En el corazón productivo del este provincial una nueva sombra se extiende sobre los campos del departamento Pedernera. Ignacio Roca, reconocido productor y propietario del establecimiento San Miguel, ubicado entre Villa Mercedes y Justo Daract, denunció un nuevo hecho vandálico que se suma a una sucesión de ataques que ya generan pánico, impotencia e indignación entre los hombres y mujeres del agro.
La madrugada volvió a ser sinónimo de violencia. Sinónimo de miedo. Sinónimo de un Estado que no llega y de bandas que avanzan con una impunidad que se vuelve insoportable. Consultado por El Semiárido, Roca, quien además se desempeña como vicepresidente de la Sociedad Rural Río Quinto, relató con dolor y bronca una escena que, lejos de ser aislada, se repite con frecuencia alarmante en toda la región.
“Anoche me carnearon dos vacas. Se metieron, me cortaron todos los alambres que están contra la Autopista de las Serranías Puntanas, y me carnearon, después de entrar unos cuatrocientos metros adentro del campo, dos vacas gordas”, expresó, aún con la voz quebrada por la mezcla de frustración y hartazgo.
La crudeza del relato expone una modalidad delictiva cada vez más violenta. No se trata sólo de daño material, porque detrás de cada animal robado o carneado hay horas de trabajo, inversión, cuidado y un proyecto productivo que se resquebraja. Los delincuentes no dudan en abrir brechas en los alambrados, internarse de noche en los establecimientos y operar en la oscuridad con precisión quirúrgica.
Para los productores del departamento Pedernera, esta seguidilla de hechos delictivos no es un simple llamado de atención, es una alarma encendida a todo volumen. Una señal desesperada de un campo que siente que lucha solo, que ya no puede enfrentar por sí mismo la violencia que avanza por rutas y autopistas, irrumpiendo en la vida rural que durante décadas fue sinónimo de trabajo y tranquilidad.
“Estamos desprotegidos”, coinciden en silencio muchos otros productores que prefieren no hablar públicamente por temor a nuevas represalias. Pero el caso de Ignacio Roca vuelve a poner el tema sobre la mesa: la seguridad rural se ha vuelto una demanda urgente, impostergable, que ya no admite más dilaciones.
Mientras tanto, en San Miguel, el amanecer dejó huellas profundas; alambrados cortados, animales sacrificados y un productor que vuelve a empezar la jornada cargando, además, con un peso emocional que ya resulta insoportable.











