Con solo 30 años, llegó a ser comandante de un Boeoing 737 y a los 32 instructor de capitanes y copilotos que casi lo duplican en edad. La carrera del joven piloto puntano Maximiliano Cruceño, comenzó a forjarse cuando su primer empleo fue el de aeroaplicador, un trabajo que duró varios años y que le permitió conocer campos agrícolas de todas las zonas de San Luis y provincias vecinas.
“Comencé con esta actividad de muy chico. Nací en San Luis, pero por cuestiones de trabajo de mi familia nos fuimos moviendo hacia Justo Daract primero y luego a Villa Mercedes”, recuerda en una entrevista con El Semiárido.
Siempre fue fanático de los aviones. Soñaba estar arriba de uno. Jugaba con avioncitos y a los 8 años ya dijo que quería ser piloto, aunque no había tenido la posibilidad de volar: “Lo hice por primera vez a los 13 y el que me llevó fue Carlos Biasi en Villa Mercedes; cuando se avión iba despegando, me terminé de convencer y me dije que esto es lo que quiero para el resto de mi vida”.
Comenzó con el aeromodelismo a los 14 años con un gran amigo, Ivel Banco, y eso lo fue acercando al Aero Club de Villa Mercedes. Ir todo el tiempo a esa institución le permitió trabar amistad con los pilotos, que lo llevaban a volar.
El secundario lo hizo en la escuela de Villa Reynolds, pegado la V Brigada Aérea, en Villa Mercedes, donde de lunes a viernes cursaba la especialidad de Técnico Aeronáutico. Cuando salía de clases, pasaba pocos minutos por su casa y montado en su bicicleta se iba al aeroclub para pasar todas las tardes en el taller aeronáutico.
Vivir todos los días de la aviación
“Empecé a cursar la carrera de piloto cuando tenía 16 años y nueve meses, la edad mínima establecida para empezar a volar, con autorización previa de mis padres”, comentó Maximiliano.
En la familia no había Ningún piloto, por lo que había cierto desconocimiento de la actividad. En ese momento, sus padres no estaban totalmente convencidos de este nuevo destino: “Logré convencerlos y me autorizaron y así empecé mi carrera de piloto. No había terminado la escuela secundaria y ya estaba volando”.
Una vez recibido de piloto privado, comenzó la etapa de juntar horas de vuelo. Estuvo haciendo lanzamiento de paracaidistas con u avión que aún existe en el club.
A los 20 años comienza con la fumigación aérea, “mi primer gran sueño porque el campo es algo que me encanta, me fascina”.
Comenzó en una empresa de Laboulaye, de Norberto Galo, un gran amigo y piloto que lamentablemente falleció el año pasado en un accidente en las Sierras Centrales de San Luis, a la altura de Luján.
Estuvo cinco años trabajando como piloto aeroaplicador en la zona de Laboulaye y en la sucursal de la empresa emplazada en Villa Dolores, desde donde brindaban el servicio en todo el Valle del Conlara, Quines, San Luis, y en San Vicente, Córdoba. Además, se extendían a la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe, norte de La Pampa, sur de Córdoba y parte del sur de San Luis.
“Comencé a estudiar cómo llegar a mi siguiente gran objetivo de ingresar a una línea aérea. Si bien son dos actividades muy diferentes, la aeroaplicación al piloto realmente le enseña a volar por instinto porque se vuelan muchas horas al límite del avión y del piloto. No creo que exista otra actividad donde el piloto aprende a volar como lo hace la aeroaplicación”, aseguró.
La aviación comercial es otra actividad totalmente distinta, donde de repente el piloto de línea aérea “se emprolija” y aprende a volar por instrumento. La combinación de ambas cosas da un muy buen resultado, según su experiencia.
En 2014, al terminar su última campaña como fumigador, surge un llamado muy grande de pilotos a nivel internacional en Panamá para una línea aérea llamada Copa Airlines, una de las más grandes del mundo.
