Inicio Agricultura Con maíz de más de 10.000 kilos y soja de 4.000, nuevos...

Con maíz de más de 10.000 kilos y soja de 4.000, nuevos ensayos muestran el potencial agrícola de San Luis

Un informe sobre la campaña 2025/26 reunió evaluaciones de maíz, sorgo, soja, trigo y algodón en distintos ambientes de la provincia. Los resultados revelan altas posibilidades productivas, pero también fuertes contrastes, ya que mientras la soja rindió cerca de cuatro toneladas por hectárea en Granville, otro ensayo se perdió en Villa Mercedes. La distribución de las lluvias y el manejo fueron determinantes.

La agricultura de San Luis tiene margen para alcanzar elevados rendimientos, aunque ese potencial depende de una combinación precisa entre ambiente, genética y manejo. Así lo muestran los ensayos de la campaña 2025/26 realizados por el INTA y la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de San Luis, cuyos resultados incluyen maíces que superaron los 10.000 kilos por hectárea, soja cercana a los 4.000 y trigo con un promedio de 6.357 kilos bajo condiciones de riego y adecuada nutrición.

Las cifras forman parte del informe técnico “Ensayos agrícolas en la provincia de San Luis. Campaña 2025–2026”, publicado en septiembre de 2026 por la Estación Experimental Agropecuaria San Luis. El documento reúne experiencias con cinco cultivos y un seguimiento de la chicharrita del maíz.

Más allá de los rendimientos destacados, los trabajos ofrecen una lectura sobre las particularidades de producir en una región semiárida, ya que el agua disponible en los momentos decisivos del cultivo puede marcar diferencias incluso entre lotes separados por pocos kilómetros. También muestran que los resultados de una campaña deben interpretarse dentro de las condiciones en que fueron obtenidos.

Maíz: rindes elevados y respuestas a la densidad

En el campo experimental y demostrativo “Don Andrés”, en Tilisarao, el ensayo comparativo de híbridos de maíz alcanzó un rendimiento medio de 8.552 kilos por hectárea. El mayor registro correspondió al híbrido P 1804 PWUE, con 10.242 kilos, seguido por NK 855 VIP3, con 9.786 kilos, y ADV 8122 VT3PRO, con 9.360.

El informe atribuye el buen desempeño a las reservas de agua del suelo al momento de la siembra y a las precipitaciones que acompañaron etapas clave. Durante el período crítico y el llenado de los granos se acumularon 366,5 milímetros, con temperaturas medias normales.

Aunque se observaron diferencias numéricas entre los materiales, el análisis estadístico no detectó diferencias significativas de rendimiento. Por eso, el orden de los resultados no constituye por sí solo una demostración de superioridad de un híbrido sobre los demás.

Otra experiencia, realizada en la EEA INTA San Luis, en Villa Mercedes, evaluó ocho híbridos comerciales bajo dos densidades de siembra, con 85.000 y 50.000 plantas por hectárea. El cultivo se condujo en secano, sin fertilización y sobre un lote con cinco años de alfalfa como antecesor.

La mayor densidad produjo un promedio de 7.408 kilos por hectárea, frente a los 5.825 kilos de la menor población. La diferencia fue de 1.583 kilos, equivalente a un 27,2%.

Los ocho híbridos aumentaron su rendimiento con la mayor densidad. Los materiales LT 722 VT3 PRO y LT 723 TRE encabezaron esa evaluación, ambos por encima de los 9.000 kilos por hectárea.

La respuesta estuvo vinculada principalmente con un mayor número de granos por unidad de superficie. Sin embargo, los investigadores aclaran que se trata de una única campaña, sitio y lote, por lo que estos resultados no permiten formular recomendaciones generales de densidad, materiales o fertilización.

Fertilización: diferencias numéricas que requieren más evaluación

En Tilisarao también se compararon tratamientos de fertilización en maíz. El rendimiento promedio del experimento fue de 9.740 kilos por hectárea.

El tratamiento con urea granulada, a una dosis de 50 kilos de nitrógeno por hectárea, alcanzó 10.453 kilos de grano. N Duo, con la misma dosis de nitrógeno, produjo 10.145 kilos, mientras que el testigo sin fertilización adicional rindió 9.092 kilos.

La urea mostró una diferencia numérica cercana al 15% respecto del testigo. No obstante, las diferencias de rendimiento entre los tratamientos no fueron estadísticamente significativas.

El resultado aporta información para continuar las evaluaciones, pero no permite afirmar que esa respuesta se repetirá en otros lotes o campañas. Las condiciones favorables de agua y temperatura acompañaron el desempeño de todos los tratamientos.

