Ricardo Sager, director de INTA San Luis, analiza el trabajo realizado y...

Ricardo Sager, director de INTA San Luis, analiza el trabajo realizado y los ejes para 2019

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"INTA va a estar trabajando en analizar o reforzar lo que son las bajas eficiencias productivas".

El doctor Ricardo Sager, director interino  de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) de INTA en San Luis, es quien ejerce el cargo más importante de esa organización autárquica del Estado Nacional en la provincia desde marzo pasado. Si tuviésemos que describir su currículo necesitaríamos mucho espacio. Sólo diremos que nació en Santa Fe y desde hace casi 40 años trabaja en INTA. Es médico veterinario, con estudios de grado y posgrado en Argentina y Estados Unidos, y un referente en salud animal. Nos interesa resaltar y reproducir el contenido de sus palabras.

Durante un diálogo extenso que mantuvo con El Semiárido en su oficina del primer piso de la EEA San Luis de Villa Mercedes habló sobre lo que implicó 2018 para el INTA, los ejes sobre los que trabajará en 2019, los equipos multidisciplinarios que se arman y hasta sobre el presupuesto para trabajar durante el presente ejercicio y la estabilidad del personal. Por supuesto, sin dejar de hacer referencia a la materia prima con la que trabajan: el productor agropecuario. No se lo resumimos en este párrafo porque queremos que usted como lector vaya leyendo los conceptos tal como él, de manera tranquila y segura, los fue manifestando.

 

PARTE 1

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2018 para INTA fue un año de transición durante el cual hasta la primera mitad se cerraron procesos. En la segunda trabajamos en repensar las herramientas y los objetivos institucionales en general, pero también a nivel de centros regionales y la estación experimental de San Luis.

Quiero puntualizar que ésta, como tal, está compuesta por cinco grupos de trabajo de investigación y cinco agencias de extensión que están distribuidas en el territorio de la provincia. No somos cosas distintas. La extensión es uno de los objetivos fundamentales del INTA, que se articula con la investigación. Los grupos de trabajo de investigación tienen asiento en la estación experimental. Los grupos de extensión tienen asiento en las agencias; pero, en definitiva, entre todos formamos la estación experimental.

A mediados de 2018 nos entregaron un edificio nuevo para el funcionamiento de la Agencia de Extensión rural de Villa Mercedes, donde la mayoría de los profesionales tienen responsabilidades en extensión, pero a su vez hay espacios comunes con la experimental como son el de la biblioteca, el SUM (salón de usos múltiples) y, por sus características, algunos profesionales de investigación de la experimental tiene su lugar de trabajo en la agencia.

Este relacionamiento entre investigación y extensión cada vez deberá ser más dinámico.

¿Qué implica que deberá ser más dinámico?

Nosotros como profesionales del territorio podemos tener una formación académica previa que nos proporcione más herramientas para la generación de conocimiento (investigación); otros colegas con el mismo título de grado han tenido formaciones de posgrado con herramientas de extensión, transferencia o de comunicación. La comunicación por sí sola no existe. Lo mismo, la transferencia de conocimiento sin comunicación, queda escondida en un rincón. Entonces, debe haber más comunicación entre los grupos, más intercambios desde el mismo momento cuando se plantea un nuevo problema que trae un productor. Ahí se debe interactuar desde los profesionales con las diferentes herramientas –ya sean de investigación o extensión- para poder dar respuestas certeras. Por eso digo que debe ser más dinámico.

Desde ese lugar, ¿Cómo trabajan los equipos?

Afortunadamente los profesionales hemos entendido que no se puede estar en un lado u otro. Esto es, sólo en la oficia o sólo en el campo. Hay que estar en ambos. Vamos a un ejemplo concreto con el tema suelo. Las cartas de suelo de la provincia de San Luis se hicieron desde la investigación de la experimental. Una vez que se publicaron fueron accesibles a cualquiera que lo consultaba. Hoy sabemos que eso es el primer paso. Tenemos nuestros equipos que van y vienen del terreno y traen las consultas. Se organiza la visita, agarran los elementos técnicos, viajan, se toman las muestras, se traen al laboratorio y se realizan los análisis que corresponden. Afortunadamente contamos con una serie de servicios especializados en apoyo a los trabajos de determinado tipo, como es el de suelo, casi siempre asociado a un problema de erosión o baja producción. Se tiene que conocer la problemática particular para que la respuesta sea la más adecuada y no una sugerencia ensayo – error.

¿Qué ve un equipo interdisciplinario cuando va a terreno?

No sólo van a ver el suelo, el agua o la vegetación. Deben tener una mirada integral porque la consulta puede  venir por problemas de suelo, pero después de la interacción entre profesionales resulta que el problema pasa por otro tema. Esto lo digo a modo de ejemplo.

En eso se ha estado trabajando y la herramienta programática que hemos tenido son los proyectos regionales con enfoques territoriales. Se les dio el cierre a mediados de año. Nos tomamos un tiempo para ver las lecciones aprendidas. La fortaleza fue la de integrar equipos dinámicos que se arman a partir de las demandas específicas. Ahora estamos estudiando cómo encaramos a partir de 2019 los nuevos proyectos enfocados a las problemáticas locales o regionales.

¿Cuáles son los ejes sobre los que están trabajando?