“Estando en San Luis vi que cumplía con los requisitos exigidos. Envié todos los documentos y a la semana recibo un mail de la empresa comunicándome que había sido seleccionado para asistir Panamá a hacer los exámenes de ingreso. Fue un logro enorme. Nunca me había subido a un avión de línea aérea para salir del país”, recuerda emocionado.
Tuvo tres semanas para prepararse en las diferentes áreas que la empresa lo evaluaría. Fue una prueba teórica, otra en simulador, entrevistas en castellano e inglés, además de evaluaciones psicotécnicas.
“Era la oportunidad de mi vida. Estuve cuatro días en ese país haciendo los exámenes, donde me encontré con pilotos de distintas partes del mundo. En mi grupo había gente de Holanda, Alemania, Italia, Brasil, Uruguay y Estados Unidos, todos sometidos al proceso de selección. Al margen de cuál sería el resultado, estaba feliz de la vida por la gran oportunidad que había tenido”, dijo casi con el mismo entusiasmo de aquellos inolvidables días.
A los 15 días de su regreso a San Luis, recibe un mail de la empresa confirmándome que había quedado seleccionado para ingresar a la compañía como primer oficial copiloto de Boeing 737.
“Mi paso a la línea aérea fue increíble. De estar en el medio del campo fumigando, de repente estaba en Panamá como copiloto de Boeing 737 haciendo mi primer vuelo, que fue de ese país a Miami. Fue algo increíble. Si alguien me hubiera anticipado que eso me iba a pasar, no sé si le hubiese creído”, recordó el joven piloto de San Luis.
En 2014 comienza su carrera como piloto comercial y con ella un proceso largo, ya que debía hacer convalidación de licencias, exámenes ante la autoridad aeronáutica de Panamá para poder convalidar las licencias argentinas con las que se presentó.
Luego le siguió un curso teórico sobre el avión que iba a volar, acompañado de exámenes en simulador. “No te podés relajar en ningún momento porque cada examen era eliminatorio”, advirtió.
Después de superar todo ese exigente proceso de entrenamiento, quedó volando como copiloto del Boeing: “Fue muy loco como se me dio, porque normalmente un piloto de línea aérea comienza con vuelos de cabotaje y luego de cierto tiempo se pasa a vuelos internacionales. Pero en la empresa Copa Airlines solo hacen vuelos internacionales. Desde mi primer vuelo hasta el último que hice con esta compañía, fueron todos internacionales”.
América desde el aire
Maximiliano tiene precisión en sus recuerdos y señala que el continente americano está compuesto por 35 países. “Tuve la oportunidad de volar durante los cuatro años que estuve allí a 30 de ellos. De repente me encontraba volando de una punta a otra del continente en una experiencia increíble”.
Tiene más de una historia para contar, como haber cruzado de punta a punta el Amazonas de noche, donde no se ve ni una sola luz y donde tomó dimensión de lo que es este gigantesco pulmón. Lo hizo en un avión que vuela a 900 km/h.
También avistó cientos de islas del Caribe en vuelos de varias horas sobre esas aguas. En 2016 tuvo que aterrizar en Cuba mientras se aproximaba un huracán. Y bajó en Haití para traer personal de la Fuerza Aérea Argentina, de los cuales conocía a uno.
A fines de 2017, cuando en Argentina se abren nuevas compañías aéreas, tuvo la oportunidad de presentarme cuando lo convocaron de Fly Bondi, que usa el mismo avión que volaba en Copa Airlines.
Tras ser seleccionado, estuvo volando tres meses como copiloto y luego como comandante, un ascenso que “me emocionó porque lo logré con solo 30 años, un caso que pocas veces sucede en este rubro. A este asenso lo viví como un precio a todos estos años de esfuerzo y sacrificio que tengo detrás”.
Desde ese momento está en el mismo puesto. El año pasado tuvo la oportunidad de pegar un salto más en esta carrera. Se necesitaban instructores y quedó seleccionado para esa tarea. Hoy, con 32 años, es instructor de comandantes y copilotos que casi lo duplicaban en edad.

















