Inicio Horticultura Sergio Cuello, un ingeniero puntano inmerso en el universo hortícola riojano

Sergio Cuello, un ingeniero puntano inmerso en el universo hortícola riojano

Manejo del riego y la importancia de hacerlo por goteo y si es enterrado, mejor, sumado al análisis de suelo y agua, son parte de la columna vertebral del trabajo profesional que desarrolla Sergio Cuello, un ingeniero agrónomo puntano radicado desde hace siete años en La Rioja, que se sumergió en el universo hortícola de esa provincia.

Su rica trayectoria en este rubro lo hace testigo del buen dinero que logran los productores con primicias, como el melón, que por ser el primero que sale en el país, lo venden a excelentes precios en Buenos Aires y por las ideales condiciones climáticas se puede salir temprano con tomate, pimiento, zapallito de tronco e inclusive frutilla.

Aprovechar la posibilidad de salir con hortalizas a distintos mercados antes de que baje demasiado la temperatura y lograr buenos precios por falta de oferta y valiéndose del buen clima riojano que permite producir en dos épocas distintas el mismo cultivo.

Pero también lo hace imaginar el despegue que tendría la producción hortícola comercial en San Luis si se aprovechara mejor el agua disponible en los 20 diques provinciales. Limitado como todos por la cuarentena, Sergio dialogó a la distancia con El Semiárido para relatar su rica experiencia por tierras riojanas y catamarqueñas, donde se le grabó a fuego que debe alcanzarse la mayor eficiencia en el uso del agua.

Nos relata: “Cuando llegué a La Rioja advertí que es otro mundo en todo sentido y me tuve que adaptar las circunstancias. Vivo de mi profesión y tuve que adaptarme al productor local y lo que aquí se produce. A pesar de que prefiero hacer buen forraje y transformarlo en carne, no hay demasiados campos que aquí hagan eso y si bien estoy vinculado, quedan demasiado lejos como para asistirlos de manera permanente”.

“De San Luis traje mi barreno para conocer en forma rápida los milímetros acumulados en el perfil del suelo; aún existen productores que riegan por goteo que siguen sin saber dónde está el agua, cuántos milímetros están aportando, y la única forma de conocerlo en forma rápida y muy aproximada es hacerlo con el barreno, que nos da una medida más acabada de cómo está el perfil”, valoró.

Llegó a La Rioja por razones personales, sin trabajo, pero con la convicción de que con los conocimientos y experiencia enseguida iba a salir adelante. Tiene sus dos hijos viviendo en San Luis, que hoy están a punto de terminar sus carreras universitarias, algo que le llena de orgullo porque como todo padre, “queremos ver realizados a nuestros hijos”, además de muchos amigos y colegas puntanos, recordó.

Afortunadamente su primer trabajo fue el de hacer forraje en uno de los pivotes de riego en funcionamiento en una cabaña que funciona cerca de la capital riojana y asesoramiento en una Sapem (empresa mixta del Estado y privados) que hace alfalfa con aguas residuales, donde existen muy buenas condiciones para producir muchos kilos de materia seca, favorecido por las temperaturas elevadas durante todo el año, pocas precipitaciones que hacen una buena combinación para producir forraje de calidad.

“En La Rioja están distantes de todo, porque esa provincia se ubica al NO del país, por lo que las tecnologías no están muy disponibles. Con pocas herramientas hicimos pasto y pudieron manejarse con lo que había y se disponía”, ilustró.

Sergio Cuello contó que la mayoría son productores chicos y que los grandes son equivalentes a los medianos de San Luis. Con excepción de los emprendimientos olivícolas y otros dedicados a la vitivinicultura, desde hace rato con poca inversión porque se cortaron los beneficios de diferimiento de impuestos, además del contexto mundial, el aislamiento productivo por medidas nacionales y el eterno cambio en el dólar.

Su ingreso al universo de las hortalizas llegó al poco tiempo. Empezó a trabajar como asesor externo de proyectos que benefician a asociaciones de pequeños productores con créditos no reembolsables del Banco Mundial, y dentro de ese marco se fue relacionando con productores hortícolas.

Sigue trabajando con esos proyectos, pero ya dentro de la Subsecretaria de Enlace, quien es el nexo entre las asociaciones de pequeños productores, programas nacionales y organismos de financiamiento nacional e internacional.

También participó en distintos proyectos de ciencia y tecnología, vinculados al cultivo de quinoa y ahora con un módulo de riego por goteo enterrado.

Estando en San Luis en el 2011 tuvo un pedido concreto de hacer quinua con el aporte de inversores de otras provincias, pero que no se pudo dar por la falta de disponibilidad de semilla, situación que pudo llevar a cabo en el Valle del Bermejo, en un proyecto de Ciencia y Tecnología de La Rioja, productores de la Cooperativa San Bernardo y el INTA con sede en Villa Unión que ya estaba trabajando con cultivos andinos en la zona.

Los productores de esta Cooperativa pudieron hacer el cultivo, al contar con una sembradora y trilladora fija para pequeños productores que se diseñó especialmente en Chamical (La Rioja) y finalmente se expuso el trabajo en el Congreso Mundial de Quinoa en el 2014, donde asistió con productores involucrados en el proyecto.

Ese Congreso Mundial, a diferencia de otros, tuvo la particularidad de que posibilitó el encuentro entre productores de granos andinos de distintas zonas y países

Lamentablemente estos productores siguieron produciendo un par de años más, y hoy es poca a nula la actividad en granos andinos, dado que el productor pequeño no tiene el know how ni la capacidad económica de seguir por cuenta propia en un nicho de mercado emergente

Luego empezó a asesorar a grupos de productores en horticultura. “Ya tenía algún antecedente en Lanín San Luis con estos cultivos apenas me recibí y durante dos años, con tomate y durazno para industria en Mendoza; ya en 1986 usaban el riego por goteo en tomate para industria, un sistema que recién comenzaba a aplicarse en el país”, según recordó.

