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Miden por primera vez cuánto agua pierden las represas en San Luis

Un becario del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) impulsa un proyecto doctoral que busca cuantificar con precisión las pérdidas de agua en represas rurales del Chaco árido de San Luis. La investigación permitirá generar información clave para mejorar la gestión del recurso hídrico en zonas ganaderas.

En un contexto donde el agua es uno de los recursos más valiosos para la producción ganadera del oeste y norte puntano, un equipo técnico vinculado a la Agencia de Extensión Rural San Luis del INTA avanza en una investigación inédita que busca medir, con precisión científica, cuánto agua pierde las represas rurales y cuáles son las principales causas de esa pérdida.

El trabajo es impulsado por el becario Maximiliano Alejandro Gaurón, quien ingresó al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria en octubre de 2023 y actualmente desarrolla un proyecto doctoral en la Universidad Nacional de San Luis, bajo la dirección académica del investigador Patricio Magliano y con el acompañamiento técnico de Francisco Murray, del INTA.


La iniciativa se inscribe dentro de una línea de investigación que ya lleva varios años en marcha y que busca comprender en profundidad el funcionamiento de las represas rurales en el denominado Chaco árido, una región donde estos reservorios constituyen, en muchos casos, la única fuente de agua para la hacienda.

Las represas rurales cumplen un rol estratégico en amplias zonas del territorio provincial donde el acceso a agua subterránea es costoso o directamente inviable. En muchos establecimientos, estas obras son la principal reserva hídrica disponible, especialmente en potreros alejados de acueductos o sistemas centralizados.

En ese contexto, conocer cuánto agua se pierde y por qué motivos resulta fundamental para optimizar el manejo y prolongar la disponibilidad del recurso.

Según explicó Gaurón, el objetivo central del estudio es determinar las tasas de pérdida de agua en represas, diferenciando los tres principales procesos involucrados: evaporación, consumo animal e infiltración hacia el subsuelo.

“Hasta ahora no existían mediciones específicas dentro del cuerpo de agua de las represas. Se trabajaba con datos ambientales generales, pero no con registros directos del comportamiento del agua en estos reservorios”, explicó el investigador.

Tecnología flotante

Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es el desarrollo de un sistema flotante diseñado especialmente para medir la evaporación real dentro de las represas.

El dispositivo consiste en una estructura tipo balsa construida con tablas, alambre y planchas de telgopor que le otorgan flotabilidad. En el centro se inserta un tanque sellado de 200 litros cuya superficie superior permanece abierta al ambiente, protegida por una malla metálica que evita el ingreso de animales o aves.

Este tanque funciona como un simulador del comportamiento del agua en la represa, permitiendo medir la evaporación bajo las mismas condiciones térmicas y climáticas.

Dentro del recipiente se instala un sensor especializado denominado HOBO, un instrumento capaz de registrar la presión de la columna de agua. A su vez, otro sensor similar se ubica fuera del tanque para medir la presión atmosférica.

La diferencia entre ambos valores permite calcular con precisión la pérdida de agua en milímetros a lo largo del tiempo.

Las mediciones se realizan de manera automática cada hora, generando una base de datos continua que permite analizar la evolución del fenómeno en distintas épocas del año.

Una red de monitoreo

El proyecto no se limita a una sola represa. Actualmente se encuentra desplegada una red de monitoreo en distintos puntos estratégicos del Chaco árido puntano.

Entre las localidades donde se registran mediciones se encuentran Chosmes, Alto Pencoso, la zona de Naranjo Esquino, La Calera y áreas cercanas al Parque Nacional Sierra de las Quijadas.

En particular, los sistemas de medición de evaporación se concentran en un establecimiento cercano a Naranjo Esquino, donde existen tres represas ubicadas a más de un kilómetro y medio entre sí. Esta disposición permite comparar comportamientos en condiciones similares, pero con variaciones ambientales locales.

El equipo técnico realiza visitas periódicas a campo, generalmente una vez por mes, para controlar el estado de los dispositivos y reponer el agua de los tanques cuando el nivel desciende por evaporación.

