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“Debemos repensar nuestros sistemas pastoriles”

La ganadería produce varios gases de efecto invernadero, y la urgente necesidad de cuidar el ambiente ubica al sector en el centro del debate. Desde la FAUBA analizan los problemas de la actividad y llaman a reducir las emisiones y a aumentar la fijación de carbono.
Por: Pablo A. Roset

(SLT-FAUBA) Los efectos del cambio climático son un problema cada vez mayor, y el sector agropecuario no es ajeno a esta realidad. Al igual que en otros países, la ganadería argentina emite gases de efecto invernadero (GEI) como el metano, el óxido nitroso y el dióxido de carbono, motores del calentamiento global. Desde la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) señalan que una producción ganadera nacional más eficiente traería beneficios a nivel local y global. Por medio de manejos relativamente sencillos y accesibles se podrían recuperar suelos y recursos forrajeros y, al mismo tiempo, disminuir sus emisiones, satisfacer demandas de exportación y aumentar la sustentabilidad en el largo plazo.

“Este es un tema candente, sobre todo a la luz del reciente informe del Panel Intergubernamental Sobre el Cambio Climático. En el planeta, somos casi 8000 millones de personas que aspiramos a vivir lo mejor posible. El informe plantea la necesidad de dietas más balanceadas, y eso incluye comer carne. En particular, la ganadería impacta sobre el ambiente al emitir varios gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso”, dijo Martín Garbulsky, docente de Forrajicultura en la FAUBA. En este marco, cabe preguntarse: ¿existe un balance de emisiones de la ganadería argentina?

Según Garbulsky, quien también es investigador del CONICET en el instituto IFEVA (UBA-CONICET), el último informe de la NASA sobre cambio climático, basado en datos satelitales, muestra para los distintos países del mundo el balance entre las emisiones y la captación de CO2. Sin embargo, no incluye al metano ni al óxido nitroso. La publicación tampoco hace referencia a la ganadería ni a ninguna otra actividad productiva en particular, dado que ese no fue el propósito del trabajo.

“Debemos ser muy cuidadosos en cuanto a los balances: no es lo mismo el de dióxido de carbono que el de todos los gases de efecto invernadero. No se trata solo de lograr una ganadería carbono neutral, sino de que todo el sistema ganadero-pastoril capte el CO2 y los demás gases de efecto invernadero presentes en exceso en la atmósfera”, advirtió Martín. Además, agregó que hoy en día, los productores ganaderos deberían preguntarse cómo mejorar los manejos y las ineficiencias de la actividad y, al mismo tiempo, disminuir sus emisiones.

Emisiones preocupantes

Desde su rol como Director de la Especialización en Sistemas Pastoriles en la Escuela para Graduados de la FAUBA (EPG), Garbulsky, preocupado por las emisiones de metano, sostuvo que “uno de los problemas de la ganadería argentina es que existen muchas vacas —sobre todo en la actividad de cría—, y que cada una emite gases, pero produce pocos terneros. Entonces, lo primero que habría que pensar es cómo producir la misma cantidad de terneros, o más, con menos vacas. Eso aumentaría la eficiencia y reduciría las emisiones por kg de carne producido”.

En esta línea, Martín agregó que para que la producción ganadera argentina y la mundial logren una menor huella de carbono, se deberían manejar mejor los recursos forrajeros; en particular, el suelo. “La idea es que fijen más carbono y se conviertan en un gran reservorio de este elemento”.

Garbulsky también se refirió a la necesidad de ajustar la cantidad de animales que puede pastorear un campo. “Todavía existe una concepción antigua de que los campos tienen una receptividad determinada y fija de animales. Eso va en contra de la variabilidad natural y climática de los sistemas ganaderos. Hoy, usando información satelital disponible en Internet se pueden ajustar las cargas animales en función de la producción de pasto”.

Feedlots: ineficientes y necesarios

“Si bien es deseable que los animales se engorden sobre recursos forrajeros, una parte significativa de la carne que consumimos proviene de animales engordados en feedlots —es decir, a corral—. Estos sistemas son emisores netos de metano y de óxido nitroso, y también de GEI que se originan a partir de los combustibles fósiles que se queman para mantener a los animales allí dentro. Sin embargo, son una herramienta fundamental para reducir los tiempos de engorde y así producir con una menor huella ambiental”, aseguró Garbulsky.

Martín puntualizó que los feedlots poseen ciertas ineficiencias, derivadas sobre todo del poco registro de datos sobre la cantidad y la calidad de alimento que se le da a los animales, y el engorde que se logra. “A esta altura, existen sistemas de información digital simples y poco costosos que pueden ayudar a monitorear y manejar datos, medir eficiencias y también estimar las emisiones de GEI”.

Y añadió: “Además, hay otras dimensiones para analizar sobre los feedlots. Una es que los granos no provengan de sitios ‘habilitados’ por deforestación, una práctica que potencia las emisiones de GEI. Otra, por ejemplo, tiene que ver con la calidad de los alimentos, ya que los de mejor calidad generan menos emisiones de metano y viceversa. Incluso, sería deseable ajustar los manejos para producir los mismos kilos de carne con menos grano”.

El investigador aclaró que, de todas maneras, la Argentina está lejos de los países que más GEI emiten, que son China, Europa y Estados Unidos. “Aunque a nivel mundial nosotros emitimos solo el 1% de estos gases, igualmente tenemos que ocuparnos de reducir cada vez más los impactos de nuestra ganadería en el ambiente. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, si nuestra carne va a ser exportada, vamos a tener que estar en condiciones de ponerle un sello de poca emisión o de poca huella ambiental”.

Adelantar el futuro

“Debemos repensar nuestros sistemas pastoriles. Un punto clave será recuperar recursos forrajeros como las pasturas de alfalfa, y para eso habrá que mejorar los niveles de nutrientes en los suelos para que puedan captar el carbono atmosférico en exceso. Pero insisto, de ahora en más, la manera en que desarrollemos la ganadería —los manejos que apliquemos y las tecnologías que adoptemos— determinará que los suelos funcionen o no como reservorios de carbono”, enfatizó Garbulsky.

Por último, el docente de la FAUBA hizo hincapié que aunque el contexto económico-social a menudo juega en contra, existen alternativas de manejo como las mencionadas, relativamente accesibles y sencillas, para disminuir el impacto de la ganadería en el ambiente. “Por un lado, es muy importante no confrontar y mirar hacia dentro de la ganadería sin aferrarnos a cualquier número que diga que la Argentina es verde. Por otro lado, es fundamental capacitarse. En la Especialización en la EPG, estos temas se discuten permanentemente, y creo que es la forma de trascender a los ámbitos productivos, a los académicos y a la sociedad entera”.