En pleno trabajo de asesoramiento hortícola, comienza a ser distribuidor de semillas Florensa en La Rioja y Catamarca. Esto le permite estar vinculado con muchos productores de distintas zonas productoras.

En Catamarca existen dos Colonias, Nueva Coneta y Colonia del Valle, que constituyen el cinturón hortícola de esa provincia, donde se riega por surcos con agua barata del dique Pirquitas.

La diferencia con el cordón hortícola de La Rioja es que aquí se riega con agua de perforaciones a una profundidad promedio de 150 metros. “El agua subterránea proviene de una única cuenca a la que cada vez se le extrae más. Se usa en riego por goteo, por lo que el riego es más eficiente y se cubren muchas superficies con menos agua”, describió.

En general, en toda La Rioja la mayoría de los productores usan riego por goteo, agregó: “No hay otra alternativa, por calidad de agua y costo, hay que ser eficiente por lo que cuesta la energía y por ser el agua de riego un recurso escaso y no renovable”.

Capacitación en riego

Independientemente de esta actividad, Sergio pudo hacer en el año 2017 una Diplomatura en Riego, por intermedio de la UCAR, que hizo en Catamarca con profesores de la Universidad Nacional de Cuyo.

“Fue muy enriquecedor, porque compartí saberes y experiencias con muchos colegas del NOA; todos estábamos trabajando con asociaciones de productores o productores chicos”, recordó.

El profesional sugiere a los productores también elegir híbridos adecuados o variedades adaptadas y fundamentalmente producir lo que el cliente demande. Por ejemplo, hay zonas donde a la gente no le gusta determinada lechuga o no tiene el hábito de consumir coliflor o brócoli, señaló. Por lo que el productor debe estar atento a esa demanda, presentarlo de la mejor forma e innovando en cuanto a nuevos lanzamientos o nuevos productos comenzando e instalando nichos de mercado donde puede haber mejor precio y una demanda creciente.

“Siempre aconsejo que la semilla debe tener buen poder germinativo, pureza, estar bien guardada y no dejarlas de un año para otro. En La Rioja, en verano, hacen 45°C y esto daña las semillas”, precisó

Aprendió a identificar las preferencias de los consumidores, como, por ejemplo, en remolacha aconseja una determinada variedad, del portfolio o un híbrido de tomate, que es probado a campo su comportamiento y es aceptado por el consumidor final.

Igualmente, en Catamarca está llevando ensayos de híbridos y variedades de remolacha del portfolio de Semillas Florensa con un técnico del lugar, para evaluar su comportamiento a campo y poder recomendar estos materiales al resto de los productores y la reacción del consumidor final, quien decide hacia donde se debe ir.

En La Rioja también se están llevando ensayos, en esta oportunidad con productos Idainature, de la firma Naal SA que promueven crecimiento, minimizan el stress post trasplante, con actividad fungistática, mejoran el cuaje, y tienen cero residuo para exportación, suma de factores que hacen un plus en la producción final.

El año pasado se probaron los productos IDAI en Melón, este año con pimiento y tomate y remolacha en Catamarca. Como parte de esta actividad Sergio tenía prevista una reunión a campo con productores, pero tuvo que suspenderse hasta poder volver a juntarse en la finca para presentar lo logrado, compartir saberes, discutir y proponer alternativas productivas.

Indicó que en La Rioja, básicamente el productor hace una diferencia económica en los productos que puede sacar a mercado en contra estación, donde hay poca oferta.

Todo el año se producen hortalizas para venta en el mercado de abasto local o ferias barriales, pero las primicias hacen la diferencia: melón y sandía o zapallito de tronco, además de pimiento y tomate.

Se intenta producir luego del caluroso verano y antes de las bajas temperaturas y que los días se acorten demasiado- Allí también se logra buen precio en tomate, berenjena, pimiento y zapallito de tronco para abastecer al mercado local y mandar a otras provincias donde ya escasea el producto y los precios son buenos en un lapso que hay que saber aprovechar.

Para esta primicia se necesita contar con buena semilla (híbridos), plantín adecuado, mulching para evitar las malezas y manta térmica doble o tricapa que mejora y mantiene ese microclima necesario para el rápido desarrollo del plantín, mulching en el trasplante, idealmente fertilización de base y luego fertirrigación en función del rendimiento esperado, pero en la mayoría de los casos limitado por la capacidad económica del productor. “Ahí es donde el ingeniero debe hacer magia con los pocos recursos que cuenta el productor común y simplificar el manejo, con el costo/beneficio como premisa”, advirtió.

Técnicamente, el pequeño productor todavía no puede acceder a máquinas y tecnologías modernas, hacen poco uso de insecticidas, fungicidas específicos y herbicidas, según comentó Sergio. Como en muchos lugares, el tema BPA es un aspecto pendiente en la horticultura: “Hay que hacer énfasis en los periodos de carencia y el correcto uso de agroquímicos, además de cuidar mucho la acción de abejas e insectos benéficos que hacen un trabajo muy importante en los cultivos, muchas veces incidiendo en el rendimiento de los mismos”, aconsejó.

Sergio extraña muchas veces no poder trabajar con tecnología de punta, pero tiene una premisa que es “innovar siempre y es un desafío permanente de hacer algo distinto, aplicable y rentable en la actividad que uno desarrolla”.