El cultivo de alfalfa en la región Quines-Candelaria tiene un gran potencial, pero requiere de un manejo eficiente para responder a las exigencias del mercado. Para el ingeniero agrónomo y técnico del INTA Quines Héctor Andrada, la correcta elección del momento de siembra, la preparación del suelo, el control de malezas y el ajuste de la densidad de siembra son aspectos fundamentales para lograr un cultivo exitoso y rentable.
Pero a su vez, una adecuada planificación del corte y acondicionado del forraje contribuirá a mantener la calidad del producto final y mejorar su competitividad en el mercado: “El camino para una producción eficiente y sustentable está marcado por la innovación y la adaptación a las nuevas exigencias. La alfalfa, un cultivo noble por naturaleza, se presenta hoy como una opción rentable y con un futuro prometedor para los productores de la región”.
Consultado por El Semiárido, el profesional reveló que el cultivo de alfalfa en el corredor Quines-Candelaria se ha consolidado como una actividad de gran importancia en la región. Explicó que su relevancia no solo radica en el conocimiento acumulado por los productores, sino también en su ubicación estratégica dentro de un área árida, rodeada por sistemas productivos de ganadería de cría.
“Este cultivo es aprovechado tanto por pequeños y medianos productores como por grandes empresas, con distintos objetivos productivos: producción de fardos, rollos, consumo directo y valor agregado mediante pellets o fardos compactados”, indicó.


Andrada recordó que abril es un mes clave para la implantación de la alfalfa en la región: “A lo largo de los años, el seguimiento de cultivos y la experiencia de los productores han demostrado que la siembra en esta época ofrece ventajas significativas sobre la realizada en septiembre-octubre. La elección del momento adecuado es fundamental para garantizar el éxito del cultivo y maximizar su productividad”.
Para el técnico, el sector alfalfero enfrenta nuevas exigencias tanto a nivel local como internacional. Uno de los conceptos clave que ha cobrado relevancia en los últimos tiempos es el de «maleza cero«. Para alcanzar este objetivo, “es crucial ampliar el enfoque en el manejo del cultivo, prestando especial atención a la preparación del suelo y la selección de antecedentes”, advirtió.
El mejor antecesor para la siembra de alfalfa es la Moha, ya que proporciona cobertura vegetal, deja un rastrojo manejable y reduce la presencia de malezas, aseguró Andrada: “Sin embargo, uno de los errores comunes es preparar el lote pocas semanas antes de la siembra, lo que limita el control de malezas y afecta la implantación”.


Preparación del suelo y control de malezas
Detalló que, desde febrero y marzo, los productores deben iniciar la preparación del suelo con rastreadas periódicas para estimular la germinación de malezas y eliminarlas antes de la siembra. Además, recomendó realizar un control químico planificado, considerando productos específicos para cada tipo de maleza según la estación del año.
“El control de malezas es esencial durante todo el ciclo del cultivo. En otoño e invierno, las crucíferas representan un desafío, mientras que en primavera emergen gramíneas que pueden afectar la calidad del forraje. La aplicación de herbicidas adecuados en los momentos oportunos es clave para mantener el objetivo de maleza cero«, insistió.
Por otra parte, aseguró que la densidad de siembra también influye en el éxito del cultivo y consideró que se ha comprobado que densidades entre 12 y 16 kilos por hectárea son adecuadas para la región, permitiendo una buena cobertura del lote sin incurrir en costos excesivos. Además, dijo que es importante asegurar una correcta nivelación del terreno y elegir un sistema de siembra adecuado para garantizar una profundidad superficial correcta y un buen contacto con el suelo.
“El manejo del riego es otro factor determinante. Las lluvias oportunas pueden favorecer la implantación, pero en su ausencia, el riego presiembra es una estrategia efectiva para asegurar la humedad necesaria”, aconsejó.
Para que la implantación sea exitosa, concluyó Andrada, el objetivo es alcanzar al menos 250 plantas por metro cuadrado a los 100 días. Una menor densidad de plantas aumenta el riesgo de aparición de malezas y afecta la productividad del cultivo, advirtió.
Por otro lado, Andrada destacó que la demanda de alfalfa ha crecido en mercados especializados, como el sector hípico y la exportación, lo que convierte a este cultivo en una alternativa rentable. Sin embargo, para aprovechar estas oportunidades, reiteró que es crucial adaptar las prácticas de manejo y producción a los nuevos estándares de calidad y sanidad vegetal.











