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La experiencia de construir el invernadero en familia

Myriam Luján y Sergio Vega viven en Las Huertas, paraje ubicado en lo alto de las sierras en el departamento San Martín. Está en el camino que une la Quebrada de San Vicente con Puerta del Sol. Tomaron como opción habitar en la tierra que a ella la vio nacer.

En el mes de octubre recibieron materiales para la construcción de un invernadero. La Subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación entregó a 89 familias de la provincia, entre ellas la formada por Myriam y Sergio.

Sobre este acontecimiento y sobre la vida de esta familia El Semiárido publicó en su edición del 28 de octubre pasado una nota en la sección Historias de Vida, titulada: “Myriam Luján: regresar a las raíces como opción”.


Después de haber compartido una capacitación con los técnicos, que a su vez dejaron una cartilla para el armado, la familia se dispuso a construir su propio invernadero.

Ya está armado y presto a comenzar con la producción. Fue el primero en armarse sin la participación directa de los técnicos de la SsAF San Luis. De allí la importancia que tiene la realización del trabajo por parte de la familia.

Myriam cuenta esta experiencia de una forma muy particular. Podríamos utilizar los nexos periodísticos, pero preferimos reproducir el escrito tal como nos lo envió. Aquí está:

“Desde el momento que nos entregaron, comenzamos a buscar asesoramiento, a través de los técnicos  y además preguntamos a unos amigos que se dedican al tema de los viveros.

Sobre la base de la información que recabamos y dentro del espacio que teníamos disponible, seleccionamos la ubicación teniendo en cuenta que, para mayor aprovechamiento del sol,  el invernadero debía estar orientado de Norte a Sur.

La primera dificultad que se presentó fue nivelar el terreno, dado que su pendiente también es de norte a sur; hay que tener en cuenta que estamos ubicados en un paraje serrano dentro de una quebrada con una franja cultivable, lo que hizo que en partes tuviéramos que cavar aproximadamente unos 70 centímetros de profundidad, para dar el nivel.

Fue un trabajo intenso, desafiante y satisfactorio, por el aprendizaje. Ya que por la ubicación geográfica y las limitaciones propias, en algunos momentos teníamos que improvisar para poder concretar algunas tareas que debíamos realizar para avanzar en la construcción del invernadero. Por ejemplo , el diámetro de la mecha con que disponíamos era menor a la que necesitamos, por lo que terminamos de dar el diámetro a las perforaciones con hierro al rojo vivo, fruto también de la ansiedad por querer ver la tarea concluida, dado que para bajar al pueblo, se pierde todo el día entre ir y venir.

También queremos destacar que logramos concretar el armado del invernadero, en la tercera parte del tiempo que teníamos planificado, gracias a la ayuda y la generosidad de mi hermano Rubén,  que dedicó sus vacaciones para ayudarnos en esta tarea.

Concluida la obra en medio de la alegría de ver materializado el proyecto nos encontramos que tenemos que realizar lo más pronto un cierre perimetral para protegerlo de los animales, (ovejas propias, y chanchos, vacas, cabras de los vecinos). Las ovejas que empezaron a curiosear, llegando a introducirse dentro del invernadero.

Nos pasa lo que le ha pasado continuamente a la humanidad, que al obtener una respuesta a una pregunta planteada, ésta por lo general lleva a realizarse nuevas preguntas y enfrentar nuevos desafíos. Es lo que tenemos que enfrentar ahora, el desafío del cierre perimetral y el aprendizaje de trabajar con el invernadero, pero con la tranquilidad y la certeza de saber que contamos con la experiencia, el apoyo y la buena disposición del equipo de la Subsecretaría de de Agricultura familiar de la Nación.

Un infinitas gracias a todos quienes integran el programa y hacen posible que lleguen estas políticas y beneficios a quienes están dispuestos de enfrentar el desafío y llevarlos a cabo.”

 

Fuente: Fb de la SsAF San Luis