientas al manejo productivo y medir su aporte. La dosis, la regularidad del suministro y el seguimiento de los animales aparecen, así como factores decisivos para evaluar cuánto pueden aportar los microorganismos a la eficiencia ganadera.