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Además de la pandemia, ahora apareció el universo paralelo

El globo gigante utilizado por los científicos para transportar el dispositivo ANITA por encima de la Antártida.

¿Universos paralelos?, ¿multiversos? Stephen Hawking defendió, hasta sus últimos días, la existencia de múltiples universos similares entre ellos, nacidos en el Big Bang que generó el nuestro, pero con características muy variadas. Ahora, varios científicos de la NASA han detectado un universo paralelo donde el tiempo va hacia atrás, lo que supone un avance en el debate sobre la teoría.

Un grupo de científicos de la NASA que trabajaba con la Antena Transitoria Impulsiva Antártica de la NASA (ANITA) -un instrumento que detecta los rayos cósmicos que impactan contra la superfície de la Tierra- han escaneado más de un millón de kilómetros cuadrados de paisaje helado, y el hallazgo ha sido revelador.

Según informa la Universidad de Hawai, donde ejerce el profesor que lidera la investigación, el grupo de expertos utilizó un globo gigante para transportar el dispositivo por encima de la Antártida, donde hay aire frío y seco, condición excelente para su uso, ya que hay muy poco ruido de radio que pueda distorsionar los hallazgos. De esta forma, detectaron un constante «viento» de partículas de alta energía provenientes del espacio, mucho más poderosas que las que se generan en la Tierra.

Las partículas de baja energía (neutrinos) pasan por la Tierra sin apenas interactuar con la sustancia de nuestro planeta, y las que tienen mayor energía son detenidas por la masa sólida de la Tierra, generando ondas de radio y rebotando en el hielo «hacia arriba o hacia abajo», que son las que detectan ANITA para rastrear su origen en el universo.

La anomalía que captado la atención de este grupo de científicos, es la detección de partículas más pesadas, neutrinos tau, que «salen» de la Tierra, desde el hielo y a la velocidad de la luz, «que se asemeja a una lluvia de rayos cósmicos al revés».

¿Un nuevo tipo de física?

«Lo que vimos es algo que se parecía a un rayo cósmico, como se ve en el reflejo de la capa de hielo, pero no se reflejó», confesó el investigador principal de ANITA y físico experimental de partículas en la Universidad de Hawai, Peter Gorham. «Era como si el rayo cósmico hubiera salido del hielo mismo. Algo muy extraño», añadió, asegurando que el descubrimiento entra «en tensión bastante fuerte con el modelo estándar de física», pudiendo ser el descubrimiento de «algún nuevo tipo de física».

Desde que se hiciera este extraño hallazgo en 2016, han surgido decenas de teorías que expliquen el fenómeno que ha desconcertado a los científicos y que podría implicar la existencia de un universo paralelo que funcione al revés que el nuestro. Aunque todavía se está investigando, ya se ha generalizado la idea de que puede que exista un universo creado en el mismo Big Bang que creó el nuestro, pero que tiene características muy distintas, de hecho contrarias a las nuestras, y dónde lo positivo es negativo, la derecha es la izquierda y el tiempo, por lo tanto, no va hacia delante, sino hacia atrás.

¿Qué son las FRB?

Nombradas por sus siglas en inglés, son potentes pulsos de energía que duran unos pocos milisegundos. Este último punto es el que dificulta el estudio de los científicos para determinar su origen, a pesar de que fueron descubiertas hace 13 años.

Duncan Lorimer y su estudiante David Narkevic detectaron en 2007 la primera ráfaga rápida de radio, mientras analizaban datos de archivo de los distintos estallidos de energía transitoria astronómica, como los púlsares y los estallidos de rayos gamma. Entre ellos, registraron un sonido de radio que descendió en frecuencia durante 15 milisegundos. A día de hoy, se detectaron más de 100 ráfagas rápidas de radio (FRB), en distintas ubicaciones.

Recientemente, a partir de un estudio en Canadá, se recibieron ondas de manera constante en un ciclo que se repite cada 16 días , que reavivó la atención de la comunidad científica sobre las FRB. En la investigación, publicada en arXiv, los especialistas expresaron que al momento de detectar las FRB se encontraban estudiando datos del radiotelescopio utilizado por el Canadian Hydrogen Intensity Mapping Experiment. Tras realizar 400 observaciones con el telescopio, comprobaron que las señales llegan aproximadamente una vez por hora durante cuatro días y luego cesan repentinamente, solo para comenzar de nuevo 16 días después.