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Informe CREA: el agro argentino y el desafío de ser competitivo más allá del tipo de cambio

Tras años de volatilidad cambiaria y alta inflación, la economía argentina parece entrar en una etapa de mayor estabilidad. Sin embargo, el último Informe Macroeconómico CREA advierte que esta estabilidad deja al descubierto problemas estructurales que frenan la competitividad del sector agropecuario, un actor clave en la generación de divisas del país.

Los gráficos analizados muestran que el precio de la soja, ajustado por inflación, mantiene una marcada tendencia a la baja, lo que erosiona el poder adquisitivo del productor frente a otros sectores de la economía. A la vez, el tipo de cambio real multilateral se estabiliza, pero ya no compensa las distorsiones internas como lo hacía en el pasado. El resultado: la “competitividad por devaluación” —que funcionaba como válvula de escape de una macroeconomía desordenada— deja de existir, obligando a mirar hacia reformas de fondo.

Los mapas de márgenes operativos de cultivos como soja y trigo muestran fuertes contrastes: mientras algunas zonas proyectan resultados levemente positivos, muchas otras enfrentan márgenes neutros o negativos. Según CREA, el 68% de los cultivos se encontrarían con pérdidas operativas considerando rendimientos promedio. Esto refleja que, incluso con buenas condiciones agronómicas, la estructura de costos y la presión tributaria ahogan la rentabilidad.


El subíndice de infraestructura destaca la brecha de Argentina frente a sus competidores. El costo logístico, por ejemplo, revela que para cubrir un flete de 350 km hoy se necesita 45% más de soja que hace cinco años. Este cuello de botella, sumado a caminos rurales deficitarios y una red ferroviaria limitada, resta competitividad y encarece la llegada de los productos a puerto.

Los gráficos de expectativas de inversión muestran realidades opuestas: mientras la lechería evalúa en un 64% que es un buen momento para invertir, solo el 16% de los productores agrícolas comparte esa percepción. El agropecuario argentino se encuentra así dividido entre sectores con mayor capacidad de adaptación y otros que ven comprometida su sustentabilidad económica.

El mensaje de fondo de este informe es claro: con la estabilidad macro no alcanza. El desafío central es encarar una agenda de reformas microeconómicas profundas: reducción de impuestos distorsivos como las retenciones, modernización de la infraestructura y acceso a financiamiento competitivo. Sin estos cambios, la estabilidad cambiaria solo expone las limitaciones estructurales que el dólar alto antes ocultaba.

Finalmente, la competitividad del agro argentino se juega en la capacidad de proyectar más allá de las urgencias coyunturales. El país necesita aprovechar la ventana de previsibilidad para consolidar inversiones productivas, diversificar mercados (como las recientes exportaciones de carne vacuna a China) y sumar valor agregado. Es un camino complejo pero inevitable para sostener la generación de divisas y empleo que el campo representa.