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Nuevas posibilidades para tratar de encontrar una salida a la venta de Vicentin

La semana pasada se publicó que el presidente del directorio de Vicentin, Omar Scarel, le informó por escrito el 6 de julio a los veedores del concurso de acreedores Andres Shocron y Guillermo Nudenberg que los potenciales interesados en comprar la empresa (ACA, Molinos Agro y Viterra la ex Glencore) «no están considerando en este momento el ingreso al capital accionario» y que «sólo analizan una propuesta de contratación a largo plazo de la capacidad de industrialización».

¿Qué pasó? Según contó el propio Scarel los compradores «encontraron contingencias de relevancia» y también tienen diferencias a la hora de contabilizar el costo de esas contingencias extra. ¿De cuánto estamos hablando de que serían esas contingencias? De unos 500 millones de dólares, es la cifra que trascendió este fin de semana. Con ese nivel de contingencia totalmente desmedida con respecto al valor de la empresa, no habría mucho margen de negociación posible para que entren al capital accionario.

Como las negociaciones (due dillinge) siguen, la venta no está caída, pero ante el inminente vencimiento del plazo de exclusividad para la formulación de una propuesta de pago en el marco del concurso (operaba en la práctica el 3 de agosto, hoy), la empresa le pidió al juez que lleva la convocatoria, Fabián Lorenzini, extenderla y así lo avaló estirando esa exclusividad hasta el 31 de marzo de 2022.

Ahora bien: ¿Cómo son las posturas entre los compradores? ACA (que es la principal acreedora comercial) es la que aparece más convencida en comprar. Y en la otra punta está Viterra, que es la que tiene más dudas de ingresar al capital accionario. En tanto, Molinos Agro sobrevuela entre ambas puntas, pero cada vez con más resistencias.

¿Y cómo lo ven dese la tribuna los acreedores? Los bancos extranjeros (que son, como grupo los principales acreedores y que mantienen una relación muy tirante con Vicentin) no dan por agotado el proceso de conversaciones y le ponen una ficha a la extensión del plazo de las negociaciones apostando a que con el tiempo se acomode la situación.

Por el contrario, los acreedores comerciales (el campo) son muy pesimistas ya que insisten con que la compra es un bleff, y que los Vicentin siguen ganando tiempo para licuar pasivos. No es un dato menor para explicar las distintas visiones entre los acreedores que mientras que los bancos tienen sus acreencias dolarizadas a los acreedores comerciales se las pesificaron en el concurso a un dólar a 60 pesos.

Ahora bien, que los potenciales compradores analicen en vez de comprar hacer un «fazón» a largo plazo es una fórmula que puede rendir para mantener operativa la empresa, dato que no es menor. Pero claramente no genera los ingresos para pagar pasivos. Es más, los acreedores de Vicentin pueden aceptar una propuesta de pago muy dura siempre y cuando los dueños sean otros y no los que llevaron a la firma al colapso. Incluso, un fazón a largo plazo también le baja el precio futuro a la empresa si aparecerían terceros interesados porque sería como comprar una casa ya alquilada por varios años.

Lo cierto es que, con las negociaciones tan empantanadas, empieza a cobrar forma otra propuesta por el lado de los acreedores. Es que, si la única salida es con la venta y los actuales interesados dudan, ¿por qué no acortar los tiempos (evitando la licuación del pasivo) y se pasa al «cramdown», adonde pueden aparecer terceros interesados en comprar la empresa y no como ahora que rige la exclusividad.

Es que al tratarse de un concurso liquidatorio que no puede tener una propuesta basada en su flujo y la extensión de plazos sólo causar perjuicio a los acreedores, tal vez lo mejor que pueda hacer el juez es abortar la prórroga y directamente pasar al cramdown, que es la última instancia antes de la quiebra. En definitiva, sostiene esta postura que gana fuerza entre acreedores, si Vicentin no puede superar el concurso por sí mismo, que se abre el juego -vía cramdown- y así todos están en paridad de buscar una salida vía venta.

En el cramdown, la empresa conserva la administración, pero cualquiera (acreedores, accionistas o terceros) pueden hacer propuestas de compra. Esa apertura de juega desplaza a los accionistas del control de la empresa por lo cual, si la tasación de la empresa es menor al pasivo, el accionista se retira sin cobrar nada y en caso de ser mayor cobraría el residual

Sobre el fazón hay otro tema. El grueso del personal de Vicentin está empleado en tareas comerciales, administrativas y gerenciales (las familias) y la menor cantidad está en el personal que trabaja en plantas y puertos. Por lo que tampoco es una salida sustentable, salvo que haya un fuerte ajuste de empleos.

Finalmente, la clave es el tiempo. Y no sólo el tiempo extra ganado que pueda dar lugar a que las negociaciones se encaucen y prosperen. Es que el factor tiempo también juega un papel importante en una de las fórmulas de traspaso que hoy están en danza: que el ingreso de ACA, Viterra y Molinos Agro sea gradual. Primero con un fazón a largo plazo y una vez ya instalados y acomodada la convocatoria recién ahí avanzar en el ingreso al capital accionario. Como se observa claramente, el final sigue abierto.

Fuente: Mariano Galíndez – Rosario 3