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Abrupta caída en la venta de maquinaria agrícola

El Instituto De Estadísticas y Censos (INDEC) no para de informar con malas nuevas lo que ocurre en el escenario de la economía del país. El año 2018 cerró con una abrupta caída de la venta de maquinaria agrícola por la pérdida del poder de compra del productor argentino. Al aumento de desocupación y la caída del PBI se suma esta nueva cifra catástrofe.

 

En el año 2018 –según datos relevados por el Indec– la venta de cosechadoras en el mercado argentino fue de 789 unidades, una cifra 45% inferior a la registrada en 2017 y la más baja desde 2016 (cuando se vendieron 766 equipos).

En el ranking de la malaria el segundo puesto es para los tractores con ventas internas en 2018 por 6226 unidades, una cifra 35% menor que la del año 2017 y la más baja desde 2015 (año en el que se vendieron 5319 tractores).

La caída de ventas en el rubro de sembradoras fue la menos pronunciada: el año pasado se colocaron 1758 unidades versus 2224 en 2017 (-21%) y la más baja también desde 2015 (año en el que se comercializaron 1117 sembradoras).

Las cifras acumuladas de ventas de maquinaria agrícola en lo que va del año no son peores porque, debido al atraso cambiario presente en el primer cuatrimestre de 2018, muchos empresarios tomaron la decisión –especialmente si conseguían calzar los últimos créditos en pesos disponibles a tasas accesibles– de comprar maquinaria agrícola para aprovechar el “subsidio cambiario”.

Vale recordar que el tipo de cambio promedio mensual de referencia BCRA en enero, febrero, marzo y abril de 2018 fue de 19.0, 19.8, 20.2 y 20.2 $/u$s respectivamente, mientras que en mayo ajustó a 23.6 $/u$s para luego seguir subiendo a 27.5 $/u$s en junio, 30,1 $/u$s en agosto y superar los 38 $/u$s en septiembre.

Por ese motivo, por ejemplo, mientras que en el primer trimestre del año pasado la venta de cosechadoras fue de 331 unidades versus 344 en el mismo período de 2017, en el último trimestre de 2018 fue de apenas 156 contra 402 en octubre-diciembre de 2017.

A partir de la desestabilización macroeconómica registrada en mayo del año pasado –que promovió una suba violenta del tipo de cambio– la disponibilidad de créditos en pesos a tasas accesibles en bancos públicos se restringió.

Por otra parte, los contratistas que habían tomado deuda dolarizada para adquirir equipos –préstamos que hasta comienzos de 2018 tenían tasas de interés razonables– comenzaron a experimentar problemas financieros importantes luego de la devaluación del peso (y quedaron por lo tanto sin posibilidad alguna de seguir renovando equipos).