El trabajo en la provincia, por más que cambien gobiernos, aumente o disminuyan las disponibilidades presupuestarias, se siguen concentrando en los ejes productivos ganaderos, agrícolas, mixtos y las especialidades tanto productivas como ambientales que nos abre como posibilidades de trabajo la provincia. La diversidad ofrece un abanico de posibilidades de trabajo muy grande.

Estos últimos dos años la parte agrícola viene muy castigada. Hemos tenido pocas lluvias. Como fue siempre, la agricultura es de alto riesgo. Por eso propendemos más a los sistemas mixtos: agricultura y ganadería. El engorde a corral o los feed lots nos proporcionan una herramienta que permite salvar rápido los períodos de escasez.

INTA va a estar trabajando en analizar o reforzar lo que son las bajas eficiencias productivas en estos sistemas.

¿Cómo se explica eso?

En ganadería, por ejemplo, que sigamos teniendo como promedio el 60% de destete, cuando sabemos que hay campos que están en el 85%. Pero también hay campos que no llegan a 40%. Esas son ineficiencias. No hay una única causa. La intención es armar equipos multidisciplinarios para que podamos salir, relevar los motivos de esa baja eficiencia productiva y dar respuestas.

¿Cómo influye el factor cultural del productor? Es decir, la utilización de modos históricos de trabajo que pueden interferir con los nuevos conocimientos…

Uno de los problemas que relevamos es el cambio generacional en los campos. Se hace muy difícil la implementación de cambios. Inclusive en la Universidad formamos chicos que al poco tiempo vuelven y nos dicen: “me cuesta que mi papá acepte los cambios que le propongo”. Es un tema complejo.

Desde INTA o la universidad proveemos herramientas. Pero la última palabra la tiene el dueño del campo. Los argentinos tenemos ciertas particularidades en las actitudes… Es una interfase compleja que está muy impactada desde lo social y cultural.

Hoy se ve muy claro que los máximos niveles productivos se dan en las empresas agropecuarias, los intermedios en las empresas familiares y los menores en los productores individuales, que en su mayoría escuchan a un vecino y no aceptan propuestas profesionales.

Por eso, muchas de las actividades de las que estamos encaminados para trabajar, están basadas en la baja eficiencia productiva, tanto en los aspectos agrícolas, mixtos o ganaderos, tratando de buscar todos los factores, incluidos lo social y cultural.

Esta situación nos compromete a asociarnos con muchos otros actores. Encontramos en los centros ganaderos un potencial de trabajo enorme. Es clave el papel que desempeñe el centro. Que no sea sólo un lugar para registrar  vacunas, sino que podamos avanzar en forma cooperativa para complementarnos en el trabajo con el productor.

“Uno de los problemas que relevamos es el cambio generacional en los campos”.

A ver si entiendo. Se pone en acto el trabajo interdisciplinar entre investigación y extensión, a lo que suman otros actores sociales como el caso de centros ganaderos y se proyecta hacia los ejes de trabajo de 2019…

Exacto. Te doy un ejemplo. Hay grupo de investigación local, cuyo coordinador viene de la extensión; y viceversa, hay grupo de extensionistas que está liderado por un investigador.

Por otra parte, en Concarán hay dos personas que trabajan muy bien la investigación en aromáticas, buscando solucionar una problemática que se genera en ese lugar. Por eso están afincadas ahí. Es un tema bien específico que se debe estudiar y trabajar en el territorio.

¿El presupuesto disponible les va a permitir trabajar sobre lo ya proyectado? Hubo una ampliación de 400 millones de pesos… ¿Es suficiente?

El presupuesto se ha ampliado esos 400 millones. Nos va a dar una cierta seguridad. No es holgado, pero nos dará seguridad de que podremos adquirir compromisos con terceros.

En el marco del abordaje que venimos hablando no hay un único organismo que pueda cubrir tanto desde sus capacidades técnicas, cuanto financieras, los proyectos integrales. Debemos asociarnos. Todas las fuentes de financiación extra institucionales exigen una contraparte. Lo que nos da ese refuerzo de presupuesto es la seguridad de que podemos salir a negociar con posibles socios, pero nos compromete desde otro lado. Desde lo presupuestario, el refuerzo nos viene bien.

Por otro lado, en INTA desde 2017/18 y tampoco en 2019 estuvo o está en riesgo nuestro personal. Nuestra gente estuvo con mucha seguridad y va a seguir estando…

¿Por qué?

INTA nunca obligó a su personal a jubilarse. Cuando Modernización comenzó con todas las restricciones, lo único que tuvo que hacer es que todas aquéllas personas que ya estaban en condiciones de jubilarse pasaran a retiro, algunas de ellas bastante excedidas de edad.

Podrán seguir trabajando como personal asociado, lo cual no implica erogación de dinero alguna para la institución.

En 2018 hemos cumplido muy bien con la pauta de reducción que nos había impuesto Modernización. Y tenemos crédito para 2019. Hablo de INTA a nivel general y también en particular en San Luis. Acá se retiraron cuatro personas.

No fue necesario despedir a nadie, porque como dijo nuestro director general “en INTA no hay nadie que sobre”. Al jubilarse parte del personal se va reacomodando, porque de becario pasa a temporal y de éste pasa a planta permanente. En lo particular de San Luis estamos escasos en personal de apoyo.

 

Producción propia de El Semiárido.