Soja: dos realidades a 50 kilómetros de distancia

Uno de los contrastes más marcados del informe aparece en los ensayos de la Red de Evaluación de Cultivares de Soja, que incluyeron 60 materiales de distintos grupos de madurez.

En Granville, la experiencia rindió alrededor de 4.000 kilos por hectárea. Los mayores promedios correspondieron al grupo IV corto, con 4.353,8 kilos, y al III corto, con 4.092,7 kilos. Los restantes grupos se ubicaron entre 3.751,4 y 3.999,5 kilos.

Según el documento, esos valores superaron ampliamente la referencia histórica provincial y departamental, cercana a los 2.000 kilos por hectárea para el período considerado desde el año 2000.

En Villa Mercedes, en cambio, el ensayo se perdió. Las escasas lluvias de diciembre y enero limitaron el establecimiento y el desarrollo vegetativo. A esa dificultad se sumaron daños por animales y hormigas, mientras que las precipitaciones de marzo llegaron demasiado tarde para recuperar el cultivo.

Los sitios estaban separados por unos 50 kilómetros. En Granville, una distribución más favorable de las lluvias permitió recargar el suelo antes del período crítico y sostener el desarrollo de las plantas.

La comparación muestra que el total acumulado de precipitaciones no alcanza para explicar un resultado agrícola, ya que también importa cuándo llueve y en qué estado se encuentra el cultivo.

Sorgo: adaptación al bache de lluvias

Los ensayos de sorgo en Villa Mercedes evaluaron diez materiales graníferos, de doble propósito y destinados a silo o forraje, en secano y sin fertilización.

Los sorgos graníferos alcanzaron rendimientos de entre 4.300 y 4.600 kilos por hectárea. En las evaluaciones de biomasa, un material de doble propósito llegó a 10.183 kilos de materia seca por hectárea.

El cultivo atravesó la falta de lluvias de diciembre y enero y retomó su crecimiento cuando mejoraron los aportes de agua durante febrero, marzo y abril. También lo favoreció el retraso de las primeras heladas.

Los investigadores destacan esa capacidad de adaptación, aunque señalan que el lote tenía cinco años de alfalfa como antecesor, una condición que puede aportar características de fertilidad y estructura del suelo diferentes a las de otros ambientes productivos.

Trigo: más de seis toneladas con agua y nutrientes suficientes

En el campo experimental de Ingeniería Agronómica de la UNSL, en Villa Mercedes, se compararon seis variedades de trigo bajo condiciones de riego, adecuada nutrición y control sanitario.

El rendimiento promedio fue de 6.357 kilos por hectárea, sin diferencias estadísticamente significativas entre variedades.

La experiencia permitió observar el potencial productivo cuando se controlan las principales limitaciones. En esas condiciones, el informe destaca la influencia de la radiación y la temperatura sobre el techo de rendimiento, junto con la importancia del número de granos y espigas por metro cuadrado.

Por tratarse de un ensayo con riego y manejo nutricional específico, esos valores deben distinguirse de los resultados esperables en planteos de secano.

Algodón: recuperación después del granizo

En Tilisarao se evaluó el cultivar Guaraní BG/RR con dos distancias entre surcos, 0,525 y 1,05 metros. La experiencia estuvo condicionada por una granizada del 14 de diciembre de 2025, que provocó una pérdida estimada del 60% de las plantas.

El surco más ancho produjo un rendimiento bruto promedio de 1.828,4 kilos por hectárea, frente a los 1.227,5 kilos del surco estrecho, con una diferencia del 49%.

En fibra más semilla, los resultados fueron de 1.071,3 y 661,7 kilos por hectárea, respectivamente. Esa medición no corresponde a fibra sola.

Las plantas del tratamiento de mayor espaciamiento compensaron parte de la pérdida con mayor desarrollo individual, más cápsulas por planta y cápsulas más pesadas. El informe propone continuar las evaluaciones para consolidar las conclusiones.

Chicharrita: aparición tardía y monitoreo sostenido

El seguimiento de la chicharrita del maíz en Villa Mercedes registró los primeros individuos a comienzos de marzo, cuando el cultivo ya estaba en estado de grano lechoso. Según el informe, esa aparición tardía no afectó el rendimiento del maíz monitoreado.

Las capturas aumentaron hasta fines de abril y disminuyeron después, con las bajas temperaturas sostenidas y la menor disponibilidad de alimento. La primera helada tuvo un impacto limitado; las heladas consecutivas actuaron como un freno más efectivo sobre la población.

El trabajo destaca la continuidad del monitoreo quincenal para conocer la dinámica local del insecto y aportar información a las decisiones de manejo.