La Regional San Luis de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) mostró en una jornada y ante más de cien productores y asesores técnicos la evolución de ensayos que están cerca de cumplir el ciclo de tres años y que develarán, entre otros datos, la gran incógnita que comparten los agricultores de la región central de la provincia: cuánto nitrógeno ponerle al maíz.
“Construyendo rendimientos en maíz: rol del agua y el nitrógeno en el semiárido central”, fue el título de la exposición de Jorge Mercau, investigador del INTA San Luis y del Conicet quien además de explicar el comportamiento de los cultivos bajo observación, dio un minucioso detalle de lo hallado en una calicata de gran tamaño, con dos metros de profundidad y del que salieron datos como que en estos suelos que contienen 60% de arena, las raíces del maíz pueden explorar hasta dos metros y más bajo determinadas condiciones de humedad.
Esta presentación se realizó durante una jornada en la previamente Sebastián García y Milton Chagajl, profesionales asesores de dos firmas socias de Aapresid, explicaron las mediciones obtenidas durante seis años con minuciosos registros y de las que salieron claves tan valiosas como promedios exactos de lluvias por zonas, evolución de rendimientos por hectárea; participación de los grupos de madurez y su rinde; rendimiento según época de siembra y antecesor, entre otras valoradas estadísticas, inexistentes hasta ahora en la provincia sobre tanta superficie.
Nicolás Ríos Centeno, responsable de Agricultura de Ser Beef, una empresa con 43.000 hectáreas dedicadas a la actividad agrícola ganadera, presentó los ensayos y opinó que el problema número uno en la región centro de San Luis es cuánto nitrógeno poner al maíz: “Es una duda que me corre desde que llegué a la provincia hace doce años”.
El profesional aclaró el resto de los aspectos están bastante claros, como cuánto rinde un tardío y un temprano; qué densidad de siembra usar; cómo manejar el fósforo y el cinc; qué sembradoras y con qué sistemas de siembra hacerlo: “Todo esto lo tenemos bastante cocinado, por más que lo sigamos midiendo y analizando”.
Pero el tema del Nitrógeno en maíz es la duda número uno. En la Regional comparten todos esta misma duda y por ello decidieron formar una “chacra” de Aapresid, que es un sistema de trabajo desarrollado por la entidad madre en el cual un grupo de productores decide financiar y ponerse a trabajar en forma científica y en red con instituciones como INTA y universidades, para resolver algún problema concreto en forma sólida.
Por eso hace tres años que entre los ocho miembros de la Regional decidieron poner dinero con un técnico full time y con asesores externos como Jorge Mercau y Juan Cruz Collazo, a trabajar varias líneas de preguntas.
De todos modos, para Ríos Centeno lo más importante es determinar cuánto nitrógeno hay que poner al maíz, porque San Luis tiene años muy variables, recordó: “La campaña más fea que tuvimos en la empresa sacamos 13 quintales por hectárea de promedio en todo el campo, con lotes de cero, y años como el 2015, con lotes en secano con más de cien quintales”.
El profesional destacó también que los ensayos están bien hechos, repetidos y con solidez científica y estadística para tratar de responder a esa pregunta: cuánto nitrógeno ponerle al maíz.
Hay muchos ensayos con fechas tempranas y tardías con distintas dosis de nitrógeno y hacen con la ingeniera Vanesa Barbero, gerente técnica de Desarrollo, una gran cantidad de mediciones, como probabilidades de respuesta económica con nitrógeno, y verán los resultados cuando se cumpla el ciclo de los tres años de los ensayos ubicados en las cuatro zonas de la regional. Este ensayo en Ser Beef está repetido en ocho sitios.
Jorge Mercau, investigador del INTA San Luis e integran del Grupo de Estudios Ambientales (GEA) de la Universidad Nacional de San Luis (UNS), también fue claro: “Con Nicolás compartimos esa prioridad de cuáles son las cosas que más incertidumbre generan. La decisión de cuánto nitrógeno poner es una de las que puede variar bastante en monto de dinero que puede cambiar mucho la ecuación del resultado del cultivo, por lo tanto es muy importante ponerle un número a esto”.
Cuando se creó esta Chacra, Mercau estaba trabajando en el GEA, que integra el grupo del Conicet y que apoya estos ensayos: “Este proyecto me pareció interesante porque camina con el empuje de los productores, con la decisión de poner a alguien que mida los ensayos y con expertos que ayudan a definir”.
FOTO: El Semiárido










