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Cereales, variabilidad climática, planificación fiscal y deuda externa

Una planificación macrofiscal debe incorporar una medición del costo económico de los eventos de variabilidad climática, dice el especialista.

En un análisis de la actual situación y una prospectiva para la próxima gestión de quien resulte elegido presidente de la Nación Argentina, el becario de la UBA Gonzalo Rondinone analiza en forma integrada la producción de cereales, la variabilidad climática, la planificación fiscal y la deuda externa que será gigantesca.

La economía argentina enfrenta una situación altamente compleja. La próxima gestión deberá afrontar luego del reperfilamiento de Letras, según estimaciones de la consultora 1816, el pago a bonistas privados por 28.000 millones de dólares en 2020. Por bonos internacionales corresponden unos 4 mil millones de dólares y otros 8 mil millones en 2021. Al mismo tiempo la próxima gestión debe pagarle al Fondo Monetario Internacional la suma neta de 47 mil millones de dólares. Cifra que, para dar magnitud, alcanza al 100% de las reservas brutas actuales del Banco Central.

En este contexto, una vez más, se vuelve relevante el desempeño del sector agropecuario argentino como factor clave de la economía. Las exportaciones de dicho sector y las manufacturas de origen agropecuario representan aproximadamente el 60% del total exportado. En particular, el complejo sojero explica un 30% del total. Argentina tiene un papel crucial en la producción y el comercio mundial de algunos productos: es el primer productor mundial de aceite de soja, el tercero de granos de soja, el principal exportador mundial de harina de soja, el cuarto exportador de maíz, entre otros. Estos datos muestran el liderazgo de nuestro país a nivel internacional principalmente de los granos oleaginosos.

El cuadro de situación actual del sector agropecuario se caracteriza por la demanda de proteínas de parte de los países asiáticos, el desarrollo de semillas resistentes a la sequía, el uso de imágenes satelitales, la biotecnología y las innovaciones financieras en los mercados de futuros. Ello invita a pensar en las siguientes preguntas ¿Qué rol le cabe al agro argentino en el nuevo contexto? ¿Cómo se realiza una planificación macrofiscal prudente de los recursos y qué factores debe incluir? ¿Cómo potenciar las interacciones público-privadas?

Las ventajas competitivas del agro argentino dependen cada vez menos de los recursos naturales y más de la gestión que se hace de ellos tanto en términos productivos como financieros. El cambio climático provoca, entre otras cosas, un aumento en la variabilidad de las precipitaciones. Pueden registrarse anualmente, en términos medios, la misma cantidad pero con un gran desvío.

Se observan sequías en verano combinadas con inundaciones en los meses de cosecha poniendo sobre la mesa la necesidad de una gestión proactiva del riesgo. Esto genera impactos macroeconómicos como microeconómicos dando lugar a potenciales iniciativas público-privadas que permitan dar respuesta. El sector agropecuario tiene que ser un actor central en este proceso.

Una planificación macrofiscal prudente debe, en primer lugar, incorporar una medición del costo económico de los eventos de variabilidad climática y estimar el impacto sobre los recursos fiscales a nivel nacional, provincial y local. Para responder a esto se ha desarrollado el Sistema de Evaluación de Pérdidas por Sequías e Inundaciones (SEPSI) mediante un proyecto conjunto entre la Universidad de Buenos Aires ( UBA) y el Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT).

Los resultados son contundentes, solamente en la última década la sequía generó pérdidas en torno a los 15.000 millones de dólares solamente en el cultivo de soja.

La planificación macrofiscal argentina para el 2020 debe incluir el cálculo del ingreso potencial del complejo sojero y sus posibles desvíos. Para ello se debe calcular el ingreso estructural, entendido como la producción de poroto de soja bajo clima promedio en ausencia de valores extremos ni positivos o negativos, y monetizarlo a los precios de exportación. El SEPSI estima, tomando en cuenta la intención de siembra publicada por la Bolsa de Cereales días atrás, que el ingreso estructural del complejo sojero para el 2020 será de 17.600 millones de dólares.

El criterio prudencial tiene que tener en cuenta escenarios climáticos desfavorables que como se ha descripto anteriormente, son cada vez más frecuentes. Acorde a estimaciones del SEPSI, en caso de registrarse lluvias por debajo del promedio, implicaría un ingreso del complejo sojero de 15.000 millones de dólares. Esto representaría, en caso de falta de lluvia en los meses de enero y febrero, unos 2.600 millones de dólares menos en la economía. Equivalente a más de la mitad del pago de bonos internacionales del próximo año.

Asimismo, se deben considerar aquellos factores que afectan el precio de los productos exportados del sector agropecuario. La cotización a nivel internacional de la soja se encuentra en el centro de la disputa de la guerra comercial entre China y Estados Unidos.

La falta de resolución de este conflicto, en conjunto con una amplia disponibilidad de stocks de soja a nivel global, pone un limitante a posibles subas de precio. Al mismo tiempo se observa que el precio de la soja en la última década ha adquirido características propias de activos financieros como las acciones. Es decir, bienes de consumo (alimentos) se operan ahora de la misma manera que acciones, incrementando la volatilidad de precios.

Otro indicador de riesgo que construyó el Programa de Vulnerabilidad Socioeconómica al Riesgo Climático (PROVUL- UBA) muestra que el valor en riesgo de precio del ingreso tendencial de la soja es del orden de los 700 millones de dólares solamente por volatilidad de precio.

La mayor variabilidad climática y los factores dinámicos que afectan a los precios incentivan a trabajar sobre una gestión y planificación macrofiscal prudente. La macroeconomía del próximo año necesita, ante un panorama financiero desafiante, todos los dólares posibles. El clima será, nuevamente, una variable clave a observar que puede significar 2.600 millones de dólares de diferencia. En el largo plazo se debe continuar en la búsqueda de que el sector agropecuario agregue mayor valor y se relacione cada vez más con el resto de las actividades económicas para potenciar el desarrollo argentino diversificando los riesgos.

Fuente: BAE Negocios