Además, una vez al año se descargan los datos almacenados en los sensores, que tienen capacidad para registrar información continua durante más de doce meses.

Aunque la investigación aún se encuentra en desarrollo, los primeros análisis preliminares ya arrojan datos reveladores.

De acuerdo con las estimaciones iniciales correspondientes al período marzo-octubre de 2024, aproximadamente el 50% del agua perdida en las represas se debe a evaporación.

En segundo lugar, aparece el consumo animal, que representaría cerca del 30% de las pérdidas totales.

El resto del volumen perdido corresponde a infiltración hacia el subsuelo, un proceso que todavía se encuentra en estudio debido a su complejidad técnica.

“Determinar la infiltración es el mayor desafío, porque la represa entra en contacto con distintos tipos de suelo a medida que se llena. Por eso, estamos perfeccionando la metodología para obtener valores cada vez más precisos”, explicó el investigador.

El valor de esta información trasciende el ámbito científico. Para los productores ganaderos, disponer de datos concretos sobre el comportamiento del agua en las represas puede traducirse en mejores decisiones productivas.

Por ejemplo, conocer cuánto se pierde por evaporación podría impulsar estrategias como el diseño de reservorios complementarios, el uso combinado de represas y tanques australianos o la implementación de sistemas de distribución hacia bebederos.

Además, los resultados podrían contribuir a evaluar la conveniencia de trasladar agua desde las represas hacia depósitos cerrados cuando los niveles de infiltración resulten elevados.

En regiones donde las perforaciones superan los 60 metros de profundidad y los costos de obra son elevados, las represas continúan siendo una de las soluciones más accesibles para el abastecimiento ganadero.

Tres líneas de investigación

El estudio sobre represas constituye uno de los tres capítulos principales del doctorado que Gaurón proyecta desarrollar en la Universidad Nacional de San Luis.

Otra de las líneas de trabajo se centra en la medición de carbono orgánico del suelo y biomasa en distintos ambientes del bosque nativo, incluyendo áreas intervenidas mediante rolado y sectores con vegetación natural.

El objetivo es comparar el comportamiento del carbono en ambientes conservados, arbustales abiertos y cerrados, así como en áreas productivas modificadas.

El tercer eje del proyecto contempla el análisis de registros productivos del grupo ganadero GAMO, una organización local que mantiene datos históricos sobre manejo y producción.

Estos registros permitirán evaluar el desempeño productivo en términos de kilogramos de carne por hectárea y su relación con las tecnologías aplicadas en cada establecimiento.

La investigación comenzó formalmente en marzo de 2024 y se proyecta hasta 2027, período durante el cual se espera reunir una serie histórica suficientemente extensa para validar los resultados.

Uno de los desafíos principales es el financiamiento de los sensores utilizados en el monitoreo, cuyo costo ronda los mil dólares por unidad, lo que limita la expansión de la red de medición.

Actualmente, el sistema cuenta con apoyo financiero del grupo de investigación vinculado a la dirección académica del proyecto, mientras que el INTA aporta la logística necesaria para el mantenimiento de los equipos.

Convivencia entre represas y acueductos

Uno de los conceptos que surge del trabajo técnico es la necesidad de integrar distintos sistemas de abastecimiento hídrico.

Especialistas consideran que la coexistencia entre represas, acueductos y reservorios auxiliares constituye la estrategia más eficiente para garantizar la disponibilidad de agua en el largo plazo.

Incluso en zonas donde existen redes de distribución, mantener represas operativas puede resultar clave como respaldo ante eventuales fallas o períodos de alta demanda.

A medida que la investigación avance, se espera que los resultados permitan construir modelos predictivos capaces de estimar la duración del agua almacenada en función de variables climáticas, carga animal y características del suelo.

Este tipo de información puede marcar una diferencia sustancial en la planificación ganadera, especialmente en regiones donde cada milímetro de agua cuenta.

En un escenario marcado por la variabilidad climática y la creciente demanda de recursos hídricos, estudios como este aportan herramientas concretas para mejorar la sustentabilidad productiva y fortalecer la resiliencia de los sistemas ganaderos del oeste argentino.