El 66% de salmones rosados que venden en Buenos Aires tienen residuos...

El 66% de salmones rosados que venden en Buenos Aires tienen residuos de antibióticos

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Una investigación del Instituto de Tecnología (INTEC) de la Fundación UADE determinó que el 66% de los filetes de salmón rosado importados de Chile que se comercializan en las pescaderías de la Ciudad contienen residuos de medicinas. Detectaron la presencia de antibióticos utilizados durante su crianza y que pueden afectar nuestra salud.

Según los resultados de un estudio del Centro de Investigación y Desarrollo de Alimentos Saludables del Instituto de Tecnología de UADE, más de la mitad de los salmones rosados de las pescaderías de la Ciudad de Buenos Aires, uno de los pescados más consumidos y asociado a propiedades favorables para contrarrestar enfermedades cardiovasculares, presentan residuos de antibióticos, superiores al límite permitido por el CODEX Alimentarius Internacional (Código Alimentario) y pueden provocar consecuencias negativas en la salud de quienes los ingieran.

Así lo determinó el equipo de trabajo encabezado por el ingeniero Pablo Rosito, tras relevar más de cien muestras provenientes de 38 comercios de Capital Federal y hallar que el 66% de los casos presenta restos de flumequina y, principalmente, clorhidrato de oxitetraciclina, ambos compuestos de los antibióticos utilizados en los criaderos de salmón para contrarrestar las enfermedades que provocan la muerte de los peces.

El consumo no intencional de medicamentos a través de residuos presentes en los alimentos que ingerimos puede generar una selección de bacterias resistentes a los antibióticos, que en un futuro serán más complicadas de eliminar del organismo ya que contrarrestarán los efectos de las medicinas. En consecuencia, la persona afectada sería más propensa a contraer enfermedades. Según un estudio de la Universidad del Nordeste, desde comienzos de este milenio en Argentina aumentó la resistencia de las bacterias frente a los antibióticos por su consumo irresponsable. La Revisión sobre la Resistencia Antimicrobiana indicó que en 2013 se produjeron 700.000 muertes en el mundo atribuibles a este inconveniente.

Se utilizó un test de detección de residuos de antibióticos basado en la inhibición del crecimiento del microorganismo Bacillus stearothermophilus, una bacteria termófila muy sensible a los antibióticos. Cuando se desarrollaba el microorganismo, el tubo que contenía a la muestra se tornaba amarillo y el resultado era negativo. En cambio, cuando el microorganismo no pudo desarrollarse mantenía su color original: violeta. En este caso, la muestra contenía presencia de antibióticos por arriba del límite residual permitido. Esto último sucedió en la mayoría de los testeos.

El análisis de los cortes de salmón fue segmentado por los barrios de la ciudad y se encontraron diferentes resultados. “Si bien no se estableció una tendencia general, los barrios de Almagro, Barracas, Belgrano, Boedo, Caballito, Colegiales, Nuñez, Palermo, Parque Chas, Recoleta, Villa Crespo, Villa del Parque y Villa Urquiza fueron los que tuvieron un mayor porcentaje positivo. Mientras que los barrios de Balvanera, Monserrat y San Telmo arrojaron datos negativos”, aseguró Rosito, tras observar los hallazgos definitivos.

Además, Rosito, junto con otros investigadores del Centro y alumnos de la carrera de Ingeniería en Alimentos, llegaron a la conclusión de que durante el verano aumenta la cantidad de salmones con presencia de antibióticos: “Tomamos muestras durante todo un año y encontramos resultados positivos en el 77% de los casos analizados en verano, el 63% en primavera y el 41% en invierno”.

En la Argentina es muy escasa la producción de salmón. La mayor cantidad es importada fresca desde Chile, cuya industria es sumamente relevante, a punto tal que se convirtió en el segundo productor mundial de este pescado, detrás de Noruega. En el país trasandino los peces se crían en reductos artificiales sobre el mar, habilitados por el Estado. Allí, suelen administrarles pesticidas y antibióticos para controlar las enfermedades. Sin embargo, el inconveniente radica en los residuos de medicamentos que quedan alojados en los pescados que salen a la venta en los comercios nacionales. Ningún país del Mercosur posee una reglamentación que regule tal inconveniente, aunque a nivel internacional el CODEX Alimentarius, avalado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y por la Organización Mundial de la Salud (OMS), estipula que el límite permitido de antibióticos no debe superar los 0,2 ppm. De acuerdo con el estudio realizado, en dos tercios de las muestras se supera estos valores.

A través de esta investigación se pretende abrir el debate sobre el consumo del salmón rosado y las prácticas que se llevan a cabo para su producción. “Se debe monitorear temporalmente estos productos por sus implicaciones para la salud humana. En varios casos, los restos de antibióticos superan los niveles máximos permitidos por los organismos reguladores. Es recomendable realizar un análisis de determinación cuantitativa de los residuos para poder comparar con el límite máximo residual permitido”, explica el investigador.

Foto: Argentina Investiga